viernes, 9 de diciembre de 2011

Beginners

de  Mike Mills





He aquí una película hiperrealista sobre dos seres fantasiosos e infelices. Aunque a la postre todo gravita alrededor de una tercera persona, el padre de uno de ellos, que salió del armario con 75 años, justo al morir su mujer. Papel interpretado magníficamente por Christopher Plummer.

La película trata de la vida y sus perplejidades. De ese puzzle que se nos escapa cuando nos miramos al espejo  y todo nos resulta extraño. 
Incluso en las últimas frases, los personajes reinciden en su condición de principiantes o aprendices respecto a la vida.
-Qué pasa ahora?
-no lo sé.
-¿Cómo se continúa?
Es curioso el tono de tristeza y melancolía que impregna todo el metraje a pesar de que el propio hijo mantiene una relación estable y de estar  rememorando el último tramo -luminoso y vitalista- de la vida de su padre.
-¿Por qué les escondes tu gravedad?Tienes un cáncer en estadio cuatro.
-Bueno, no es tan grave como parece.
-Papa, no existe el estadio cinco.
-No quiere decir eso, quiere decir que ha pasado por otros tres estadios.
Encontramos muchos momentos conmovedores y la sinceridad de lo allí tratado inunda limpiamente cada plano.  

La película tiene una textura seca, desnuda. Su ritmo es pausado que no lento. Sus imágenes se enriquecen con unos retazos hechos con diapositivas que igual nos presentan el contexto histórico y social de cuando se casaron sus padres (este era el presidente, estas eran las mascotas, esta era la gente, fue enviado a esta guerra) o nos explica los colores de la bandera gay (el rojo la vida, el amarillo el sol, el rosa el sexo, el turquesa el espíritu...) . El lazo emocional está muy bien trabado con escenas que remiten a otras; como al enseñar su casa al perro heredado de su padre o a su novia (este es el comedor, estas son las escaleras, esta es mi habitación,....). Posteriormente él se encuentra sólo en el apartamento de ella, quien le va indicando por teléfono el comedor, la cocina, el dormitorio....   Las diapositivas, las indicaciones nos remiten a la necesidad más íntima de estos personajes: buscan orientarse.

Todos los actores están estupendos. Ewan Mcgregor compone un hijo circunspecto y doliente, muy directo. Su compañera, interpretada por una dulcísima Melanie Laurent, aparece frágil y desorientada. La película comienza con Oliver empaquetando las cosas de su padre recién muerto. En medio de este naufragio, inicia el recorrido de rememorarlo, de asumirlo mientras se cuestiona su propia existencia. 

Acompañamos al protagonista por una travesía del desierto en la que no sabe qué hacer con sus relaciones, con sus sentimientos, con su trabajo, con su vida. Todo ello queda muy bien reflejado en el recuerdo de una exposición que organizó su padre, en la que colocó un póster con el famoso relato de "El osito de peluche" de Margery William:
"-¿Qué es ser REAL? preguntó el Conejo. ¿Es tener cosas que zumban en tu interior y una palanca que te hace funcionar?
-Ser REAL no consiste en cómo estás hecho -dijo el Caballo-. Es algo que te pasa. Cuando un niño te quiere durante mucho, mucho tiempo, no sólo para jugar contiguo, sino que REALMENTE te quiere, entonces te conviertes en algo REAL.
 -¿Duele?, preguntó el Conejo.
-A veces, dijo el Caballo, que siempre era de fiar. Pero cuando eres real ya no te importa que te hagan daño."

lunes, 5 de diciembre de 2011

La Rama Dorada. Magia y Religión

de James George Frazer

El maestro -siempre ameno y profundo- Carlos García Gual, nos presenta (aquí) una monumental obra de un autor que vivió encerrado en una biblioteca. Incitación total.


"Esta es una reedición de la extensa obra de Sir James Frazer, un nuevo resumen y con una espléndida y actual introducción de Robert Fraser, el mejor conocedor actual de tan monumental y mítico texto (1ª edición en 1890, ampliada en 12 tomos en 1914, y con uno más en 1935). (...)

 "La rama dorada" que menciona el título es la que alzaba en su mano Eneas en su descenso al mundo de los muertos (según Virgilio cuenta en la Eneida), tal vez un ramo de muérdago de un árbol mistérico. Esta impresionante colección de relatos mitológicos que el sabio Frazer reúne nos invita a un viaje turístico a un maravilloso más allá de raros escenarios quiméricos y encuentros mágicos. Con su magnífico conocimiento de los clásicos y una infatigable memoria convoca cultos, dioses, tabúes, misterios y fantasmagorías de todos los rincones del mundo, y los comenta con fresca agilidad e ironía y un evidente gusto por la narración bien sazonada. (Es, como Burton o Gibbon, un maestro de la prosa inglesa). Luego encaja sus datos en su esquema hermenéutico según la teoría evolucionista: magia-religión-ciencia. Pero no es esa teoría ilustrada lo fundamental; él nunca se creyó un filósofo o un gran teórico. En el fondo, Frazer está más cerca de un ilustrado del XVIII que de un progresista como H. Spencer o A. Comte.

