martes, 14 de noviembre de 2017

HENRI DUCHEMIN y sus SOMBRAS - de Emmanuel Bove

Hermida Editores, 2016

Los desquiciantes vaivenes del alma, el tormentoso oleaje de las emociones, la desesperación. A todo ello están sometidos los protagonistas de estos cuentos. Seres en general solitarios y atormentados, neuróticos e hipersensibles; antihéroes de corte autobiográfico que reflejan las dificultades para satisfacer las necesidades materiales y afectivas que sufrió el propio Bove. A todos ellos sería aplicable esa desazón por la claridad de ideas que expresa el protagonista del relato La Historia de un Loco:
"Me gustaría que todo el mundo entendiera inmediatamente lo que me bulle en el cerebro sin necesidad de escribirlo. Sería todo mucho más sencillo. ¡Qué quiere que le diga, me gustan las cosas sencillas! En cuanto intento sacar a la luz sentimientos complicados, me lío y noto que se me va la cabeza. Es de lo más curioso. Veo claramente los pensamientos que tengo en primer plano dentro de la cabeza, pero, en cuanto quiero mirar lo que hay detrás, me encuentro con una nube." pág 102
El retrato psicológico que desarrolla cada relato es hiperestésico, detallista y casi obsesivo. Siempre en primera persona. Es muy sintomática la forma de narrar Lo que vi, un intento asfixiante de captar el tumulto del corazón: durante las cuatro primeras páginas los hechos se posponen fatigosamente, mientras se reiteran angustias y disculpas, "Por eso le pido, estimado señor, que sea indulgente. No tiene usted ante sí a un escritor, sino a un hombre que sufre y busca la clave que se lo explique todo". Hasta cuatro veces promete "Voy a exponerle los hechos" "Empiezo pues" sin que nos acerquemos un ápice a la cuestión; porque la cuestión es la propia inquietud. Uno de los conflictos que más se repite es el divorcio que existe entre la mente convulsa de nuestros protagonistas y la realidad. 
"Lo que me había imaginado se desvanecía en ese zumbido de vida que me rodeaba, una vida que transcurriría en derechura hasta la noche, indiferente a mis cálculos y a las complicaciones de mi mente".
Fotografía de París, por Brassaï
Los momentos de sintonía entre una y otra son escasos y por lo tanto dudosos, un factor más de paranoia. El debate es consigo mismo y con la expresión de esa intimidad atormentada. En el comienzo de los relatos solemos encontrar expresiones como "Quiero que conste desde ahora mismo, para que el lector se sienta a gusto, que no estoy loco." Y también "Estaba recobrando los ánimos cuando hete aquí que, de súbito, vuelvo a tener dudas." Y también, "¿De dónde me venía la tristeza?. La introspección, el desarraigo, el sentimiento de culpabilidad y la soledad son los puntos cardinales del territorio que esboza Bove.
Morris Column, de Brassaï

En los dos primeros relatos, El crimen de una noche y Otro amigo, los protagonistas son pobres de solemnidad, con lo cual aúnan la indigencia al quebranto existencial. En otros dos relatos, Lo que vi  y ¿Es mentira?, por contra,  son ricos, pero igualmente angustiados y corroídos por la duda, en este caso, provocada por la infidelidad de sus amadas. Así también en Visita por la noche el narrador es un burgués que recibe la visita de un amigo desesperado por el abandono de su mujer. Cuando el amigo intercede ante ella comprueba la enorme distancia que hay entre las imagen idealizada que tiene su amigo y la vulgaridad real de la mujer ("No diré que tiene pinta de arpía, pero poco le falta").  En el relato encontramos otro asunto recurrente en la obra de Bove, la amistad traicionada. Finalmente en La historia de un loco se narra el corte de marras de toda relación, la huida hacia la soledad y la muerte con la alegría de dejar atrás una tortura.   

Hallo en el volumen dos relatos extraordinarios que curiosamente son contradictorios entre sí. El crimen de una noche tiene un carácter onírico y transcurre en la noche, mientras que El regreso del hijo, es hiperrealista y ocurre a la luz del día. En el primero Henri Duchemin es pobre, vive en una habitación que es un agujero. Nos lo encontramos en Nochebuena, llueve y se refugia en un bar solitario. Una mujer le dice que si está triste debería suicidarse. Un anciano que para redimirse hay que sufrir. Finalmente un hombre le convence de algo mejor: matar a un banquero para quedarse con su dinero y ser rico. La noche y los deseos se confabulan para enseñarle el cielo y dejarlo caer. Él, como muchos otros, deambula por un mundo que se torna amenaza, sometido a fuerzas que no logra comprender. En algún sentido el relato me ha recordado al magistral Mientras dan las nueve de mi admirado Leo Perutz. 
Brassaï, París de noche

