sábado, 18 de enero de 2014

La LADRONA de LIBROS - de Brian Percival

EEUU-Alemania
2013







Basada en el superventas homónimo del escritor australiano Markus Zusak, la película nos cuenta la historia de Liesel, una niña huérfana de nueve años, que transcurre en un pueblo alemán durante la segunda Guerra Mundial.  Recién llegada a la Calle del Cielo  donde viven sus padres adoptivos, los Hubermann, Liesel podrá aprender a leer y a escribir y establecerá relaciones con un variopinto grupo de personajes que incluye a su mejor amigo, Rudy, un rubiales admirador de Jesse Owens -el atleta de raza negra que ganó cuatro medallas de oro en las Olimpíadas de Berlín y le aguó la fiesta a Hitler-; y Max, un joven judío al que los Hubermann esconden en casa.

La cinta transcurre en la trastienda de la guerra, que simplemente ejerce como telón de fondo, y se centra sobre todo en explorar las vivencias y emociones de su protagonista de una forma sencilla e íntima. En su conjunto es entretenida y convincente, nos transmite la conmovedora peripecia de Liesel (Sophie Nélisse), pero es evidente que huye de profundidades. El director parece no haberse desenganchado de los capítulos que dirigiera en la serie Downton Abbey. Nos entrega unas hermosas imágenes, de ritmo pausado y aliento clásico; pero su tono es blando y casi llega a ser superficial.

La situación de la población  en el interior de Alemania durante la guerra resulta un tanto ambigua. Aunque tanto los Hubermann como el pequeño Rudy se muestran críticos con Hitler y los rostros de los vecinos denotan hambre y opresión; el espíritu nazi sobrevuela en las omnipresentes banderolas con la svástica y en el discurso del alcalde con toda la población reunida en la plaza entonando el himno mientras arrojan libros a la fogata purificadora. En el texto la lacra del nazismo en el pueblo alemán está mejor dibujada; aunque es verdad que en la película todo esto es tangencial. Su mirada se orienta claramente hacia el melodrama.

El director elige un tono peligrosamente sensible para pulsar los matices de las emociones. Y aunque la ambientación es soberbia -baste como ejemplo ese sótano donde Liesel lee indesmayable al afiebrado Max y cuyas paredes se han convertido en un diccionario-; la distancia con el libro es enorme y sobre todo carece de su fuerza y de su magia. También se han perdido por el camino las relaciones tan especiales que establece Liesel con ciertos personajes, como por ejemplo la mujer del alcalde.

El libro tiene un lenguaje sencillo y un carácter más amable que otros libros semejantes, como pudiera ser El niño con el pijama de rayas. Pero en cambio utiliza una serie de técnicas narrativas muy variada y arma una historia que juega a la fascinación. Mucho de esto en la película se ha perdido. Así ocurre con la narradora, La Muerte, perfectamente integrada en el texto, incluso con un deje cínico y divertido, que en cambio en el relato cinematográfico no funciona y hasta estorba.
Del mismo modo, la relación de la niña con los libros que roba, con las palabras y los colores quedan pálidos en la cinta.

El libro nos ofrece además como un juego de composición con variadas tipografías, uso de pictogramas, inclusión de definiciones tipo diccionario y de anotaciones de carácter filosófico. Esto unido a su división en diez partes, cada una nominada con los títulos de los libros robados, dan pábulo al goce de una historia tan seductora como absorbente. 
"Debo reconocer que hubo un considerable paréntesis entre el robo del primer libro y el segundo. También hay que tener en cuenta que el primero lo robó a la nieve y el segundo a las llamas, sin olvidar que otros no los robó, sino que se los dieron. En total tenía catorce libros, pero ella sostenía que la mayor parte de su historia estaba en una decena de ellos." 
Hago notar especialmente la reproducción de las trece páginas de "El vigilante", una pequeña novela gráfica que Max compone sobre su vida y sus temores. Para ello utiliza las hojas arrancadas y blanqueadas del Mein Kampf que portaba como disfraz cuando llegó a casa de los Hubermann. Estremece un poco percibir bajo las palpitantes viñetas de Max, el texto del monstruo.