Lo mejor es el grand tour fabuloso, y sus inolvidables personajes y sus fascinantes iconos y símbolos míticos (Adonis, Osiris, el dios ahorcado, las fiestas, el dios que muere y renace, etcétera). Nuestra rama dorada, o un hilo de Ariadna, para un recorrido laberíntico inigualable. Frazer, que acabó ciego de tanto leer, fue el huésped perpetuo de su biblioteca en Cambridge. Nunca dio clases, siempre vivió de becas en aquella inmensa biblioteca, y estuvo al tanto de los progresos de los antropólogos de su tiempo por correspondencia. Junto al éxito de sus libros, también suscitó críticas y escándalo de creyentes piadosos. Su vida fue larga: nació en 1854 y murió en 1941. De formación clasicista, fue un humanista que vivió siempre entre libros y nunca frecuentó salvajes. (...)


 ¡Qué placer explorar de nuevo esta selva mitológica en esta excelente reedición si no tenemos el tiempo para los 13 tomos de la última inglesa! (que, por otra parte, aún puede encontrarse en algunas librerías londinenses de segunda mano a buen precio)."


La rama dorada. Magia y religión James George Frazer Edición, introducción y notas de Robert Fraser. Traducción de Elizabeth Campuzano, Tadeo I. Campuzano y Óscar Figueroa. FCE. México, 2011 645 páginas. 35 euros

El Reino de los Cielos

de Ridley Scott 

 Vuelvo ver esta película y me gusta; pero ¿por qué no tiene la épica de Gladiator? Cuando la vi de estreno me dije que era porque el objeto de la aventura aparecía difuso, sin gancho. Ahora añado también que porque Orlando Bloom no tiene madera de héroe trágico.

 En el primer tercio conocemos a Balian como un herrero taciturno que acaba de perder a su mujer y a la vez se le presenta su verdadero padre para reconocerlo y ofrecerle una vida de caballero. Padre e hijo se embarcan hacia Jerusalén para obtener el perdón de sus pecados. Balian acaba de matar al monje que decapitó a su mujer por suicida; siente que Dios le ha abandonado y por eso emprende el viaje. Pero esa personalidad atormentada y trágica no nos la transmite Orlando Bloom. 


Hasta que no llegan a Oriente la aventura no se sabe bien a dónde se dirige. La expiación de los pecados se mezcla con el aprendizaje de los valores y habilidades caballerescos y con las dudas de su puesto en el mundo; pero todo es muy plano: Balian ya es bondadoso, ya es buen guerrero -no hay evolución - y su enfrentamiento con el cruzado Guy de Lusignan, que a la postre acabará siendo rey de Jerusalén, carece de grosor. No así su relación con un general musulmán, que con dos pinceladas y un caballo de por medio prende en nuestra memoria como uno de esos hermosos momentos de amistad más allá del enfrentamiento de sus respectivos mundos, más allá (¡qué actual!) del choque de civilizaciones.


También resulta muy atractiva la descripción de la vida a pie de calle en la Jerusalén de la Cruzadas con judíos, cristianos y musulmanes conviviendo. Todo ello reflejado en el profundo respeto y majestad que se muestran Balduino, rey cristiano de Jerusalén; y Saladino, general de las huestes musulmanas. Dos personajes por cierto que por sí mismos elevan notablemente el tono épico de la historia.

Lo más valioso sin duda son las escenas de acción, rodadas maravillosamente como ya ocurriera en Gladiator. El asalto final sobre las murallas de Jerusalén es apoteósico y ahí quizá obtiene Orlando su mayor rédito, la coherencia del personaje: un príncipe aniñado que las circunstancias colocan en el puente desde donde dará el salto hacia el mundo adulto. Y en este punto quizás debamos reconocer que entonces el problema no era del pobre Orlando, sino del guión o del montaje. Creo que hubiese estado más acertado comenzar la película ya en Oriente con las vicisitudes de buscar su sitio, de la cercana guerra, etc... mientras nos presentaban flashback sobre la juventud de Balian. No sé. 

viernes, 2 de diciembre de 2011

Pedro Páramo

de Juan Rulfo

¿Qué tiene Pedro Páramo? Cada tanto vuelvo a él para encontrar su propuesta sin gastar. Literatura de quilates. La narración te lleva en volandas a pesar de ser una propuesta metafísica, casi fantástica.

"Todo parecía estar como en espera de algo.
-Hace calor aquí -dije.
-Sí, y esto no es nada -me contestó el otro-. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija."



Juan Preciado, uno de los hijos de Pedro Páramo, viene a Comala en busca de su padre: el campo, el atardecer, la soledad. Se encuentra un pueblo fantasma. Cada fantasma lo recibe en su casa, es como si se abriera la niebla y se condensase una escena: el arriero, Eduviges, la caporala de la Media Luna, Donis. Llega un momento en que él mismo está muerto: fin de la primera parte. Hemos llegado a Comala y aquí yaceremos eternamente.


