miércoles, 16 de octubre de 2013

Alamut

de Vladimir Bartol









Soprendente y vivísima novela que mezcla magníficamente aventuras, guerras, religión, filosofía y un punto de intriga con el almizclado aroma del Oriente.

Alamut es una fortaleza casi inexpugnable que domina el valle desde el macizo montañoso de Elburz, al Norte de Irán. A finales del siglo XI allí sienta sus reales el Viejo de la Montaña, el implacable Ibn Sabbah. Se presenta a sí mismo como el nuevo profeta y líder de la secta ismaelita que agrupa a los seguidores de Alí. También es el urdidor último de un sutilísimo plan que aspira a derruir el imperio turco de los selyúcidas que extiende su influencia hasta el califato de Bagdad.
"¡Qué fábula la vida! La juventud estaba llena de sueños, una búsqueda agitada llenaba la edad madura. Y ahora, en el ocaso, sus antiguos sueños comenzaban a hacerse realidad. Disponía de treinta castillos. Era el jefe de miles de creyentes. Sólo una cosa le faltaba para alcanzar el punto sublime: llegar a ser el terror de los poderosos y de los tiranos extranjeros, fuesen quienes fuesen. El plan que estaba a punto de llevar a cabo era el medio para realizarlo. Plan fundado sobre el conocimiento minucioso de la naturaleza y de las debilidades humanas. Un plan salvaje y demente, un plan calculado, cifrado, medido." pág. 195
La novela nos introduce en Alamut de la mano de dos jovencitos, la niña Halima e Ibn Tahir, nieto de un mártir de la causa ismaelita. La una estudia para convertirse en hurí, el otro en fedayín. Su aprendizaje centra el primer tercio de la novela, donde se nos revela alguno de los recovecos de un armazón al margen del mundo, regido por el misterioso Seiduna (mi amo) que nunca aparece en público.
"extraños fulgores iluminaban las fortificaciones alrededor. Los edificios, las torres, los parapetos se presentaron así transfigurados, casi irreconocibles. Todo en aquella hora adquiría un aspecto insólito, incluso fantástico. Sí, el decorado era ahora casi el de un cuento..." pág. 55
El momento histórico es el de una encrucijada. Los sectarios de la Sunna gobiernan Irán pero soterradamente se multiplican los seguidores de Alí, considerado el legítimo heredero de Mahoma. Se masca un combate a muerte entre los ismaelitas y el califa de Bagdad, a quien acusan de lacayo de los turcos. 
"Pues está escrito que después de los seis grandes profetas, que fueron Adán, Noé, Ibrahim, Moisés, Jesús y Mahoma, vendría un séptimo enviado, el más grande: Al-Mahdi. Y éste descendería de la dinastía de Ismael. Es el que esperamos ahora y por él combatimos. En verdad os lo digo: el castillo de Alamut abriga grandes secretos." pág. 69
El personaje de Ibn Sabbah es legendario. Ha quedado grabado a fuego en el imaginario histórico y si he calificado de sorprendente al libro, es precisamente porque entre sus muchas sorpresas, quizás la mayor sea su personalidad. En ningún caso un ciego sanguinario con poderes casi mágicos (como aparece en la colorista película El Príncipe de Persia: Las arenas del Tiempo); sino un intelectual que ha estudiado todas las religiones y ha escrutado en profundidad el alma humana. La filosofía de Ibn Sabbah dejará a más de un lector boquiabierto. ¡Qué paradoja tan enorme! Que uno de los líderes religiosos más carismáticos de toda la historia sea un descreído, un hombre absolutamente racional, obsesionado con el conocimiento. Él mismo cuenta su camino de Damasco.
"Fui en su búsqueda (del sabio ismaelita Abu Nedjm Zaradj), aún encolerizado con su predecesor que no había sido capaz de revelarme ni la sombra de un misterio, y me burlé de él y de su doctrina criticona, tan ridícula para mí como la de los sectarios de la Sunna. Ni él ni los devotos que lo rodeaban, podía apostarlo, sabían nada acerca de cuándo vendría el Mahdi... y no hacía más que engañar a los creyentes ávidos de verdad... Todo el tiempo que hice llover sobre él aquella escarcha negra, esperé que saltaría y me pondría de patitas en la calle. Pero el refike me escuchó con calma...Incluso observé que cierta sonrisa de satisfacción afloraba a sus labios. Cuando finalmente no me quedó nada por decir, declaró: "Has pasado maravillosamente el examen, mi joven amigo. Incluso déjame predecirte lo siguiente: estás maduro para recibir la verdadera doctrina ismaelita, pero antes debes prometerme que no le contarás a nadie lo que voy a enseñarte antes de que seas consagrado". Estas palabras me llegaron a lo más hondo. Así pues, yo había tenido razón al sospechar que allí había algún misterio. Le hice con voz trémula la promesa que me pedía, tras lo cual comenzó este discurso: "La historia de Alí y del Mahdi sólo es un espejismo destinado al común de los creyentes que veneran el nombre del yerno del Profeta y odian Bagdad. Pero al que puede comprender nosotros le explicamos tal como el califa Al-Hakim, que el Corán es fruto de cerebros perturbados. Tienes que saber que nadie debe saber la verdad. Por consiguiente no creemos en nada.. y podemos hacer cualquier cosa". Me sentía como golpeado por un rayo." pág. 165