De la película se podría decir, en general, que es una historia amortiguada. La guerra está amortiguada, el nazismo aparece como una opresión pero de forma muy difusa y en su conjunto nos presenta una realidad amortiguada sin conseguir por ello, el carácter fantasioso que sí posee el libro. 
Una película bonita y poco más. Mejor léete el libro.

martes, 14 de enero de 2014

TEATRO de CENIZA - de Manuel Moyano

Editorial Menoscuarto
2011







Sin duda un extraordinario libro de relatos.
Quien haya (h)ojeado un poco este blog habrá comprobado que no soy proclive a las modas; más bien al contrario. Me parece una banalización exagerada el abuso que en los últimos años se ha producido en torno al microrrelato. Supongo que las redes sociales y el ansia de modernidad lo han propiciado. Pero creo que cuando Augusto Monterroso escribió El Dinosaurio o Max Aub sus Crímenes Ejemplares, sintieron ambos la necesidad de esa forma de expresión; mientras que cientos de los microrrelatos que han proliferado en concursos, tertulias y libros ad hoc resultan perfectamente innecesarios. Una moda.

A pesar de esto y avisado de que el libro se componía de cien microrrelatos lo compré. Nunca me hubiera perdonado el perderme esta joya. Contiene un puñado nada magro de relatos magistrales. El autor logra asombrarme con alguno de ellos. Me causan admiración tanto los argumentos que recorren vastos territorios -de los mitos griegos a los cuentos orientales- , como las sutilezas de sus giros argumentales.

Las narraciones circulares, la revisitación de los mitos al estilo de lo que hizo Borges en La casa de Asterión, el juego del punto de vista y de las perspectivas, ciertos procesos de extrañamiento o los insondables universos que se esconden en las más inanes situaciones son algunas de las técnicas que encontramos en este libro acrisolado.

Entre las citas que Moyano elije para encabezar su libro hay una que representa certeramente su espíritu, "el pez no es consciente del agua". Un proverbio chino que tras una aparente perogrullada esconde la profundidad y lo paradójico que albergan nuestras percepciones. A esta porfía se entrega el autor.

La fantasía de sus temas, el quiebro de las apariencias y las brillantes vueltas de tuerca de estos relatos, no pueden esconder una escritura limpia y precisa. De aliento clásico diría. Lejos de recrearse, profesa la exactitud y con ello aumenta nuestra sorpresa y goce.

Si he de apuntar los que me parecen memorables la lista no sería corta. Por supuesto incluiría Ocaso del Imperio, Origen del Mito, El Centinela, Damero, Vórtice, Mundo Efímero, Luna Pálida, Círculo, El juego,  Ballo in maschera, Regreso, Parábola de los dos Ejércitos, Depresión, El Expediente o Vigilia.


ACCIDENTE

La mano cercenada que descansa sobre el asfalto lleva puesta la pulsera de la fortuna.


REGRESO

"Ya no hay nada que hacer", escuché que decía el médico mientras su mano cerraba suavemente mis párpados.Al principio, tan sólo vi oscuridad. Luego, en mitad de la negrura, se abrió un largo túnel: desde su otro extremo me reclamaba una intensa luz blanca. "Así que eso es el cielo", pensé mientras me deslizaba, como si flotase, entre sus paredes húmedas y turgentes. Una extraña felicidad me invadió. Sin embargo, cuando llegué al final del túnel, lo que encontré no fue un mundo maravilloso, sino otra habitación de hospital. Un gigante me había agarrado de los tobillos y, sosteniéndome boca abajo, golpeaba con fuerza mi trasero. Indignado, intenté pronunciar algún exabrupto, pero de mi garganta no salieron palabras: sólo un chillido de recién nacido. 


AUTOBÚS

Todos los asientos del autobús estaban libres, pero ella se sentó justo a mi lado. La miré de reojo: no había visto una mujer tan hermosa en toda mi vida. Era indudable que quería algo de mí; sin embargo, no se me ocurría nada que decirle: siempre he sido un poco timorato con el sexo opuesto. Fue ella quien rompió el hielo; me cogió de la mano y, mirándome con aquellos grandes ojos de color turquesa, me preguntó qué hora era. El roce de su piel me hizo enfermar de deseo. Apenas acerté a leer la esfera de mi reloj de pulsera; la voz me temblaba cuando respondí: "Las seis y media". "Entonces, ya es hora de despertar", afirmó ella.




