lunes, 3 de febrero de 2014

AGOSTO - de John Wells

August: Osage County
EEUU, 2013









La familia y otras neuras.-
Agosto se compone de dos aspectos formales y uno de fondo. Una reunión familiar con motivo de la muerte del cabeza de familia y una casona en las llanuras asfixiantes de Oklahoma son los dos primeros y la amargura de la decepción es el segundo.

"La vida es demasiado larga" nos cuenta Beverly Weston (Sam Shepard) cuando se ilumina la pantalla. Citando el poema de T.S. Eliot -"Los hombres vanos"- nos sitúa de un plumazo en el tono sombrío de lo que se avecina. Seguidamente nos describe la situación de forma abrupta: "yo bebo y mi mujer es adicta a las pastillas". 

En la casona perdida en la inclemente llanura se acumula el polvo de la frustración y la bilis de la amargura acrecentada durante años. Su mujer Violet (Meryl Streep), con cáncer de boca, desastrada y colérica, se enfrenta de nuevo con él que se retira mascullando nuevos versos, "al corro del árbol del espino, al corro del árbol del espino". Ya sólo quedaría añadir los últimos versos de este desolador poema: "Así es como acaba el mundo, no con un estallido sino con un  quejido".
Las espinas de una relación condenada, el corro de repetir errores, el quejido de la decepción. 

Tracy Letts es el autor de la obra teatral con la que consiguió el Premio Pulitzer y es a la vez su adaptador cinematográfico. Admirador confeso de Tennessee Williams no oculta las concordancias de su obra con "De repente el último verano" o con Eugene O´Neill y su "Larga jornada hacia la noche". Letts enfrenta y actualiza los mismos conflictos personales y sobre todo familiares. La represión que daba juego en aquellas obras cede a unas relaciones más abiertas; pero nadie se libra de una enorme frustración.

Los diálogos poseen autenticidad, las réplicas son exactas y brutales. Sin reiteraciones vanas, la obra avanza por los rincones de cada personaje. Sin pausa afloran los rencores y secretos inconfesables hasta el estallido final. En el espacio cerrado de la casa, metáfora de las cadenas que atan a esta familia, encontramos a la matriarca Violet (Meryl Streep), dominante, agresiva y colérica; a la hija mayor, Bárbara (Julia Roberts), fiel reflejo de la madre, maniática del orden y en proceso de separación. A la pequeña y sensible  Ivy (Julianne Nicholson) y la casquivana Karen (Juliette Lewis), huida a la vida regalada de Miami. Todas ellas se cruzarán de nuevo en la casona y no saldrán indemnes de este naufragio. 

Montaje teatral de la obra
La secuencia de la cena del funeral es el corazón de la película, pura catarsis. Una tormenta desatada  entre los elementos de esta familia desquiciada, atacada por la descomposición. Entre el espacio exterior vacío y asfixiante y el interior cerrado  y opresivo, todos están prisioneros.
                                   
A pesar de haber reunido un lujoso elenco plagado de estrellas, son las dos protagonistas, Meryl Streep y Julia Roberts, las que se llevan el gato al agua. Sus interpretaciones a cara lavada y soltando sapos por la boca ("come, hija de puta", "si es tu padre dile que se vaya a la mierda") son intensas y poderosas. Juliette Lewis hace su papel de tontuela y Julianne Nicholson, en un papel pequeño, logra prenderse en nuestra retina por su encanto y contención. 

Los hombres quedan en un segundo plano y es que la obra supera con holgura el test de Bechdel (que se mide por estos criterios: dos personajes de mujeres con nombre en pantalla, conversando entre ellas y cuyo tema de conversación no sea un hombre).
Destacaré la presencia de un Sam Shepard que con sólo unos minutos en pantalla logra que su personaje perviva en los acontecimientos.

La obra está ubicada en Oklahoma, tierra natal de Letts: "pero quién coño tuvo la idea de asentarse aquí", bufa Bárbara en un momento de desesperación. Es el Medio Oeste, pero muy cercano al Sur de las sórdidas sagas familiares que narró Faulkner, o de los desencajados personajes que pululan por las páginas de Carson McCullers, a quien se cita en la película.

No es la primera familia disfuncional que Letts pone bajo su prisma. En otra de sus obras, Killer Joe, también había una familia desvencijada y aviesa; aunque con menos literatura: allí primaba la pasta. No parece un escritor de banalidades. También firmó Bug, un guión oscuro y malsano dirigido, como la anterior, por William Friedkin.