Desde este relato situado en primer lugar del volumen, la verdad es que mi interés lector fue decayendo. El existencialismo no es muy de mi agrado en literatura, tampoco las dudas burguesas de un señor sobre su mujer.  Pero hete aquí que llego al relato sexto, El regreso del hijo, quizás el más sencillo de todos, el más directo, puesto que trata de las sensaciones y emociones que van asaltando a un hijo en su vuelta al hogar. El tren le lleva de la ciudad al campo. Espera el perdón después de abandonar hace años y por las bravas, el hogar familiar. Vuelve de la luminosa París a una granja en medio del campo y afloran pensamientos y sensaciones. A las pocas páginas en mi cabeza se produce un clic. Resulta curioso cómo nuestro cerebro va encajando ideas y pensamientos en un nuevo constructo. En este relato, lleno de sutiles detalles, Bove consigue que paladee su misma y dulce melancolía. 

No es necesaria la acción, ni el ensueño o la fantasía. No son necesarias las grandes pasiones, ni las remotas aventuras. Basta que alguien sea capaz de pulsar esas tenues fibras que conforman lo más esencial de la experiencia humana y de pronto tú también puedes vibrar con una emoción genuina y sustancial. Esto es lo que consiguió Bove con este relato cuando lo leí hace un par de domingos, en una mañana otoñal. El diapasón de sus palabras reverberó en mi alma y por un momento no pude respirar. El autor consigue en él un diáfano cuenco de autenticidad. 
"En el campo  de mi juventud, de las estampas para aprender alemán, donde todo lo que utiliza el campesino está en su sitio, sin necesidad." pág 119
Enmanuel Bove (París 1898-1945) era hijo de un ruso emigrado de origen judío y de una criada luxemburguesa. En 1924, su relato “El crimen de una noche” llega a las manos de la escritora Colette, quien fascinada, respalda a Bove para publicar su primera novela, Mis amigos, en 1924. La novela lo convirtió rápidamente en un autor de culto. Los críticos lo compararon a Dostoievski y Proust. Gide, Rilke y Beckett se rindieron a su prosa.  Cuando llega la 2ª Guerra Mundial se traslada a Argel. Murió poco después de regresar a París. Tras su muerte cayó en el olvido, hasta que lectores fervientes lo rescataron en los años ochenta con gran éxito de crítica.

Bove nos habla en sus obras de la autoestima, la amistad, la autoconsciencia y la depresión. Su prosa es contenida, a veces áspera y muy precisa; montada sobre frases muy cortas. En ocasiones parece un entomólogo observando la psicología del personaje, sus tropiezos y neurosis. Uno de ellos llega a decir: "me parece que intentar conocerse a uno mismo tiene pureza."
Brassaï, La Librería de la Luna -París-

He aquí el comienzo de Visita por la Noche, como paradigma de ese estilo.
"¿De dónde me venía la tristeza? Mis libros, todos mis libros, dormían en la biblioteca. Nadie había hablado mal de mí. A mi familia y a mis amigos no los agobiaba ninguna preocupación. Estaba en el centro de todo. Así pues, no debía sentir temor de que los acontecimientos, libres de mi presencia, fueran en una dirección que me habría sido imposible modificar. No estaba descontento de mí mismo. E, incluso aunque lo hubiera estado, esa sensación no habría tenido la fuerza de esto que notaba.
Eran las once de la noche. Una lámpara sin pantalla iluminaba mi escritorio. No había salido en todo el día. Cuando el aire libre no me ha puesto la cara encarnada no me siento a gusto. Tengo las muñecas más lisas. Y me desagrada un poco notar más sedoso el vello que las cubre. Y la fuerza sin gastar, que tendré que llevarme a la cama, me estorba.
Estaba dormitando en un sillón. En el punto en que el terciopelo rojo coincide con la madera, unas chinchetas de cabeza dorada sujetan una cenefa. Faltaba una, y en ese lugar la cenefa estaba menos tirante. Yo estaba quieto. Sólo hurgaba, sin darme cuenta, en esa cenefa, intentando inconscientemente aflorar la chincheta siguiente.
Hasta que no lo conseguí no me percaté de lo que estaba haciendo. Al descubrirlo, noté cierta alegría. Es lo que me sucede siempre que me sorprendo a mí mismo haciendo algo sin saberlo o doy rienda suelta a un sentimiento que ignoraba que llevaba dentro. Me regocija tanto como un rayo de sol o una palabra grata. Quienes me reprochen esa alegría mínima no me comprenderán nunca. Me parece que intentar conocerse a uno mismo tiene pureza. Reprocharme que me estudie demasiado sería reprocharme que sea feliz.
Pero he decir que esa alegría es muy frágil. No tiene la homogeneidad de la que nos aporta un rayo de sol. Desparece enseguida y busco en mí otra cosa para renovarla. Me doy cuenta entonces, en los intervalos, de que todo me es hostil y las personas de alegrías sencillas que me rodean son en realidad más felices que yo." pág 63-4