Asesinato del Gran visir Nizam Al-Mulk por un hashshashin.
Así es como Ibn Sabbah alumbra un plan casi cósmico, preñado de pequeños mecanismos y conspiraciones que va cobrando forma a lo largo de más de veinte años. En el corazón de este plan está la creación de los fedayines, guerrilleros fanatizados que no temen a la muerte. Posteriormente se los conocería como Hashshashiyyín,(debido a que Ibn Sabbah exacerbaba su valor con píldoras de Hashish) Secta de los asesinos o cuchillos vivientes. Su objetivo será derribar dinastías y asesinar a los poderosos refractarios a su plan.
"Sí, los pueblos buscaban fábulas y cuentos y amaban la ceguera en la que vagan. Omar acababa de servirse una copa de vino. En ese momento nació en mí un plan, que sentí poderoso, inmenso, un plan que el mundo nunca había conocido: aprovechar la ceguera humana hasta sus últimos límites. Servirse de ella para alcanzar el cenit del poder y volverse independiente del resto del mundo. ¡Realizar la fábula! ¡Transformar la leyenda en realidad, de manera que la historia hablara de ella mucho tiempo después! ¡Hacer un gran experimento con el hombre!." pág. 171
El experimento estaría validado por haber accedido a la última sabiduría tal y como confiesa a su amante Myriam.
"El que ha descubierto que todo lo que la gente llama dicha, amor, alegría no es más que un conjunto de falsos cálculos, construido sobre hipótesis erróneas, sólo encuentra en su corazón un terrible vacío. La única cosa que podría aún despertarlo de ese entumecimiento sería arriesgar su destino y el de los demás. Al que es capaz de esto, le está todo permitido." pág. 161
Caligrafía con la simbología de Alí como el Tiger de Dios
"Nada es verdad, todo está permitido" es el resumen del credo ismaelita de Ibn Sabbah. 
De joven fue amigo íntimo del poeta y filósofo Omar  Khayyam y de Nizam Al-Mulk, actual gran visir y enemigo acérrimo. El poeta había llegado a la misma conclusión pero por otros caminos.
"Un conocimiento total y definitivo es imposible -proclamaba Omar-, pues  nuestros sentidos mienten. Pero son los únicos mediadores entre las cosas que nos rodean y lo que conoce de ellas nuestra razón". "Es exactamente lo mismo que afirman Demócrito y Pitágoras -observaba yo-. Por eso la gente los condenó por impiedad, mientras ponían por las nubes a Platón que los llenaba de fábulas.". Así han sido siempre las multitudes -seguía Omar-. Temen la incertidumbre, pero eso prefieren una mentira bien servida que cualquier conocimiento, por elevado que sea." pág. 170
Trascendiendo toda trifulca entre credos, y más allá de su pérfido plan; hay que reconocer en Ibn Sabbah el hálito del más profundo humanismo, la consciencia de la orfandad respecto a los dioses y del ínfimo lugar que ocupamos en el universo.
"Perdida mi fe en Alá, mi confianza en su Profeta, pasado el encanto fascinante del primer amor. La flor del jazmín ya no exhala en mi olfato ese perfume nocturno que antes me embriagaba, y hasta los tulipanes ya no poseen colores tan vivos. Sólo el asombro ante la inmensidad del universo y el temor de despertar fenómenos celestes desconocidos han permanecido intactos para mi. La conciencia de que nuestra tierra sólo es un grano de polvo en el espacio, que nosotros mismos no somos más que un pequeño insecto, más que una ínfima variedad de piojo, me llena siempre de desesperación." pág. 289
Más allá del bien y del mal, como posteriormente teorizaría Nietzsche, desesperado en el vacío existencial, apenas encuentra un poco de consuelo en los versos de su amigo Omar Khayyam.
"¿Estás embriagado, estás enamorado? Regocíjate.
¿Las caricias y el vino te consumen? No lo lamentes.
¿Qué ocurrirá luego con nosotros? No te preocupes.
¿Lo que seas? Jamás lo sabrás... Por tanto, ¡a tu salud!"  pág. 162