George Clooney figura como productor acompañando a los hermanos Weinstein y nos sigue demostrando la calidad de su olfato para entregar obras significativas. John Welles dirige sin grandes alardes. Ha intentado abrir el escenario  sacando la cámara a la carretera y al pueblo; pero todo el valor de la película está en el texto y en sus poderosos personajes. 

viernes, 31 de enero de 2014

EL MAGO - de John Fowles









Los trazos del azar y la plenitud.-
Brillante, irónico, filosófico, siempre interesante. Desde las primeras páginas el autor despliega una prosa punzante al servicio de una historia que se va desdoblando y anudando hasta conformar una novela fascinante.

Maurice Conchis es el señor de una finca en la isla griega de Phraxos. Hasta allí llega Nicholas como profesor de inglés de un colegio privado. Educado en Oxford, su dandismo no es óbice que le impida ver su realidad. "Maravillosamente pertrechado para el fracaso, salí al mundo."
Una relación tortuosa y una primera experiencia como profesor lo condenan a un aburrimiento y escepticismo mortal.
"Escribir poesía y suicidarme, cosas aparentemente tan contradictorias, habían sido en realidad lo mismo: intentos de huida. Y mis sentimientos, al final de aquel desgraciado trimestre, eran los de un hombre que sabe que está encerrado en una jaula, expuesto a las befas de todas sus antiguas ambiciones hasta el día de su muerte." pág 51
De modo que el joven Nicholas decide enrolarse en el British Council y aparece como profesor en la isla donde conocerá al enigmático Conchis: un rico propietario de largo y oscuro pasado (estudió en Londres, vivió en París y fue alcalde de Phraxos en plena ocupación nazi) dedicado a emular al Mago del tarot. Como un demiurgo reinando en villa Bourani, fascinará a Nicholas y tejerá a su alrededor una telaraña de perturbadoras relaciones, mascaradas y representaciones. Unas hermosas gemelas, unos criados misteriosos que siguen extrañas reglas, confidentes inesperados, situaciones sacadas del teatro, de los mitos o directamente de los sueños, situarán al joven profesor en una encrucijada permanente donde el choque entre artificio y realidad provocará chispas esclarecedoras. El entorno será tan onírico como real. Conchis anhela reproducir la complejidad y el azar de la propia vida.
"Durante la guerra tenía mucho tiempo para pensar y me faltaban amigos con los que entretenerme, y lo aproveché para concebir una nueva forma de teatro. Un teatro en el que la separación convencional entre actores y público quedaba abolida. En el que la geografía escénica convencional, las nociones de proscenio, escenario y auditorio quedaban totalmente borradas. En el que la continuidad  de la representación tanto espacial, como temporal, era ignorada. Y en el que la acción, la narración, adquiría una nueva fluidez, pues sólo se conservaban un punto de partida y un punto final con cierta fijeza predeterminada. Entre estos puntos, los participantes tendrían que inventar su propia obra escénica." pág 344
Más allá de lo propugnado por Brecht o Pirandello, el juego desarrollado en Villa Bourani carece de público. Todos son sujetos. Una obra que se escribe a sí misma.

La estructura y los personajes establecen un singular paralelismo con La Tempestad de Shakespeare. Allí Próspero gobierna una isla y con sus dotes mágicas hace zozobrar la nave donde viajan sus enemigos. La venganza es el tema, la magia su instrumento y el amor de dos jóvenes la superación de los contrarios.
Pero este Mago de Fowles es más contemporáneo, carece de los poderes de Próspero. En cambio, opta a un objetivo mayor: reproducir y revelar la naturaleza de la existencia humana. Según él, el azar.

Los juegos y farsas de Conchis para provocar la incertidumbre no son meros divertimentos. En muchos momentos la trama adquiere los tintes de un thriller, en otros se impregna de un intenso aroma erótico. A pesar de ser siempre consciente de la confabulación que se teje y desteje a su alrededor, Nicholas no podrá abstraerse de ella. Cualquier decisión que tome seguirá conformándola. 
No en vano, en el epílogo, el autor nos recuerda el título original que tuvo el manuscrito, The Godgame.
"En el juego divino partimos de la premisa según la cual en realidad todo es ficción, y que, sin embargo, ninguna de las ficciones tomadas de una en una, es necesaria." pág 536
En una ficción donde todos son conscientes del juego se produce una distorsión vertiginosa: él sabe que yo sé que él sabe que yo sé....
"si nos enterábamos de todo, contaminaríamos la pureza del experimento. Con estas mismas palabras lo dijo. Y empezó a hacer cien analogías, más de las que he oído en toda mi vida. Dijo que en cierto sentido sería una ampliación fantástica del método de Stanislavski. Improvisación de realidades más reales que la realidad. Tú serías como un hombre que va en pos de una voz misteriosa, de varias voces, a través de un bosque de posibilidades excluyentes, que ni siquiera nosotras conociéramos...pues nosotras mismas éramos esas posibilidades... También comparó su experimento con una obra de teatro, pero sin autor ni público. Sólo actores." pág. 286
El sortilegio de Conchis es a la vez transparente y esotérico. De hecho aparece en la escena inicial. En su primera visita a villa Bourani, Nicholas se encuentra (?) en la playa una antología de poesía inglesa contemporánea, con unos versos del "Little Gidding" subrayados en rojo:
"No dejaremos nunca de explorar
y el fin de nuestras exploraciones
será la llegada al punto de partida
y conocer entonces ese sitio por primera vez" pág. 57
Calibán - Gustave Doré