domingo, 12 de noviembre de 2017

LOS PROTOCOLOS de los SABIOS de SION - de Umberto Eco



La Conspiración es como un legado de Will Eisner ya que la concluyó durante su último mes de vida. En ella realiza un compendio de los hechos históricos y falsedades que llevaron a esta fabulación antisemita a cobrar visos de realidad política. Eisner era judío y de niño, durante la Gran Depresión, padeció los prejuicios y vejaciones que ello entrañaba. Cuando ya adulto se topó con Los Protolos... "un documento supuestamente escrito por líderes judíos que describía detalladamente cómo conspiraban los judíos para apoderarse del mundo", quiso leerlo para comprobar lo que de verdad o mentira hubiera en sus páginas. Le llamaba la atención que "con el paso de los años, cientos de libros y numerosos artículos competentes habían demostrado la infamia de Los protocolos" y a pesar de ello no dejaban de ganar popularidad y credibilidad. Su intención con este volumen fue la de enfrentarse a esa propaganda nefasta a la que denomina "aterrador fraude vampírico". Umberco Eco, filósofo, humanista, sabio; autor de la novela El Cementerio de Praga que abunda literariamente en esta falaz conspiración; redacta la Introducción a esta obra, que conjuga la novela gráfica y el ensayo, para desvelar la verdadera y contrastada historia de este documento que utilizaron como herramienta de poder tanto el Zar Nicolás II, como Adolfo Hitler. Incluso hoy en día, Los Protocolos... se siguen publicando sin alerta de falsedad tanto en el mundo musulmán como en la Rusia del avieso Putin. 

Comienzo de la obra de W. Eisner


















"El aspecto más extraordinario de los Protocolos de los Sabios de Sión no es tanto la historia de su creación como la de su recepción.

Hoy en día se sabe que se trata de una farsa que construyeron la policía y los servicios secretos de al menos tres países, a partir de un collage de distintos textos. Will Eisner lo cuenta de principio a fin tomando en cuenta la investigación más reciente.

En uno de mis ensayos cito fuentes que los expertos no habían tenido en cuenta: por ejemplo, que el “Plan Judío” de los Protocolos para conquistar el mundo sigue, casi de forma literal en algunos casos, el plan jesuita que contó Eugene Sue primero en El judío errante (1844-45) y después en Los misterios del pueblo (1849-57). Las similitudes son tan grandes que me invade la tentación de concluir que el propio Maurice Josy (el escritor satírico francés cuyo panfleto Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, publicado en 1864, está considerado el predecesor directo de Los Protocolos y es un personaje destacado en La conspiración de Eisner) se inspiró en las novelas de Sue.

Pero aún hay más. Los estudiosos de Los Protocolos reconstruyeron previamente la historia de Hermann Gidsche que, en su novela Biarritz, escrita en 1868 y firmada con el seudónimo de Sir John Retcliffe, narra cómo se reunieron las doce tribus de Israel en el cementerio de Praga para urdir la conquista del mundo. Cinco años después, en un panfleto ruso (Los judíos, amos del mundo), la versión ficticia de Gidsche se relata como si de verdad hubiera ocurrido.


En 1881 Le contemporain reeditó la historia y aseguró que procedía de una fuente fidedigna: quién sino el diplomático británico Sir John Readcliff. En 1896, también Francois Bournand incluye los argumentos del Gran Rabino (que esta vez aparece como John Readclif) en su libro Los Judíos, nuestros contemporáneos. Pero nadie reparó en que lo único que había hecho Gidsche era copiar un pasaje de Joseph Balsamo (1849), del novelista francés Alejandro Dumas. En su trabajo, Dumas describe una reunión entre Cagliostro y otros conspiradores masónicos, en el transcurso de la cual esbozan el Misterio del Collar de Diamantes de 1785 y, en el marco del escándalo, crean el clima adecuado para la Revolución Francesa.

