jueves, 13 de marzo de 2014

NOCTURARIO - de Thomas Ligotti







"Lo siniestro, lo terrible, jamás nos engaña: el estado que nos aporta es siempre un estado de lucidez. Y sólo ese estado de descarnado conocimiento nos permite una comprensión total del mundo que tenga en cuenta todas las cosas." 

Así reflexiona el protagonista del cuento La Medusa y esa parece ser la aspiración de Thomas Ligotti, un conocimiento de la realidad que va más allá de los sentidos y hasta de los sueños. 
Para ello el autor nos hace transitar por unos territorios oscuros y apelmazados, cuya realidad es inconstante y donde los edificios y habitaciones palpitan y se deforman como si fuesen engendros del abismo. 
El estilo de Ligotti es elusivo y tortuoso; sus historias, perturbadas; y sus mundos se agitan en plena fermentación. "Los lugares deben verificar su existencia", llega a escribir. En sus páginas desaparece el tejido de la realidad para asomarse a espacios siniestros, plenos de desasosiego. 

Nocturario se divide en tres secciones. Las dos primeras contienen narraciones con personajes, mientras que la última, titulada Cuaderno de la noche, se compone de breves textos que alumbran fogonazos o atisbos de una mente delirante, clarividencias y descripciones de escenarios alucinados traspasados por un extraño lirismo.

Pareja zoomorphe en gestación - Max Ernst
Muchos personajes afrontan la febril búsqueda de un dios particular que los conduce a una torva inmolación. Así ocurre en La Medusa o El prodigio de los sueños. El ansia cósmica y los rituales lo emparentan directamente con H.P. Lovecraft.
"Por mucho que haya aprendido y viajado, esta no se encuentra entre las deidades de las que haya oído hablar, no está entre esas divinidades de las que haya podido reírse. Podría estar remotamente relacionada con esos númenes de los sistemas romanos de alcantarillado y pozos ciegos. Pero no es una simple Cloacina, ni un Mefitis o Robigo. Este dios es conocido por el nombre de Cynothoglys: el dios sin forma, el dios de los cambios y la confusión, el dios de la descomposición, el dios enterrador tanto de dioses como de hombres, el metaenterrador de todas las cosas." pág 82
Esta blasfemia inquisitoria, tan lovecraftiana, también la encontramos en El Tsalal, un largo cuento sobre el poblacho de Moxton, "una ciudad esqueleto", donde ha venido a parar un impío sacerdote con su hijo. 
"¿Recuerdas Andrew, las aventuras de un tal Arthur Pym en una tierra fantástica donde todo, sus gentes y el paisaje, es de una negrura perfecta: el país antártico de Tsalal? Era esta una de las mejores evocaciones que encontré sobre esa negrura que nadie había visto jamás, una revelación literaria de la existencia sin alma ni sustancia, sin signfiicado ni necesidad." pág. 121
El chivo expiatorio, el sacrificio ritual será la convocatoria para los habitantes de Moxton justo cuando "el misterio del caos" comience a actuar. Las imágenes de este pueblo perdido en medio de la Nada y la inconsciencia son formidables. Los habitantes son testigos de fenómenos grotescos y repugnantes, pero cuando van a referirlo "sus palabras se vuelven confusas. Habían visto algo y, sin embargo, no habían visto nada."

En Demente velada de expiación un científico desaparece para bucear en el plan maestro del Supremo Hacedor. "Lo único que tenía el Creador en mente era una atracción de feria de tercera categoría". Para ello creará una desventurada máquina, El Rayo Sagrado, el Ojo del Creador, con el que desvelará el misterio.
El Ojo del Silencio -  Max Ernst

Pero entre sus referentes también podemos citar a Walter de la Mare. Así en Conversaciones en una lengua muerta el autor repta por la mente de un pedófilo asesino, enclaustrado en su cubil, esperando la oportunidad que le brinda cada año el Halloween.
También en El ángel de la señora Rinaldi donde los sueños rastrean la perdición de un niño. "Aunque me privara del privilegio del descanso natural, quizás obtuviera algún beneficio: la terrible opulencia del sueño, un mundo rico y henchido alimentado de la extenuación de la carne. El mundo, de hecho, tal cual es." La madre lo lleva a la Sra. Rinaldi que posee un angelical remedio. Aunque los sueños son pertinaces.