La fascinación de Nicholas es completa, y la nuestra también. El pergamino de la literatura se impregna de vida y quedan a la vista los trazos de su naturaleza: la desorientación del yo en el laberinto de la existencia. Villa Bourani representa "un viaje al Tártaro
"una aventura mucho más tenebrosa de lo que mi preparación me permitiría tolerar, una sociedad, un culto, no sabía qué, en donde Miranda no contaba y Calibán era el rey." pág. 154 
Fowles escribió que quiso elaborar una fábula sobre "las ilusiones humanas acerca de algo que no existe de hecho: el conocimiento absoluto y el poder absoluto".
¿Mero ejercicio cerebral? ¿Sucesivas vueltas de tuerca? ¿Artificio? Pues claro. Un artificio en el más noble sentido de la palabra, el que representan las pinturas rupestres, el arte y la literatura.

Hay dos momentos intensamente ambiguos que marcan el cenit de esta extraordinaria novela. Aquellos en que lo narrado nos perturba íntimamente y el autor consigue su objetivo: "Lo que quería yo infundir en mi relato era precisamente esa capacidad que tiene Le Grand Meaulnes de proporcionar una experiencia que va más allá de lo literario." 
En uno de esos momentos los nazis reunen a 80 rehenes del pueblo y a dos guerrilleros capturados. El coronel le propone al alcalde salvar a los 80 rehenes si mata él mismo a los guerrilleros. En otro es Conchis quien logra urdir una situación semejante. Nicholas tiene un látigo, su amada esta desnuda y atada y él tiene que decidir. Decidir. Nunca nos conoceremos mejor que cuando decidimos y en las situaciones límite que Conchis maquina alrededor de Nicholas es cuando nos damos cuenta del verdadero alcance del libro. 
"En cada vida siempre hay un momento decisivo. En ese momento tenemos que aceptarnos a nosotros mismos. Ya no se trata de qué es lo que llegaríamos a ser. Sino de lo que somos y seremos siempre. Tú eres demasiado joven para saber de qué hablo. Todavía estás en el devenir. No has llegado al ser." pág. 90
Una de las primeras pruebas a la que es sometido es tirar un dado. "Te brindo toda una guerra concentrada en un segundo", le dice Conchis. 
"Tú eres una persona que no entiende qué significa la libertad. Y, sobre todo, que cuanto más entiendes qué es, menor es el grado en que la posees. " pág 374
La decisiones alumbran dudas y cobardías. Pero también ocurre que tras muchos amagos, reticencias, sospechas y desenmascaramientos, Nicholas atisba la plenitud.
“Tenía la sensación de que ésta era la realidad esencial. Pero esa experiencia no me sugería nada parecido a un sentimiento de divinidad, de comunión, de hermanad humana. No era panteísta ni humanista, sino algo mucho más amplio, frío y abstruso. Que la realidad es la interacción eterna. No hay mal ni bien, belleza ni fealdad, simpatía ni antipatía. Sólo interacción, la eterna soledad de uno, el total aislamiento de todo lo demás parecía lo mismo que la interacción de todo.” 
“Un tremendo y vertiginoso sentimiento de infinitud…..el devenir y el ser eran lo mismo.”
Ariadna y Teseo  - Gustave Moreau
En un escenario tan evocador como Grecia, la novela convoca a diversos mitos. En la estructura -ya se ha dicho- a La Tempestad, en el espíritu al domaine sans nom de Le Grand Meaulnes e incluso al Paraiso Perdido de Milton. 
"Ahora me había introducido profundamente en el más extraño laberinto de Europa. Ahora me había convertido verdaderamente en Teseo; en algún punto de aquella tiniebla me aguardaba Ariadna; y quizás también el Minotauro." pág. 265