Este mosaico de obras casi enteramente ficticias convierte Los protocolos en un texto incoherente que revela sin dificultad su origen, que es la invención. Apenas resulta creíble, a no ser en un folletín o en una ópera, que “los malos” expresen sus maléficos planes de forma tan franca y descarada, como para declarar, como declaran los Antiguos de Sión, que su “ambición es ilimitada, un rencor voraz, un deseo despiadado de venganza y un odio intenso”. Los protocolos se interpretó al principio como un texto serio por una única razón: lo presentaron como una revelación escandalosa procedente de fuentes dignas de confianza. Pero lo que parece increíble es la forma en que esa farsa resurgía de sus cenizas cada vez que alguien demostraba que era, sin lugar a dudas, una farsa. En esos casos la “novela de Los protocolos” empieza de veras a sonar a ficción. Tras la publicación, en 1921, en el Times de Londres, de un artículo en el que se constataba que Los protocolos era un plagio, y cada vez que alguna fuente de peso confirmaba la naturaleza espuria de la obra, alguien volvía a publicarla reivindicando su autenticidad. Y en la actualidad la historia sigue candente en Internet. Es como si, después de Copérnico, de Galileo y de Kepler, uno debiera seguir publicando libros de texto que afirmasen que el Sol gira alrededor de la Tierra.

¿Cómo se puede explicar la capacidad de negación de toda prueba, y la atracción perversa que el libro ejerce aún hoy? La respuesta nos la da la obra de Nesta Webster, un autora antisemita que dedicó su vida a defender este relato del plan Judío. En sus Secret Societies y Subversive Movements, parece estar bien informada y conoce la historia al completo tal y corno Eisner la narra aquí, pero la conclusión que extrae es ésta:

La única opinión que me he formado es que, genuinos o no, Los protocolos representan el programa de una revolución mundial, y que en vista de su naturaleza profética y de su extraordinario parecido con los protocolos de ciertas sociedades del pasado, constituye el trabajo de esas sociedades mismas o de alguien profundamente versado en las tradiciones de la sociedad secreta y capaz de reproducir sus ideas y su fraseología.

Su razonamiento es impecable: “dado que Los protocolos dicen lo que yo decía en mi historia, la corroboran”, o: “Los protocolos confirman la historia que yo creé partiendo de ellos, y por lo tanto son auténticos”. O mejor aún: “Los protocolos podrían ser falsos, pero expresan exactamente lo que los judíos piensan y por lo tanto deben ser considerados auténticos”. En otras palabras, no es que Los protocolos infundan antisemitismo, sino que la necesidad profunda que tiene la gente de identificar a un enemigo les empuja a creer en la obra.

Me parece que, pese a este valeroso libro de Will Eisner, la historia toca a su fin. Pero eso no quita que sea una historia que valga la pena contar, pues debemos luchar contra la Gran Mentira y el odio que genera."



Umberto Eco 
Milán (Italia)

Diciembre de 2005

domingo, 5 de noviembre de 2017

IT - de Andy Muschietti

Parecería como si una ola ochentera nos estuviera invadiendo en los últimos tiempos. Y no hablo solamente de los pobres remakes de Robocop, La cosa o Noche de miedo; sino de aquel gozoso espíritu aventurero con marchamo juvenil que definía a películas como Los Goonies, ET, Exploradores, It o Cuenta conmigo. Creo que el primer homenaje fue Super 8 (J. J. Abrahams), continúa con la serie Stranger Things y llega hasta este It centrado, como las citadas, en las peripecias fantásticas de un grupo de adolescentes.

Esta nueva It es terrorífica y conmovedora a partes iguales por retratar, tanto los terrores infantiles que cobran las distintas formas del payaso Pennywise, como las terribles agresiones que soportan los jóvenes protagonistas en forma de bullying, abusos y malos tratos.

La película cuenta el enfrentamiento de un grupo de chavales (seis chicos y una chica) con una encarnación maléfica que ataca a los niños de su ciudad. Poco a poco descubrirán que este ser maligno vuelve a la vida cada 27 años, se esconde en las alcantarillas del pueblo y, aunque su forma más habitual es la del payaso Pennywise (Bill Skarsgard),  puede cambiar de forma a capricho.