De ahí que la escena más palpitante de toda la novela no sea la ejecución de un sibilino crimen o el descubrimiento de un plan que bordea la locura. Sino esa escena íntima y perturbadora en la que el joven Ibn Tahir regresa a Alamut después de asesinar al gran visir; el cual con sus últimas palabras logra desengañar al fedayín. Ahora vuelve, afligido, dispuesto a vengarse de la impostura a la que le ha sometido Seiduna. En ese momento los dos son unos desengañados. El Maestro le ofrece su última lección y lo libera para que busque el conocimiento. La cordillera de Al-Araf se convierte en una potente metáfora.
"Aún eres demasiado joven para comprenderlo. ¡Pero si tuvieras mi edad! Verías entonces que el paraíso de cada hombre no es más que el espejismo de un deseo particular. Los gozos que experimenta en él son verdaderos gozos, no necesita nada más. Si tú no hubieras adivinado mi subterfugio, habrías muerto feliz, con la misma certidumbre con la que murieron Sulaimán y Yusuf.
Ibn Tahir movía la cabeza, estupefacto.
-Escuchándote se diría que el conocimiento es pues para el hombre un regalo aterrador...
-¿Sabes lo que es Al-Araf?
-Tiene muchas razones para saber que lo sé, oh, Seiduna. Es el muro que separa el paraíso del infierno.
-Bien. Se ha dicho que ese muro estaba destinado a recibir a los caídos por una gran causa en la cual se habían comprometido contra la voluntad de sus padres. No pueden entrar en el paraíso y no han merecido el infierno. Su premio es contemplar desde lo alto ambos lugares. ¡Para que sepan! Sí, Al-Araf es la imagen del punto de vista de todos los que tienen los ojos abiertos y poseen el valor de regular su conducta de acuerdo con lo que saben. ¡Mira! Cuando creías, estabas en el cielo. Ahora que ves, que dudas, estás en el infierno. Sobre el muro de Al-Araf no hay lugar para el gozo ni el desencanto. Al-Araf es el sitio donde están equilibrados el bien y el mal. Largo y empinado es el camino que lleva a él. Y son raros los que tienen el privilegio de entreverlo. Más raros aún los que, habiéndolo entrevisto, se atreven a seguir hasta el final del camino. Porque los que están allí arriba están solos, separados para siempre de sus semejantes. Para mantenerse en esas alturas, hay que tener el corazón firme... ¿Comprendes ahora?
-Todo eso es atroz-suspiró Ibn Tahir." pág. 449
La novela tiene las dos caras de una deslumbrante moneda. El ameno tejido de los hechos históricos, el fantástico adoctrinamiento de los fedayines, las escaramuzas contra los turcos, las demostraciones sutilísimas y mortales de los designios de Ibn Sabbah... Y por otro lado la concepción filosófica que sustenta ese Nido de Águila (significado de Alamut): en el fondo toda una Teoría del Conocimiento.
"los cármatas y los druzos, de los que también descendía Hakim, sabían que el hombre sabio debe franquear los nueve grados del saber antes de acceder al objetivo. Sus deyes ganaban adeptos haciendo hermosos relatos sobre la genealogía de Alí y la venida del Mahdi. La mayoría de los discípulos se contentaban con esas fábulas rudimentarias. Los más exigentes querían saber más, y se les explicaba que el Corán era una maravillosa imagen investida secretamente de un sentido oculto. Si aún con esto no quedaban satisfechos, el maestro no dudaba en demostrarles la vanidad de su fe en el Corán y en el islam en general.  El que quería ir más lejos aprendía que todas las religiones, en lo que se refería a lo verdadero y lo falso, tenían igual valor. Hasta que finalmente algunos raros elegidos estaban maduros para la iniciación en el supremo principio, que se apoya en la negación de toda doctrina y de toda tradición. El acceso a este grado  exige del adepto el mayor valor y la mayor fuerza. Porque desde ese momento deberá caminar por la vida sin un suelo firme bajo los pies, sin bastón que dirija su marcha." pág. 225



Contraportada.- Vladimir Bartol nació en Trieste (Italia), en 1903 aunque utilizó el esloveno, su lengua materna, como vehículo de expresión literaria. Profesor de Filosofía en la Universidad de Trieste, fue un magnífico traductor de Nietzsche y ferviente admirador de las teorías de Jung y del psicoanálisis. Inmerso en la agitación ideológica del período de entreguerras, Bartol supo entrever el peligro que acechaba tras las doctrinas del totalitarismo, tanto de izquierdas como de derechas. Alamut, considerada una obra cumbre de la literatura eslovena, esconde una denuncia velada del extremismo político y un análisis profundo de la maquinaria que subyace tras la manipulación social.

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