Ambigüedad moral y traición en los personajes, complejidad y juego de apariencias en la trama, implicaciones políticas, acción, suspense y alcance internacional; todo lo que se puede pedir a una película de espías lo tiene esta magnífica serie que mantiene el fulgor de la primera temporada. La historia retoma el personaje de Jonathan Pine (Tom Hiddleston) diez años después, para volver a colocarlo en medio de una operación de venta de armas; pero en este caso con destino a Colombia.
En la primera temporada Pine era el encargo nocturno de un lujoso hotel en El Cairo que es captado por el MI5 por ser un testigo privilegiado de los encuentros y negocios sucios que Richard Roper (Hugh Laurie) concierta en dicho hotel. Finalmente conseguirá infiltrarse en el círculo más íntimo del traficante para destruirle desde dentro.
Ahora, 10 años después, nos encontramos a Pine convertido en un simple funcionario del MI5. Dirige una unidad de vigilancia remota, los “Night Owls” (Búhos Nocturnos), que observa y analiza operaciones a distancia desde la Casa del Río, bajo las órdenes del jefe Mayhew. Su unidad no tiene capacidad operativa ni de intervención, pero cuando en una escucha aparece el nombre de Richard Roper, las alarmas de Pine se encienden. Hay un hombre de negocios colombiano, llamado Teddy Dos Santos (Diego Calva), que se presenta como 'el sucesor' de Roper.
Los primeros indicios señalan que está implicado en una operación de venta de armas procedentes del Reino Unido y con destino a Colombia. Para rematar la faena, en el seguimiento de un intermediario, se descubre que un alto cargo del MI5 está implicado y cuando Pine acude a casa de Mayhew para comunicárselo se encuentra con su aparente suicidio. ¿Qué está pasando? ¿Qué puede hacer?. No confiará en nadie y seguirá el hilo hasta ver a dónde le lleva, sin contar con nadie más que con su pequeño e inexperto equipo.
Su primer encuentro con Dos Santos será en España, en la Costa Brava. Entonces comprobará que la mesa a la que se acaba de sentar es la de los mayores. Allí se juega con fuego real. Su siguiente encuentro ya será en Colombia, donde descubrirá que la operación tiene implicaciones políticas de calado. Pine no lo duda. La historia parece condenada a repetirse. Tendrá que volver a infiltrarse en el círculo de un traficante para conocer sus entresijos; pero Colombia no es ningún paraíso. El peligro es enorme porque allí la corrupción campa a sus anchas y los traficantes hacen y deshacen a su antojo. Incluso en fiscal general (Alberto Ammann) con el que contactan corre un serio peligro.
La serie consta de 6 episodios convincentes, intensos y fulgurantes. Los tres primeros trenzan una clásica intriga de seguimientos, sospechas y llamadas. Los tres últimos son vertiginosos. Pine tiene que lanzarse a una operación encubierta sobre el terreno y volver a infiltrarse. Su puerta de entrada será Roxana Bolaños (Camila Morrone), una joven a la que vio de refilón tratando con Mayhew. Ella pondrá a Pine en contacto con Dos Santos y los tres formarán un triángulo atravesado por el engaño, la vulnerabilidad y la seducción.
Las historias personales de Roxana y Dos Santos son dolorosas, servirán para explicar sus actos y para que Pine descubra cómo pueden ser manipulados. Dos Santos fue un niño abandonado que recogieron en un monasterio. Una vez al mes venía a visitarlo un hombre a bordo de un coche negro. Él creció esperando ansioso ese día en que aparecía el coche negro. De hecho esa imagen fue el origen de esta nueva temporada, según ha declarado su guionista.
El episodio 4 incluye un giro argumental morrocotudo, que eleva todavía más la potencia de la trama y posibilita que los dos últimos episodios sean magníficos. Los traficantes llegan a descubrir el juego de Pine, pero él demuestra bravura e inteligencia citándose con el jefe enemigo para ofrecerle que se rinda.
El juego es portentoso.
Una auténtica partida de ajedrez en la que, cada uno por su lado, intenta anticipar los movimientos del contrario... mientras se guarda alguna carta marcada.
El esquema argumental de esta segunda temporada es calcado al de la primera. Un agente del MI5 se infiltra en el equipo de un traficante de armas y lo consigue a través de una hermosa mujer. Pero el guionista y showrunner David Farr ha logrado dibujar un nuevo territorio con sus propias tensiones geopolíticas, crear personajes nuevos con una historia detrás y trazar un itinerario lleno de cadáveres. Todo ello dota de envergadura a su nueva propuesta.
Si repite esquema es porque sólo hay una novela de John Le Carré sobre las andanzas de Johathan Pine, The night manager (1993); y ni tan siquiera es de las más famosas. Pero la miniserie que la adaptó quedó tan redonda que su continuación rondaba por la cabeza de su creador. Tenía que ser tan british, intrincada y cínica como la primera para llamar la atención y contar con el mismo elenco. Conseguido.
El final de esta segunda temporada es apabullante y deja un gancho para enlazar con una posible tercera. Si es a este nivel estaremos de enhorabuena. En una breve aparición Angela Burr (Olivia Colman) advierte: "Hay algo más allá de Roper, algo más importante..."







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