El triángulo que sostiene la historia tiene por vértices a un grupo de niños (el Club de los Perdedores, se autodenominan), "Eso" y el idílico pueblo de Derry, en Maine. En este sentido se trata de una historia paradigmática de Stephen King en la que es fácil identificar sus constantes: el valor de la amistad, la lucha del bien contra el mal, la pérdida de la inocencia, la amenaza del pasado sobre el presente y la infancia como un territorio cargado de amenazas. De hecho el novelista siempre ha demostrado tener un punto de vista muy particular sobre la infancia tal y como lo reconoce en esta entrevista:
"Siempre me ha interesado la infancia. Por un tiempo, fui el único tipo [en el género de terror] que quería escribir sobre niños y adultos. William Golding escribió una introducción a su libro, Lord of the Flies, donde hablaba sobre la génesis de esa historia. Una noche estaba sentado junto a su esposa junto al fuego y le dijo: "¿Qué pensarías si escribiera un libro sobre niños, pero en vez de escribirlo sobre la forma en que a los adultos les gusta recordar la niñez, lo escribiera sobre cómo son realmente los chicos? "Ella dijo:" Esa es una idea fantástica ". Así que escribió El señor de las moscas , que es un libro sobre niños para adultos. Pensé que realmente me gustaría escribir una historia sobre lo que se pierde y lo que se gana cuando creces desde la infancia hasta la edad adulta, y también, las cosas que experimentamos en la infancia que son como semillas que florecen más adelante."
En el retrato de esos tres elementos acierta Muschietti que, tras su estupenda presentación con Mamá, nos demuestra que sabe de qué va esto del terror y de qué va lo de contar historias. Particularmente creo que la película refleja perfectamente el nexo entre los terrores infantiles y las penalidades familiares y sociales que padecen estos "perdedores". Este es uno de los grandes logros tanto de la novela como de la película.

El miedo real (a la oscuridad o a la soledad), el acoso escolar, la exclusión social, el racismo, los miedos que nos inoculan los padres (religión, enfermedad) o el abuso sexual que padece la niña (cuyos terrores tienen la forma de ríos de sangre, como en Carrie), están perfectamente retratados en la película aportando una emoción muy particular. Se trata del mismo enfoque que adoptó Frank Darabont en la adaptación de las novelas de King, La milla verde y La niebla. En ambas el drama de los personajes y sus miedos son tan relevantes o más que las propias escenas que aterrorizan al espectador. Todo ello se beneficia de unas interpretaciones muy ajustadas de estos jóvenes actores; aunque hay que hacer una mención especial tanto al "bocazas" Finn Wolfhard -que viene de participar en otra pandilla, la de "Stranger Things"- como, sobretodo, a la sobria y encantadora Sophia Lillis que está magnética. 

Una de las cuestiones que más llama la atención es la metamorfosis constante del payaso Pennywise. Y es que el mal que pervive en las entrañas de Derry puede adquirir cualquier forma imaginable, porque se alimenta de los miedos que albergan los niños. El propio Stephen King definió su novela en la revista Time como el reto de "poner juntos todos los monstruos a los que un niño tiene miedo”.
Por supuesto la película recoge la magistral selección de temores infantiles que King reflejó en la novela: El miedo al rechazo ("el nuevo" en la pandilla encima es "el gordito"), al acoso violento de los compañeros de colegio, a los abusos sexuales del padre, a la enfermedad crónica generada por una madre sobreprotectora o el miedo al mundo adulto que el joven Stan atisba en la ceremonia judía del Bar Mitzvah que se le avecina.

Muschietti afronta su película como un gran aficionado a la novela de King. En alguna entrevista ha reconocido que para él la clave del libro y sus terrores está en una reflexión de Bill Denbrough, el tartamudo líder del Club de los Perdedores: "¿Qué pasa si este monstruo está comiendo niños porque nos dicen que eso es lo que hacen los monstruos?". Los niños soportan sus penalidades y se creen lo que les dicen sus padres. Pero hay que reconocer que los adultos que aparecen lo hacen de una forma negativa o cuando menos poco solidaria. De modo que los niños están solos. Nadie más que ellos ve y sufre las acechanzas de Pennywise y nadie más que ellos le hará frente, cada uno cargado con sus propios fantasmas. De ahí los cambios de Pennywise para adaptarse a los miedos de cada uno. De ahí la fascinación de esta obra 30 años después de su publicación: todos guardamos un cofre con nuestra infancia y sus terrores. El novelista ya lo expresó hace años: "Dejamos de buscar fantasmas y monstruos debajo de la cama cuando nos damos cuenta de que en realidad están dentro de nosotros."

Me encanta la recreación de esa comunidad, tranquila e ingenua; esos niños que no solamente han acabado el instituto, sino también una época de sus vidas y que se asoman a la juventud…. pero está Pennywise. La sensación de indefensión que acompaña a los protagonistas, se refuerza por la maligna influencia que Eso tiene sobre Derry, el epicentro de un poder maligno que se perpetúa. El padre de Mike Hanlon, el único niño negro, se vio involucrado en el anterior despertar de Eso. Ahora le toca a él y posteriormente, dentro de 27 años y siendo el único de los Perdedores que permanece en Derry, deberá hacer la llamada del reencuentro.