SINGLADURA
                                                                      A Luis Alberto de Cuenca

A lo largo de ese día, el viajero recorre a pie las desoladas llanuras de la tundra, navega en una goleta sorteando gigantescos témpanos de hielo, bucea a pulmón entre silentes bosques de coral y de madrépora, se enfrenta a una horda de caníbales, asciende a la cumbre donde un ídolo de oro le dirá el porvenir, enamora a la hija de un rey, mata a un oso con el mero auxilio de una daga. Es tan sólo al término de esa larga jornada, mientras cae la noche, cuando el viajero escucha cómo alguien le indica, en tono apremiante, que ya es hora de cerrar y que debe abandonar inmediatamente la biblioteca.

domingo, 12 de enero de 2014

El YO MODERNO

En la reciente Inside Llewyn Davis, de los hermanos Coen, el protagonista es un artista folk que deambula por la Gran Manzana buscando una oportunidad de triunfo con su guitarra. Mientras tanto, duerme en los sofás de sus amigos. De vez en cuando se acerca también a casa de su hermana que le recrimina su vida bohemia y que no busque un trabajo normal. Él responde que eso sería como estar muerto, algo como simplemente existir. Efectivamente esta porfía entre la realidad y el deseo no es un asunto baladí en la idiosincrasia  contemporánea.
Fortuitamente, dos días después de ver la película, leo el estupendo artículo de Javier Gomá LanzónLa domesticación del Romancitismo, publicado en el suplemento literario de El País. Allí el autor dilucida este conflicto entre el corazón y la producción al hilo del análisis de "Tonio Kröger", de Thomas Mann.
El artículo incluye estos dos párrafos tan lúcidos.     

El hijo del hombre  -  de Renée Magritte



"Cuando nace el yo moderno —aquella conciencia de estar dotado de una dignidad incondicional, resistente a todo, incluido el interés general o el bien común de los hombres—, el conflicto social es inevitable. Porque la sociedad reclama la integración de ese yo individual dentro de la economía productiva —oficio y casa, producción y reproducción— mientras que él anhela, por el contrario, seguir con fidelidad las leyes de su corazón. Desafía el orden constituido, que se le presenta como una amenaza a sus deseos más genuinos y personales, y a la postre sucumbe aplastado por el superior peso de la inclemente mayoría social. Para narrar ese conflicto se inventa un nuevo género literario: la novela moderna. Desde Cervantes a Thomas Mann las novelas recrean con mil variaciones esa conflictividad no resuelta.

Ahora bien, durante el Romanticismo dicho conflicto se exacerba y asume un radicalismo hasta entonces desconocido que lo encontramos bien compendiado en el título del célebre ensayo de Kierkegaard: Aut-aut. Que quiere decir: o lo uno o lo otro, dos opciones incompatibles y absolutamente irreconciliables. Las dos opciones en pugna son: de un lado, la ética del trabajo y las reglas del matrimonio burgués (oficio y casa); de otro, una vida digna de ese nombre, elevada y apasionada, los derechos del artista genial y los deseos infinitos del corazón. El antagonismo establecido por el Romanticismo conduce a una suerte de desprecio mutuo: para el artista, la mayoría social se compone de burgueses regidos por convenciones hipócritas, filisteos de mostrenca existencia; para la mayoría social, el artista es un bohemio sospechoso, amoral, estéril. Hay, pues, que elegir entre una normalidad sana pero estúpida y una individualidad auténtica pero excéntrica, maldita y socialmente fracasada."

Javier Gomá Lanzón  



Según el autor, Tonio Kröger ofrece respuesta a este debate rebasando dicho conflicto. Tanto individuo como sociedad nos constituyen indefectiblemente.

viernes, 10 de enero de 2014

A PROPÓSITO de LLEWYN DAVIS - de Joel y Ethan Cohen

-Inside Llewyn Davis-
EEUU, 2013








La historia de este cantante folk intentando abrirse camino en la Nueva York de la años sesenta es una gran película, pero con un pequeño vacío en su interior.

El estudio de personajes es espléndido y la fotografía magnífica mostrando la grisura de esas calles gélidas e inhóspitas. Del mismo modo la ambientación sesentera y la puesta en escena (puro Coen). En medio de la frustración aparecen toques de humor a veces ácido y casi siempre negro (como la recomendación del productor Bud Grossman para que se reúna con su compañero o la respuesta de su padre al cantarle la balada Shoals of Herring). Llewyn se pasa el día buscando en qué sofá dormir y en qué garito tocar. Siempre en ruta bajo el severo invierno. Pero creo que a este viaje al fracaso le falta grandeza. Hay como un divorcio entre el alma del artista Llewyn Davis y la vida que los Coen nos retratan. Nos transmite una persistente tristeza, pero no nos produce desgarro.