El extraño diseño del maestro Rignolo es quizás la más clásica de las narraciones, donde encontramos a un pintor capaz de transponer esa verdadera realidad:  "Lo que quiero decir es que para habitar mis paisajes uno debe, y no en sentido figurado, transformarse en ellos."

El último cuento, La voz en los huesos, prácticamente carece de acción y podría considerarse el relato paradigmático de Ligotti. En él la realidad y el inconsciente se convierten en un magma negrísimo que se precipita al caos. 
"Comenzó a moverse de una habitación a otra en una laboriosa expedición y se convirtió en fugitivo en un mundo de retorcidas suposiciones. Una ventana permitía que penetrase alguna iluminación vidriosa, una luminiscencia cristalina, pero con frecuencia confundida debido a ciertas variaciones que percibía en los diseños de estas habitaciones. Forzado a doblar una esquina invisible, llegó hasta una pequeña puerta, y por el vano se divisaban finas líneas de luz que aparecían y desaparecían de forma intermitente en la oscuridad. Abrió la puerta. Al otro lado había un largo pasillo de techo bajo con una hilera de pequeños faroles que se apagaban y encendían al unísono a lo largo de ambas paredes. Se quedó quieto y observó. Y es que tuvo la impresión de que algo brotaba en el pasillo durante los intervalos de oscuridad, un enjambre de oscuras formas que apenas se dispersaban de forma imperfecta cuando volvía la luz, retorcidos espectros que de alguna manera pertenecían a las propias paredes y se extendían con deformes miembros. Se agachó y luego cruzó los brazos sobre el pecho para no tocar nada que no debiera ser tocado. Cuando la luz volvió a inundar el pasillo, echó a correr por él y se sintió lanzado hacia delante, extrañamente propulsado por una fuerza que no era la suya propia y que no podía controlar. Se quedó trabajo en una barandilla, lo cual evitó que se desplomarse por el hueco de una escalera que se perdía en las oscuras profundidades. " pág 173
Andrés Rabadán
No falta el carácter ritual de su protagonista entregándose a unos dioses terribles.
"El que había soñado sobre huesos y sombras -huesos y sombras mezcladas- hablaba con estas voces y conocía el verdadero nombre que llamaba a su poseedor hacia las sombras emvolviéndolo con pliegues de negrura y arropándole en su mortaja" pág 180.
Ligotti representa un terror filosófico, donde abunda el retrato de un ser humano alienado. En la presentación de sus relatos el mismo autor nos revela que
"La experiencia de lo extraño es un hecho fundamental e inexorable en nuestra vida. Existe un conocido relato en el que se cuenta lo que sigue: Un hombre se despierta en medio de la oscuridad y alarga el brazo para coger las gas de la mesilla. Alguien o algo coloca las gafas en su mano. (...)  Entonces, la propia mente del lector se llena de la oscuridad de aquel dormitorio en el que alguien, cualquiera persona, se despierta. Así pues, el interior del cráneo del lector se transforma en las paredes jalonadas de sombras de aquel dormitorio y todo el drama transcurre en un lugar del que no se puede escapar".
En estas palabras iniciales reflexiona sobre el fatalismo y lo enigmático de una realidad macabra. La que refleja en sus cuentos donde abundan habitaciones inconsistentes, ambiguos maniquíes, torres abominables de las que solo se puede huir hacia profundidades de locura y dioses atroces que apuntan al "desnudo horror de la Nada".

Por el prólogo de Jesús Palacios conocemos que Ligotti sufrió durante años una profunda depresión. También que es un autor reticente y poco dado a la publicidad que, según confiesa, dedica la mayor parte del tiempo a ver en su casa telebasura.

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