Derry parece haber crecido para alimentar a It, que permanece en ella aletargado. Ahí están sus canales, alcantarillas y pozos, para darle escondite y accesos. La novela juega con el tiempo alternando la narración de las vivencias de los niños en dos épocas distintas. Podemos huir -parece decirnos-; pero el mal permanece. Esto se refuerza en la novela donde cada uno de ellos  cae en los mismos errores: Eddie se casa con una mujer sobreprotectora como su madre y Beverley se casará con un hombre que también la somete a maltrato aunque sea psicológico.




Siendo una película notable y gozosa, teniendo algunas escenas realmente terroríficas, echo en falta un hilo conductor. Yo creo que Muschietti ha dado por supuesto que todos conocíamos o la novela o la miniserie y sobre eso ha montado un puzzle al que se le ven las costuras. La película no tiene un ritmo propio. Las historias de los niños se van colocando una al lado de otra como meras fichas. Luego se añade la historia truculenta de Derry; pero parecen elementos sueltos.

La novela comienza con unos jóvenes cargados ya de variadas experiencias, que han de revivir el terror que padecieron en su infancia. La novela se estructura en dos épocas de la vida de los protagonistas que se van alternando; pero la película se centra exclusivamente en la infancia. Yo creo que este hecho determina mucho el ritmo de la película perjudicándolo, ya que es moroso y un tanto repetitivo. Al convertirse en un punto de acceso a la segunda parte, pierde esa conjugación de tiempos que la hubiese convertido en algo memorable. 


El payaso Pennywise se convirtió en un icono del terror desde su aparición televisiva en 1989 gracias a la expansiva actuación de Tim Curry. La plasmación que hacen Muschietti/Skarsgård es muy diferente y algo más siniestra, tal y como lo expresa el director: "Le dije que tratase de alcanzar ese contraste extraño entre el aspecto aniñado e inocente del personaje y algo mucho más oscuro y siniestro. Bill Skarsgård tiene ese aspecto, porque parece un niño."









P.D.
Stephen King ha declarado en su propia web cómo le llegó la inspiración de la novela: en una larga caminata a pie por un entorno solitario y agreste -pero industrializado- atravesó un puente que le recordó a un cuento clásico noruego, 'Las tres cabras macho Gruff'. En él, tres cabras cruzan un puente bajo el cual hay un aterrador troll que quiere comérselas. Se olvidó poco después de la idea, pero de algún modo quedó ahí, germinando. Pasado un tiempo, pensó en lo poderoso de la idea de un monstruo oculto en las entrañas de la ciudad, y en la propia estructura de Bangor, donde él vivía, que está dividida en dos por un enorme canal que le acabaría llevando a la idea de una red de canales y alcantarillas.

martes, 31 de octubre de 2017

La VIDA DIFÍCIL - de Slawomir Mrozek











Mrozek se aproxima a la condición humana con las herramientas de lo satírico y el absurdo. Tan corrosivo como paradójico, evita sin embargo la solemnidad. En sus relatos encontramos ferocidad irónica y sarcástica tanto hacia el sistema estalinista que marcó su juventud como hacia el sistema capitalista en el que vivió durante su madurez. 


Mrozek (Borzecin, Polonia, 1930 - Niza 2013) fue escritor, dibujante, periodista y dramaturgo. Marcaron su personalidad los años de guerra, la ocupación nazi de Polonia, el establecimiento de la República de Polonia después del conflicto y la represión de Stalin. Abandonó Polonia en 1963, regresó en 1996, una vez desaparecido el telón de acero y volvió a abandonarlo definitivamente a comienzos del nuevo siglo. Vivió en Italia, Alemania, Francia y México. En España debemos su descubrimiento al escritor catalán Quim Monzó, quien convenció a los editores para su publicación. En la editorial Acantilado podemos encontrar libros de relatos como El Elefante, Juego de azar, La vida difícil, El árbol y La mosca; así como las novelas Huida hacia el sur y El pequeño verano.


El absurdo y lo insólito está en la base de su narrativa que está cruzada por el humor y la sátira. En el relato "Una charla sobre la historia contemporánea" a un general le regalan un mono y el mono, al final, suplanta la figura del general. Ese es el tono, sarcástico y surrealista, de su obra. Esta colección también incluye desternillantes revisiones de cuentos populares, como Caperucita Roja o la Bella Durmiente, así como nuevos simbolismos, casi sin moraleja, aplicados a los conocidos personajes de las fábulas de Esopo.
El relato Denuncia comienza así: "Al Ilustrísimo Señor Jefe Superior de la Policía Secreta.
  Con todos mis respetos deseo denunciar que mi vecino se está quedando ciego de un modo antiestatal."