La mirada de los autores es distante, no se compadecen de este pobre desgraciado ni buscan nuestra empatía. Llewyn casi nos cae antipático. En vez del aura poética del fracaso sólo vemos a un pobre hombre que vive lampando. Y eso me desconcierta.

El guión toma como referencia la vida de Dave van Ronk, cantante folk que se estableció en el Greenwich Village de Nueva York. Tuvo muchos amigos a los que ayudó y promovió (Bob Dylan, Phil Ochs, Joni Mitchell) por lo que se ganó el apodo de Mayor of MacDougal Street. Contribuyó al renacimiento del folk acústico en la década de 1960. Pero el retrato que se traza de Llewyn no es precisamente amigable. Aprovecha los sofás de los amigos, pero con algunos se embronca e incluso a otros insulta.

Busco en mi memoria otras historias de perdedores y me asalta la de Eddie Felson El Rápido. Pero Eddie lucha y reconoce su fatum incluso en los breves atisbos de gloria. Como un héroe trágico vislumbra su inexorable caída. Llewyn me resulta mucho más vulgar o simplemente ciego y equivocado. Cuando un productor de Chicago le propone cambiar de música e incorporarse a un trío, no lo acepta y elige volver a la calle. Del mismo modo pierde los royalties futuros de una canción por cobrar rápido. E incluso cuando decide abandonar y enrolarse en la marina mercante, las puertas se le cierran. Ha perdido los papeles del sindicato. Llewyn es un condenado en una época sin dioses. No hay nadie contra quien blasfemar.

El destino le hace un guiño cruel cuando asistimos a su última actuación en el garito Gaslight Cafe. Al retirarse escucha las primeras estrofas de otro cantante que se postula. La peculiar voz y entonación nos advierte que es Bob Dylan.

Todo periplo tiene sus puertos que aquí toman la forma de encuentros con unos secundarios de lujo: una amiga a la que ha dejado embarazada (Carey Mulligan), un músico de jazz (el gran John Goodman) con quien viaja hasta Chicago charlando de viejas historias y música; y con un productor musical (Murray F. Abraham).

La película se articula en torno a una serie de claves. La definición que Llewyn hace del folk -una música que nunca es nueva ni tampoco envejece- parece un triste reconocimiento de su prisión o su impotencia. El nombre del garito -Gaslight- parece una metáfora de lo que la vida practica a Llewyn (hacer luz de gas). El gato que le acompaña durante gran parte de la película -se escapó de casa de unos amigos- se llama Ulises y los Coen se cuelgan de esta anécdota para recrear los peculiares viajes de este antihéroe. Siempre en sofás ajenos o en la carretera o en el metro, Llewyn no tiene una Itaca a la que volver.

La música es el segundo protagonista de la película. El inicio se reserva para la interpretación completa de Hang me, oh, hang me" por parte de Llewyn en el Gaslight. Esa es la pauta a seguir. Luego vendrán otras  como Fare Thee Well o Shoals of herring. Las viejas canciones folk de Van Ronk se convierten en el alma del film. A ello se suma que Oscar Isaac las canta en directo. No en balde antes del cine probó en el mundo de la música con su grupo The Blinking Underdogs, por lo que su protagonismo es absoluto.  

Una película intensamente triste con una fotografía espléndida que nos sumerge en un inhóspito e inclemente invierno neoyorkino. Echo en falta una aproximación más sociológica a la bullente época de los 60. 
Tanto el personaje principal como el desarrollo de la película me recuerda a otra de sus obras, Un tipo serio. Son dos cintas parejas, en las que los Coen montan un mecanismo psicológico y vital cercano al absurdo, basado en una reglas a veces indiscernibles que nos impiden ir más allá de ser meros observadores.


P.D.
Las canciones que puntúan la película son maravillosas. Quiero resaltar Hang me, Oh hang me; una tristísima balada con versos como 
"Colgadme, oh, colgadme hasta que esté muerto y enterrado ....  He recorrido el mundo entero ....  Estaba tan hambriento ....  He recorrido el mundo entero ....  Pappy era un jugador, él me enseñó a jugar ....  El rifle al hombro, el revólver en la mano, Dios lo sabe ....  He recorrido el mundo entero ....  Ellos pusieron la soga alrededor de mi cuello, me colgaron bien alto ....  Las últimas palabras que escuché me dijeron, no pasará mucho tiempo hasta que mueras, pobre muchacho .... He recorrido el mundo entero.