En la segunda parte el titular es el propio Pedro Páramo. Todo lo vamos conociendo porque desde la tumba donde está Juan Preciado se oye al fantasma de Susana, la mujer más querida por Pedro Páramo...

Hay muchos personajes, cada uno con su retazo de historia. En un momento Juan Preciado dice, "me mataron los murmullos de los muertos". Parece como si de cada piedra surgiese un murmullo... Efectivamente esto es la novela: un cúmulo de murmullos que van surgiendo.
De pronto oyes al cura Rentería, o los sueños de Susana, o los recuerdos de Damiana que se le negó una noche a Pedro Páramo.

"Pedro Páramo sentado en su equipal miró hacia el pueblo.." Esta sería la imagen. No hay más ley que la suya, todos bailan a su son y cuando se le muere Susana San Juan dice que en venganza dejará de cultivar, de sembrar, de vivir... dejará que se muera todo Comala en venganza... y él mismo al final muere, se desmorona como un montón de piedras en medio de un paraje inhóspito.


¿Qué me gusta? Cada voz aparece por sí misma, sin descripción ni presentación. El lector debe ir concatenándolas para reconstruir la historia. Lo veo como un escenario absolutamente a oscuras y de pronto un foco se dirige a una puerta: doña Eduviges habla con Juan Preciado. Otra vez a oscuras y un nuevo foco que se dirige al camino: por allí va el cura Rentería acusándose de todo el mal que ha hecho plegándose al poderoso de turno. De nuevo a oscuras, y un nuevo foco...


La economía es absoluta: 108 páginas en mi edición Planeta. Todas las revoluciones mexicanas se cuentan en 8 páginas y se ridiculizan en sólo media:  
"El Tilcuate siguió viniendo: -Ahora somos carrancistas. - Está bien. - Andamos con mi general Obregón. -Está bien -Se ha levantado en armas el padre Rentería ¿nos vamos con él, o contra él? - Eso ni se discute. Ponte al lado del gobierno...."
Los asuntos son muy esenciales. El patriarcado. La ponzoña del poderoso. Los hijos malcriados caminando veloces hacia la muerte.  La iglesia apelmazada al poder. La historia de amor imposible del que consigue todo menos lo que más ansía. El derrumbe final e insoslayable de todo poder humano.

In Time

de Andrew Niccol


Thriller de ciencia ficción cuyos únicos efectos especiales son los números de un reloj biológico que todos llevan en el antebrazo.

Todos somos por fin inmortales y estaremos siempre como cuando teníamos 25 años...pero al cumplirlos el tiempo hay que ganárselo, hay que comprarlo, hay que robarlo o lo que sea porque todo se paga con tiempo, hasta el autobús; y tu reloj a cero significa la muerte.
La película resulta entretenida y te hace pasar un buen rato aunque al interesante planteamiento inicial sigue una más bien rutinaria película de acción.

El protagonista se pretende un Robin Hood que busca trastocar el orden establecido; aunque todo resulta un tanto atropellado. Al chico se le muere la madre en sus brazos y a la escena siguiente ya está camino de la zona rica para "robar todo lo que tenéis".

Todo está apuntado pero no plasmado, resulta simple: al regalar 5 minutos a una niña en la calle ya está presentado como Robin Hood. Juega al póquer como un verdadero tahúr aunque sólo lo hemos visto trabajando en una fábrica y tomando unas birras con los colegas. Se nos dice que en la zona de exclusión hay muertos todos los días, pero la gente va tranquila por la calle. Hay una pandilla que pulula por las calles robando tiempo, pero tienen pinta de robar a los niños en el recreo. Hay poca oscuridad. Y quien menos oscuridad muestra es Justin Timberlake, muy postizo.


Existen los ricos que tienen siglos en cartera y pobres que viven, nunca mejor dicho, "al día". . Pero no se sabe cómo empezó todo, quién encendió el reloj, por qué el reparto es tan injusto y por qué las clases sociales permanecen encerradas en distintos distritos. El padre de la protagonista aparece como el capo di capi, pero es un simple hombre de negocios tan cabrón como cualquiera. Aparte de la policía del tiempo no aparece ninguna característica política ¿ya no hay política, sólo economía? Bueno, esto me suena.

Lo peor es la escenografía que es muy pobre. La zona de exclusión se limita a unas cuantas calles desangeladas de un polígono cualquiera. La zona rica es un simple hotel de lujo y entre medias dos trozos de calle perdidas en medio del campo.
La idea central según explicitan los mismos protagonistas es el  "darwinismo económico", la ley del más fuerte.

Me atrae de Niccol su mezcla de acción y política, pero me gustaron mucho más sus obras Gattaca y El señor de la Guerra, películas más redondas y con un desarrollo más complejo.