La novela tiene un evidente sesgo iniciático.  
"-Tengo entendido que hay más víctimas -compañeros míos de sacrificio- de lo que yo pensaba.
-Víctimas?
-O como quiera que llame usted a la gente a la que se hace sufrir sin haberles dado antes posibilidad alguna de elegir.
-Creo que esa es una excelente definición del ser humano." pág. 343
Pero Conchis lo tiene claro. "El porqué de todo lo que es, tu por qué, y el de todos los dioses, es una cuestión de simple azar. Nada más, puro azar." 
En una de sus innumerables vueltas de tuerca, Conchis declara que la farsa toda no es sino un experimento psicológico. "La psiquiatría muestra cada más un interés mayor en la otra cara de la moneda, en averiguar por qué están cuerdos los cuerdos."

Honestamente, en el epílogo, el autor nos desengaña. "Si el Mago tiene algún "verdadero significado", será un significado del mismo orden que el de los test psicológicos de Rorschach. Su significado es la reacción  que provoque en el lector, cualquiera que sea, y por lo que a mí respecta no creo que exista ninguna reacción ´correcta´."



CODA. El músculo de la novela se fortalece con la confidencia de las tres historias que modelaron a Conchis. A la referida con los nazis se suma la del maníaco religioso que vivía escondido en los bosques del Noruega: "Henrik era jansenista, creía en la crueldad divina. En su sistema él era un elegido, un ser especialmente escogido para ser objeto de castigos y tormentos continuados. (...) Era incapaz de ver la verdad objetiva que nos demuestra que el destino no es más que azar: no hay nada que sea injusto para todos, aunque hay muchas cosas que pueden ser injustas para cada uno de los individuos del conjunto." Y a esta la del aristócrata parisino que le legó su riqueza. Aunque éste no sólo le dejó todo su patrimonio, sino también unas palabras: "ultram bibis?  Aquam  an undam?."    ¿Qué bebes, el agua o la ola?

sábado, 25 de enero de 2014

La GRAN BELLEZA - de Paolo Sorrentino



Refinado, Decadente, Desesperado.-

Acabo de ver una película de otra época, hilvanada con imágenes exuberantes que desfilan con la rítmica cadencia de unos versos. Por debajo de ellas discurren preocupaciones tan universales como literarias: "¿quién soy yo?, así empieza una obra de Breton", cita el protagonista. Y en otro momento, "Flaubert quiso escribir una novela sobre la nada, ¿acabaré escribiéndola yo?"

Es una hermosísima propuesta que otea la vida y sus decepciones. Para ello acompañamos a Gep Gambardella (Toni Servillo), un escritor que acaba de cumplir 65 años y que gracias a una única novela publicada de joven, vive cómodamente instalado entre las élites sociales y culturales del país. Ahora ejerce de periodista y dilettante alargando sus jornadas hasta el amanecer, mecido por la dolce vita de Roma. Desde bien joven anheló convertirse en el Rey de lo Mundano, imprescindible en toda fiesta que se precie.

Pero últimamente sufre de ensueño. Ni la magnífica terraza de su apartamento que se asoma al Coliseo, ni sus innumerables conquistas le colman. Fumador empedernido, su espíritu se diluye en las volutas de sus caladas. Navega abandonado, a la búsqueda del tiempo perdido.

Toni Servillo hace un trabajo formidable. El porte, elegantísimo; la traza, noble; la conversación, brillante y afilada. Hombre culto, decadente y un poco cínico. El otro protagonista es Roma, con una magia que convierte el periplo del escritor en algo casi sobrenatural.

Deambulando por las maravillosas calles, plazas y palacios de la ciudad eterna, paradójicamente, Gep no encuentra la Gran Belleza. Pero quizás tropieza con la clave ante una monja misionera de vida extremadamente frugal y 104 años. Ella es quien le pregunta
-¿Por qué no ha escrito otro libro?
-Porque buscaba la Gran Belleza. Y no la he encontrado.
-Sabe por qué sólo como raíces?
-No, ¿por qué?
-Porque las raíces son importantes.
Ya no es suficiente el éxito social, el amor fugaz de una mujer, el triunfo de una buena cena o una réplica brillante. Está buscando lo que hay más allá del ruido y del bla, bla, bla.