La otra se la canta Llewyn a su padre, marino retirado que se encuentra prácticamente senil en un geriátrico. Es una balada celta titulada Shoals of Herring y nos cuenta la historia de un grumete en el comienzo de su singladura tras los bancos de arenques: el trabajo duro, el maltrato de los veteranos, el recuerdo del hogar, convirtiéndose en todo un marinero a través de millones de kilómetros, tras los bancos de arenques...
Shoals Of Herring
O, it was a fine and a pleasant day
Out of Yarmouth harbour I was faring
As a cabin boy on a sailing lugger
For to go and hunt the shoals of herring 
O, the work was hard and the hours were long
And the treatment sure it took some bearing
There was little kindness and the kicks were many
As we hunted for the shoals of herring 
O, we fished the Swarth and the Broken Bank
I was a cook and I'd a quarter-sharing
And I used to sleep, standing on me feet
And I'd dream about the shoals of herring 
O, we left the home grounds in the month of June
And to canny Shiels we soon was bearing
With a hundred cran of the silver darlings
That we'd taken from the shoals of herring 
Now you're up on deck, you're a fisherman
You can swear and show a manly bearing
Take your turn on watch with the other fellows
While you're searching for the shoals of herring 
In the stormy seas and the living gales
Just to earn your daily bread you're daring
From the Dover Straits to the Faroe Islands
As you're following the shoals of herring 
O, I earned me keep and I paid me way
And I earned the gear that I was wearing
Sailed a million miles, caught ten-million fishes
We were sailing after shoals of herring

martes, 7 de enero de 2014

CUADERNO de N. YORK - de José Hierro













En el frontis del libro el autor coloca un jalón. 

"A José Olivio Jiménez porque en su casa fraterna -West Side, 90 Street- cercana al Hudson se me apareció mágicamente la ciudad de Nueva York"

Y desde este jalón levanta el acta de un encuentro. Allí confluyen personajes e historias, calles, puentes y sonidos que interactúan con el poeta produciendo un enorme y fructífero collage, de los que tanto le gustan a José Hierro:  Viejas harapientas, músicos callejeros, ballenas varadas en Long Island, acuarios, escaparates, precipicios de hormigón que se asoman a las calles y sonidos de Bach y Jazz mezclados en los ferrys.
"Yo escucho sus palabras, día a día.
Las escriben -siempre las mismas-
sobre su pergamino que ellos no ven.
Son un humus depositado -año tras año-
sobre un texto antiguo."
Uno de los aspectos más notorios del libro es la omnipresencia de la música, que se cuela tanto en sus temas como en su poética: "Rapsodia en blue", "Beethoven ante el televisor", "Cantando en yiddish", "Adagio para Franz Schubert", "Villancico en Central Park" y otros así lo atestiguan.

El otro aspecto que quisiera reseñar son las alucinaciones que permiten al autor convocar a personajes históricos como Miguel de Molina, Mozart o Mahalia Jackson. En este sentido los poemas Alma Mahler Hotel, Beethoven ante el televisor y Ezra Pound son magníficos.

Aunque en ocasiones perdido, le atrae la magia de una ciudad que bulle y vive eternamente: "Aquí no ha muerto nadie nunca. / Aquí nadie morirá nunca."
"La boca de la noche las engulle. Asaeteados
se desangran los edificios
por sus miles de heridas luminosas.
La ciudad, hechizada, se complace
en su imagen refleja, y se sueña a sí misma
transfigurada por la noche..."
Más cotidiana que la Nueva York angustiosa y surrealista de Lorca, la de Hierro es un lugar de evocaciones y recuerdos que traspasan el espacio y el tiempo. Aunque también allí el poeta aporta su bagaje. El trágico recuerdo de su padre le asalta en la Columbia University, vengado por el simple hecho de abrir el grifo del agua corriente:  "Bendito sea dios porque inventó el amanecer", "Bendito sea Dios que inventó los prodigios / que contaba mi padre", "Maldito sea Dios porque inventó a mi padre colgado de una rama del olivo".