En la fiesta de cumpleaños con que comienza la película ya nos refiere su fatum.  "La pregunta era ¿qué cosa te gusta más en la vida?  -Estaba destinado a la sensibilidad." Por eso detesta la afectación y la impostura. En otra fiesta, una amiga hace ostentación de escribir una literatura distinta, de su compromiso en la Universidad, de su doble papel de mujer escritora y esposa, etc. Gep la rebate con la amargura del que no se engaña a sí mismo. 
"-Cuánta seguridad, Stefanía. No sé si envidiarte o sentir desprecio.
-Sí, tengo seguridad. He sufrido, me he levantado de nuevo y he aprendido muchas cosas de la vida. Bien. Veo que no me rebatís.
-No te rebatimos porque te queremos. No queremos dejarte en ridículo. Porque todo ese orgullo, esa ostentación de tu “yo”, “yo”,.. esos juicios cortados con hacha, esconden fragilidad y disgusto. Esconden mentiras. Nosotros te conocemos, te queremos. Conocemos también nuestras mentiras; pero por eso, a diferencia tuya, hablamos de cosas banales, de tonterías y de inmundicias. No tenemos intención de medirnos con nuestra mezquindad.
-Pero de qúe mentiras hablas. Todo lo que he dicho es verdad. Es como es, es lo que yo creo.
-Por favor, soy un caballero, no destruyas mi única certeza.
-No, no, no. Ahora me dices cuáles son mis mentiras y mis fragilidades. Soy una mujer con pelotas. Vamos, habla.
-Ante una mujer con pelotas cedería cualquier caballero. Tú lo has querido. En orden aleatorio; tu vocación civil en la Universidad no la recuerda nadie. Sin embargo, muchos recuerdan otra vocación, una vocación que se consumía en los baños de la Universidad. Escribiste la historia del Partido porque eras amante del líder. Tus 11 novelas publicadas por una pequeña editorial suscrita al Partido, analizadas en pequeños periódicos cercanos al Partido, son novelas irrelevantes, lo dice todo el mundo. Eso no quita que mi novelita juvenil fuera irrelevante, tienes razón . Tu historia con Eusebio ¿cuál? Eusebio está enamorado de Giordana. Lo sabe todo el mundo. Hace años que comen en Arnalda, en el Panteón, bajo el perchero, como dos enamorados bajo un roble, todos lo saben pero fingen como si no. La educación de tus hijos que llevas minuto a minuto, trabajas toda la semana en la TV, sales todas las noches, incluso los lunes, cuando no salen ni los camellos. No estás con tus hijos ni en las largas vacaciones que te concedes. Además, precisando, tienes un mayordomo, un camarero, un cocinero, un chófer que lleva a los niños al colegio y tres niñeras. ¿Cómo y cuándo se manifiesta tu sacrificio? Estas son tus mentiras y tu fragilidad. Stefá, madre y mujer. Tienes 53 años y una vida devastada. Como todos nosotros. Así que en lugar de darnos clases de ética y mirarnos con antipatía, deberías mirarnos con afecto, estamos todos bajo el umbral de la desesperación. No tenemos más remedio que mirarnos a la cara, hacernos compañía, tomarnos el pelo, ¿o no?"
Demoledor.
Sobretodo viniendo de un vividor. "Hacemos las mejores congas de Roma; y lo que más me gusta es que no llevan a ninguna parte". Hasta en dos ocasiones repite la anécdota de que Flaubert quería escribir un novela sobe la nada.
No por ser un viaje íntimo, deja Sorrentino a su protagonista ajeno a la realidad. A su alrededor no hay jóvenes, el país los ha expulsado (¡Como en España!). En cambio retrata a toda una caterva de seres envejecidos, ahitos de poder y vacuos. Al modo felliniano todo lo resume una magistral escena donde un cirujano plástico va inyectando bótox en cada uno. Semejan reptiles o momias, alargando unas vidas ya devastadas.

"La Gran Belleza" es una obra densa y vibrante que destila unas imágenes embriagadoras mientras nos sitúa suspendidos en el vacío merced a una música hipnótica. Se abre con una cita que es la que se encuentra en el frontis de El viaje al fin de la noche de Céline: "Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia". Y no es por casualidad. También Gep se reconoce sumergido en un viaje de la vida a la muerte. Destinado a la Belleza, el autor no ha surcado más campo que el de la mezquindad y el ruido. Menos furioso que Céline, no por ello resulta menos desolador. 
Nuevamente paradójico, Sorrentino logra una profundidad inusitada reiterando la simplicidad de la historia -un truco- y lo insulso de una novela sobre la nada.

Cinematográficamente la película es suntuosa. Hace un uso magistral de los travellings y planos secuencia, haciendo que la cámara sea un acompañante más de estos seres devastados. La música redondea la función, una música muchas veces minimalista, con la capacidad de ensanchar el espacio, de invitar a sentir. Una música tan espiritual como doliente que certifican obras como la sinfonía nº 3 de Gorecki, el I Lie de David Lamb, el Dies Irae de Zbigniew Preisner o la mística resonancia de Arvo Part con su My heart´s in the Highlands.