El poema Alma Mahler Hotel me parece el mejor resumen del libro. En la habitación 312 de un hotel que navega hacia Times Square, Hierro convoca una historia de amor. El poema es a la vez geográfico, histórico y absolutamente íntimo y personal. La poesía se captura y huye igual que los enamorados en la memoria del poeta: "penetran a través de mí: soy humo / o ellos son humo."
El Beso - G. Klimt


          ALMA MAHLER HOTEL


          Vago por los pasillos de este hotel
          construido en los años veinte
          (cuando los gansters, la prohibición,
          cuando Al Capone, emperador de Chicago) .
          Recorro los pasillos fantasmales de un hotel
          que ya no existe, o que no existe todavía
          porque están erigiéndolo delante de mis ojos,
          piso a piso, día a día,
          a lo largo del mes de abril de 1991 :
          es una proa que navega hacia Times Square,
          en donde encallará.
          No estuve aquí, no estaré aquí
          para ver su culminación en la planta 40,
          revestido por la cota de malla nocturna
          -lluvia frenética de estrellas
          de luciérnagas rojas, verdes, amarillas, azules,
          que proclaman el triunfo de las tecnologías
          made in Japan, in Germany, in US.A.

          Este hotel (y si he dicho otra cosa,
          ahora me desdigo) fue construido en 1870.
          ¿Habrá quien pueda asegurarme
          que no es sólo una pesadilla
          que va a desvanecerse al despertar?

          Me detengo -no puedo continuar ante
          la puerta de la habitación 312.
          Soy un viajero que ha llegado
          de otro nivel del tiempo
          pero no sé si pasado o si futuro
          (ya no estoy seguro de nada) .
          Puede que aún no haya llegado,
          que no haya estado aquí jamás,
          que ni siquiera exista yo,
          o que no sea real mi sufrimiento.

          “Alma, mi amor" le grito susurrando,
          le susurro, gritando, ante la puerta,
          los brazos extendidos,
          en la mano la espada flamígera,
          para que no transpongan el umbral
          del paraíso recobrado en esta habitación;
          para que no me hieran.
          "Alma, mi amor, no entres".
          No quiero que suceda lo que ya sucedió,
          lo que va a suceder.
          No me ven ni me oyen.
          Penetran a través de mí: soy humo
          o ellos son humo.

          Oigo sonar la transparencia helada
          de las copas; pronuncian
          palabras que no querría escuchar,
          confundidos sus cuerpos en el éxtasis.
          "Alma, mi amor, siempre me herirás".
          Me abro las venas, me desangro,
          como el afluente en el río caudal,
          por el torrente de mi música.
          Ella restañará la herida,
          contendrá, piadosa, la hemorragia.
          “Alma, mi amor", y nadie escucha mis palabras.

          Este hotel fue derruido
          en 1870, en 1920, en 1991.
          O acaso nunca haya existido.


                         - - * - -

Otro de los poemas señeros que contiene el libro es Vida. Incluido como Epílogo de este su último libro publicado, algunos han querido ver el epitafio del poeta e incluso el pesimismo sobre la vacuidad de la vida. Paradójicamente lo escribió con motivo del nacimiento de su nieta Paula. "En mi comienzo está mi fin", escribió T.S. Eliot, uno de los poetas predilectos de Hierro. Infancia, vejez, sueño. Entre la plenitud y el vacío, entre el todo y la nada, el poema se construye rimando estas dos únicas palabras, la cifra de toda una vida.

                         VIDA

          Después de todo, todo ha sido nada,
          a pesar de que un día lo fue todo.
          Después de nada, o después de todo
          supe que todo no era más que nada.

          Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
          Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
          Ahora sé que la nada lo era todo,
          y todo era ceniza de la nada.

          No queda nada de lo que fue nada.
          (Era ilusión lo que creía todo
          y que, en definitiva, era la nada.)

          Qué más da que la nada fuera nada
          si más nada será, después de todo,
          después de tanto todo para nada.




P.D. Incluyo la pintura El Beso de Gustav Klimt por la referencia del poema a Alma Mahler y como homenaje a esta fascinante mujer. Compositora y pintora ella misma, fue, además, la musa de varios hombres de talento como el propio Klimt, su marido Mahler o el pintor Oscar Kokoschka quien también la inmortalizó en esta obra de la derecha, titulada "The bride of the wind".