El final es bellísimo. En un doble montaje, la monja centenaria sube la escala santa mientras Gep desembarca en el faro donde quedó anclado el recuerdo de su primer amor. Atisbando por fin sus raíces, en off, su espíritu clama.
"Termina siempre así, con la muerte;
pero antes hubo vida escondida
debajo del bla, bla, bla,
y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido:
El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo
los demacrados, caprichosos destellos de belleza,
y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. 
Todo sepultado bajo la cubierta
de la vergüenza de estar en el mundo,
bla, bla, bla, bla, bla. 
Más allá, está el más allá.
Yo no me ocupo del más allá
por tanto, que esta novela dé comienzo.
En el fondo es sólo un truco."
Sí, es sólo un truco, pero capaz de enaltecer el alma.


P.D.
  -Una crítica estupenda de la película.
  -Y aquí otra, extraordinaria.
 -No me resisto a insertar la secuencia de los créditos final, con música de Vladimir Martynov, "The Beatitudes"


La GRAN BELLEZA de Arvo Pärt


Me cautiva la música seleccionada por el cineasta Paolo Sorrentino para su obra La Grande Bellezza. En el blog de Eduardo Paz Carlson encuentro este precioso y preciso párrafo sobre la música de Arvo Pärt, cuyo My heart´s in the Highlands se incluye en la banda sonora. Sin duda el misticismo y la trascendencia de estas notas casan perfectamente con el espíritu de la película, un escritor buscando la fuerza de sus raíces.



"My heart is not here,… Farewell to the Highlands, farewell to the North… Farewell to the mountains high cover'd with snow; My heart's in the Highlands, whereever I go.”    Canta una voz que viene del corazón de esa luz y que se escapa entre los altos abedules. El espíritu queda en suspenso. El mundo se ha detenido un instante. Todo es misterio. “Qué es esto que me traspasa de luz y percute mi corazón sin herirlo” se preguntaría San Agustín. Es la música de Arvo Pärt. Es el numen que canta. Es My heart's in the Highlands (sobre versos del poeta romántico escocés Robert Burns) del disco Triodion de 1998.

Pocas notas. “Pärt hace resonar cada nota en su plenitud” (Bjork). Notas que van con la respiración humana. Exhalan e inhalan. Lentamente se van tensando. Armonías como redes se van tejiendo alrededor del alma. Coros que surgen en tenues disonancias desde fondo de una catedral en penumbras. Susurros que se van arremolinando hasta un estallido extático místico y entregado. Es la música de Arvo Pärt."






Es curioso. Hace un par de días acudí al cine para ver La Gran Belleza y hoy estoy intentando redactar este post sobre la película y su música. Arvo Pärt concibió su música sobre los versos del poeta escocés Robert Burns. Pues bien, justo hoy, 25 de Enero, es el aniversario del nacimiento de este poeta escocés. En Escocia se celebra su memoria con una noche de poesía en la que se saborea con fruición su potente plato nacional, el haggis; que consiste en una mezcla de pulmón, estómago, corazón, hígado y demás entrañas de cordero. Todo ello bien mezclado con avena y especias aromáticas. La otra parte de la celebración es que mientras tanto se recita poesía hasta altas horas de la madrugada. Burns también es conocido por Auld Lang Syne (Por los viejos tiempos) y My Luv Is Like a Red Red Rose (Mi amor es como una rosa roja, roja).

My Heart´s in the Highlands

                                                         Adiós a las Tierras Altas, adiós al Norte,
                                                         El lugar de nacimiento de la Valentía, la tierra del Valor;
                                                         En cualquier parte por donde yo vague, por donde yo yerre,
                                                         Por siempre amaré las colinas de las Tierras Altas.

                                                         Mi corazón está en las Highlands, mi corazón no está aquí
                                                         Mi corazón está en las Highlands, persiguiendo al ciervo.

Farewell to the Highlands, farewell to the North,
The birth-place of Valour, the country of Worth;
Wherever I wander, wherever I rove,
The hills of the Highlands for ever I love.

My heart's in the Highlands, my heart is not here;
My heart's in the Highlands a-chasing the deer;
A-chasing the wild-deer, and following the roe,
My heart's in the Highlands wherever I go.

Farewell to the mountains high covered with snow;
Farewell to the straths and green valleys below;
Farewell to the forests and wild-hanging woods;
Farewell to the torrents and loud-pouring floods.

My heart's in the Highlands, my heart is not here;
My heart's in the Highlands a-chasing the deer;
A-chasing the wild-deer, and following the roe,
My heart's in the Highlands wherever I go.




Auld lang syne”, en escocés, literalmente significa “hace mucho tiempo”; aunque se traduce más adecuadamente como “por los viejos tiempos”

¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y nunca recordarse?
¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y los viejos tiempos? 
CORO:Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos. 
Los dos hemos correteado por las laderas
y recogido las hermosas margaritas,
pero hemos errado mucho con los pies doloridos
desde los viejos tiempos.
CORO
Los dos hemos vadeado la corriente
desde el mediodía hasta la cena,
pero anchos mares han rugido entre nosotros
desde los viejos tiempos.
CORO
Y he aquí una mano, mi fiel amigo,
y danos una de tus manos,
y ¡echemos un cordial trago de cerveza
por los viejos tiempos!.

martes, 21 de enero de 2014

El LOBO de WALL STREET - de Martin Scorsese








Todo es una filfa
¡Dios mío qué ímpetu atesora el maestro Scorsese, y eso que tiene 71 años! Es capaz de recoger un personaje y toda la jodida época noventera y meterla en una vertiginosa coctelera de dinero, sexo, drogas y rock´roll.

La energía que despliega la película es enorme, el nivel de la depravación que retrata altísimo, a los excesos de un lenguaje soez se unen otros tan idiotas como legendarios (lanzar enanos a una diana, pasear un chimpancé por la oficina o practicar sexo con prostitutas de lujo en el ascensor de cristal). Y drogas, drogas, drogas hasta la inconsciencia. "¿Cómo aguantar sino este trabajo?", dice un personaje.

La película recrea una adicción y ella misma se conforma como una, excitada y provocativa. El dinero es la sangre de este torrente y sus leucocitos las drogas y el sexo. Para plasmarlo en imágenes el director utiliza todos los recursos expresivos a su alcance con un dinamismo enloquecedor. Unas veces es el protagonista que rompe la cuarta pared y habla directamente a cámara ("¿Era legal aquello?"), otras coloca una voz en off para subrayar un efecto ("¡Un millón de dólares! Apenas podía imaginarme cómo sería el tipo en cuestión."), otras montando verdaderos videoclips con la música a todo trapo y la cámara persiguiendo al protagonista. Toda una lección de cine excitado y excitante.
















Pero no por eso el director pierde el norte. Su aguja apunta claramente a la adicción y a la avaricia. La presentación es monumental. La cinta se abre con el anuncio televisivo de la agencia de brokers. Un león se pasea emanando poder y control por una oficina pulcra y hacendosa. "Para guiarles por la jungla financiera" dice la voz en off. "Estabalidad, integridad, orgullo" canta el slogan. Para, en furioso contraste, al plano siguiente mostrarnos esa misma oficina enloquecida, con todos sus brokers haciendo apuestas mientras lanzan a un enano contra una diana. En esos fabulosos 15 minutos iniciales asistimos primero al spot institucional, luego a su enloquecido reverso y para concluir seguiremos al mismísmo Jordan Belfort en plena acción (snifando en la oficina, felación en el Ferrari, exposición de yate y mansión) en un spot de sí mismo, destripando al personaje voraz y libertino. Leonardo DiCaprio pone en pie con verdadera pasión a un personaje que ya es icónico.
"Primero recibí el libro y luego este increíble guión que estaba lleno de referencias al Imperio Romano, porque, aunque la historia de Jordan ocurrió a finales de los ochenta o principios de los noventa, la novela me recordaba a Calígula, el emperador loco." 
Después de estos quince esclarecedores minutos ya puede comenzar la historia, un american way of life sembrado de mentiras y estafados. 
22 años y recién llegado a Wall Street, el joven Jordan Belfort es invitado a comer por su jefe, Mark Hannah (Matthew McConaughey). El diálogo entre colegas resulta tan brutal como conciso. Míster Hannah revelará a la bestia en apenas una docena de líneas y dará a Jordan la última lección que recibirá en su vida.
"-El juego consiste en pasar el dinero del bolsillo de tu cliente a TU bolsillo.
-Ya, pero si puedes hacer que tu cliente también gane un poco de dinero, mejor. Así todos salimos beneficiados ¿Correcto?
-¡No! Regla nº 1 en Wall Street: nadie, ni aunque seas Warren Buffet, o Jimy Buffet, NADIE sabe nunca si un valor va a subir o bajar, ir de lado o ir en putos círculos....y mucho menos los brokers. Es todo una filfla, ¿sabes lo que es una filfla?
-No, filfa, ¿farsa, artificio?
-Filfa, Filfa...una frasa, un artificio, pura fantasía. No existe, no se posa, no sale en la tabla periódica...es jodidamente irreal.
-Vale.
-Sígueme. No creamos nada. No construimos nada. Si tienes un cliente que compró acciones a 8 y ahora se venden a 16, el cabrón se pone contento, ¡quiere venderlas!, liquidar su puta pasta y volver a casa. No permitas que lo haga ¡ESO LO HARÍA REAL!
-Ya.
-No. ¿Qué haces? Se te ocurre otra brillante idea. Una idea especial. Otra situación, otras acciones para reinvertir sus ganancias y más, si puedes. Y lo hará una y otra vez porque son unos putos adictos. Y seguimos haciéndolo una y otra vez y otra vez. Mientras tanto él cree que se está forrando...y es cierto, sobre el papel . Pero tú y yo, los brokers, nos embolsamos dinero contante y sonante con las comisiones, hijo puta.
-¡VALE!
...
-Mantén a tus clientes en la noria."

"A los pocos segundos ya estaba enganchado. Era como meterte adrenalina en vena", reconoce Jordan. Y es verdad que no sólo de dinero y avaricia se trata. Cuando los federales ya lo enciman, el abogado de Jordan logra un acuerdo para que pague una multa simbólica por malas prácticas y se retire. El broker acude al púlpito que tiene en su oficina. Desde allí suele arengar a sus tropas, pero hoy toca despedirse. Hilvanando las frases una detrás de otra, la sangre de Jordan comienza a arder y acaba gritando "¡Que se jodan!". No se irá. No puede. Necesita esa droga. El irresistible chute de manipular y vencer, ¡salirte con la tuya!

"Mi primer día como puto amo del universo", dice con su licencia de agente de bolsa. Alguna pose, algún plano nos acerca el eco de Ciudadano Kane, el prohombre capaz de conformar el mundo según su voluntad. Pero seamos serios, siendo una gran película está un par de palmos por detrás. Menos en la propia concepción de la película (las dos tienden al virtuoso puzzle), que en el desarrollo dramático y los personajes. Supongo que conscientemente, cuando Scorsese fotografía al gran Jordan Belfort en un momento de gloria (organiza su despedida de soltero como una verdadera bacanal), nos lo presenta de pie y desnudo ante el ventanal de la planta 27 de un hotel, rodeado de cuerpos exhaustos. Lo hace con un plano picado que puede recordar al de Welles sobre un suelo inundado de periódicos. En uno se percibe la voluntad de poder. En el otro un gusano se escurre entre el lodo.
















Todo el elenco está genial. DiCaprio hace tiempo que subió a los altares y el maestro Scorsese ha sido capaz de sacar a un nuevo Joe Pesci aunque sea con sobrepeso y gafas de pasta. Se llama Jonah Hill e interpreta a Donnie Azoff, el vicepresidente de Stratton Oakmont Inc. Esas escenas típicas de un Pesci chiflado y enardecido que persevera en una equivocación hasta cagarla, las vemos reproducidas en la del parking, donde Donnie Azoff debe entregar un maletín de dinero: ahí están el absurdo, la tensión y la estupidez del que se cree inexpugnable.

Es verdad que cuando acaba la película me parece un poco estragada. Los discursos y las arengas se repiten más de la cuenta, así como las escenas de desenfreno. Aunque también es cierto que cuando la caída se avecina y la historia necesita echar la vista atrás, tu bolsa de recuerdos, insolencias y barbaridades ha de estar llena, para que la sensación de lo pasado sea plena.

La película está concebida escena a escena. Cada una con su propio ritmo y música. La de DiCaprio y McConaughey, la de Jordan en su primera venta de las acciones "de a centavo", las arengas a sus "lobos", la del Ferrari volviendo del club de campo totalmente pedo (por cierto hilarante), la del banco suizo, la del naufragio del yate... La forma de rodar de Scorsese y la de montar de su fiel Thelma Shoonmaker tienen un sello y una fuerza inconfundible.

Como en toda su filmografía, la pantalla destila adrenalina, te empuja al frenesí; pero siempre hay un momento en que la música se para y el plano se convierte en un espejo (Paul Newman sobre una bola de billar al final de El color del dinero) o en un precipicio. Te has vuelto a quedar sólo con tus pensamientos, estás a punto de estrellarte y toda la película vuelve a pasar por tu mente. El plano final  hace que te vuelvas sobre ti.