Patricio Pron, en Letras Libres nos desvela las claves de Mrozek en un esclarecedor estudio titulado "En principio sí: siete notas sobre Slawomir Mrozek". He aquí unos extractos:

Un oyente llama a una cadena de radio de la antigua Unión Soviética y pregunta: “¿Es verdad que Grigori Grigoriewitsch Grigoriew ha ganado un automóvil en el campeonato de obreros de Moscú?” La respuesta oficial es “En principio sí; pero, primero, no fue Grigori Grigoriewitsch Grigoriew sino Wassili Wassiljewitsch Wassiljew; segundo, no fue en el campeonato de obreros de Moscú sino en el festival del deporte de la granja colectiva de Gamsatschiman; tercero, no fue un auto sino una bicicleta; y, cuarto, no es que la ganó sino que se la robaron.” 
A pesar de su brevedad, la historia caracteriza muy bien el divorcio entre las palabras y su significado, que es característico de los regímenes totalitarios. (...)
A ese humorismo soviético le debemos algunos grandes chistes (“¿Por qué se ha encarecido tanto la vida en la URSS? Porque ha dejado de ser un artículo de primera necesidad”), (...) de ese humor y de esa necesidad surge la obra de Sławomir Mrożek.

Viñeta de El Roto

“Existe algo humillante y restrictivo en un autor que hipoteca su creación solo porque hay alguien que le golpea y que le oprime”, afirmó el autor polaco en una ocasión. Sin embargo, buena parte de su obra parece funcionar como una reacción a esa opresión y tiene como tema el comportamiento humano bajo las condiciones de alienación y abuso de poder de los sistemas totalitarios. A pesar de que su obra es vinculada recurrentemente con el teatro del absurdo, Mrożek nunca pareció sentirse cómodo bajo este apelativo, porque el humorismo absurdo de su obra no surge de una adhesión explícita al existencialismo, sino de una reflexión personal en torno a las condiciones específicas de vida en Polonia durante el comunismo.

En ese sentido, quizás el origen del humorismo absurdo de la obra, se encuentre en el hecho de que Mrożek comenzó su carrera como escritor en la redacción del periódico Dziennik Polski, para el que escribió, entre 1950 y 1954, artículos que solían conformar las demandas de un periodismo ideológicamente correcto.
La obra narrativa del escritor polaco tiene como tema subterráneo la existencia de contradicciones y opuestos que el Estado totalitario disimula mediante un hábil uso del lenguaje. Este uso subvierte los términos antitéticos de razón y sinrazón, cultura y naturaleza, tradición y progreso, orden y desorden, abundancia y carestía, progreso y atraso, ficción y realidad, adecuándolos a los fines de perpetuar el régimen que les da origen, y Mrożek tiende a hacer lo mismo con fines satíricos. 
Society  by  Paul McCarroll

Un chiste muy popular en la Unión Soviética enumeraba los cinco preceptos a los que los escritores nativos debían atenerse: “No piense. Si piensa, no hable. Si piensa y habla, no escriba. Si piensa, habla y escribe, no firme. Si piensa, habla, escribe y firma, después no se queje.” Mrożek encontró en ese marco la posibilidad de escribir una literatura realmente política y a su vez eludir a la censura mediante el recurso de arrebatar al Estado totalitario su uso monopólico de la palabra, mostrando las contradicciones evidentes entre las motivaciones internas y externas de los actos de los ciudadanos soviéticos (al respecto existe un gran chiste de la época: “El secretario del politburó pregunta a su subalterno en una reunión: ‘Camarada Rabinovich, ¿tiene usted alguna opinión en relación a este tema?’ ‘Tengo, pero no estoy de acuerdo con ella’, responde Rabinovich”).
Precisamente uno de los temas centrales de su obra es la disociación entre la realidad y lo que se dice y se piensa de ella, que aparece en el “en principio sí” con el que comienzan muchos chistes soviéticos. Al leer a Mrożek sentimos la tentación de reír, pero nuestra risa es una de ansiedad y amargura ante lo que un Estado totalitario puede hacer con sus ciudadanos, y en esa constatación hay un recuerdo pero también una advertencia para los tiempos por venir.

El relato más famoso del volumen es "Revolución", un par de páginas que reflejan en todo su esplendor la idiosincrasia y el cosmos literario de este autor: 

REVOLUCIÓN

“En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida. Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.

Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese ‘cierto tiempo’. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario. Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución. Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna. Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez ‘cierto tiempo’ también se mostró impotente.
Ilustración de Edward Gorey

Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio —es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo. De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama. Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba. Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario”.

Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario."



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"Sorprende que en un cuento tan breve como “Revolución” se haya sintetizado, y con excelente sentido del humor, el devenir de los últimos tiempos de la historia de Europa, tanto en su evolución político-social como artístico-cultural. Pero, sobre todo, destaca la gracia inteligente del autor polaco que narra, en primera persona, las peripecias de un hombre que, un buen día, insatisfecho por el orden y monótona disposición de los muebles de su habitación y para hacer más interesante su cotidianeidad, decidió cambiarlos de lugar, suponiendo que así él mismo podría renovarse, pues la transformación de su hábitat comportaría la renovación de su propia existencia. El resultado fue que, por ello, se sometió primero a lo novedoso, más tarde, a lo insólito -ambos, valores máximos y aun míticos de la modernidad-, y, después, por supuesto, a lo incómodo, llegando incluso al sufrimiento insoportable.

No hay que ser un lince para darse cuenta de que estamos ante una parodia brevísima, pero excelente, de las innovaciones del arte moderno, de los experimentos culturales y, también y sobre todo, de los inhumanos y brutales sistemas políticos del último siglo. Si colocar la cama en medio de la habitación resulta indudablemente inconformista, poner en dicho lugar el armario se transmuta en un acto de vanguardia. Como el armario entorpece el paso y no permite llegar hasta la cama, nuestro hombre toma la decisión de dormir de pie dentro de él, o sea, justo lo más incómodo, absurdo y doloroso: “Esto sí era ya un acto revolucionario”.

Al fin el buen sentido se impone, porque ni pueblos ni hombres pueden soportar por largo tiempo el dolor y ni mucho menos el absurdo; y, por tanto, se vuelve al orden primigenio. Pero, ¡ay!, de vez en cuando, nuestro hombre se aburre y siente nostalgia de su pasado revolucionario; así, pues, es posible que, sentado en su silla, ante la mesa, con rostro lánguido y mano en mejilla, esté esperando a los bárbaros…

Y como bonus  el corto de los Rosete Brothers inspirado en el mismo relato.

REVOLUTION from THE ROSETE BROTHERS on Vimeo.

sábado, 28 de octubre de 2017

BLADE RUNNER 2049 - de Denis Villeneuve

El esfuerzo ha merecido la pena. 
Villeneuve ha conseguido que nos reencontremos inmersos en el universo de una de las películas más fascinantes de la historia del cine...aunque los personajes y la trama se le han quedado un tanto superficiales.

Resulta admirable el respeto al original. Blade Runner 2049 tiene una puesta en escena deslumbrante y un diseño de producción majestuoso. La espectacular fotografía y el poderío visual engarzan plenamente con su modelo. También se agradece que se dejen de zarandajas, precuelas y refritos entregándonos una franca continuación que nos lleva hasta donde llegaron Deckard y Rachel en su huida de 2.019, una distopía rural de color blancuzco como la niebla sucia, que contrasta con la eterna noche de Los Angeles pero no resulta menos fantasmal. 

Hay que observar que continuaciones como El Padrino II y Star Wars, el Imperio Contrataca, tienen entidad propia y un mayor grado de complejidad que sus predecesoras; mientras que esta 2049 de hermosísimas imágenes y música siempre será un supletorio de la primera. 


Denis Villeneuve, el director de fotografía Roger Deakins y Dennis Gassner en el diseño de producción han hecho un trabajo asombroso. Han conseguido reproducir la ambientación lóbrega de aquella L.A. exhausta y bendecida por la oscuridad y la lluvia ácida. Pero además han incorporado una nueva iconografía, también soberbia y moribunda, como es esa fantasmal ciudad de Las Vegas asfixiada por el polvo del desierto y la contaminación.

Volvemos a quedar subyugados por imágenes tan hipnóticas como sugerentes. En el desierto contaminado y vacío de Las Vegas, el agente K. se encuentra con esculturas gigantescas y cabezas enormes que yacen sobre la arena. Según el director son "una metáfora y un homenaje a mi paisano, colega, amigo y referente David Cronenberg, el de ´Scanners´". 
Escultura de Mitoraj en Pompeya
Para mí la simbología va mucho más allá y me remite directamente a la obra del escultor polaco Igor Mitoraj. Su escultura tiene que ver con los dioses caídos, con la vulnerabilidad del ser humano y cualquiera de sus obras. Aquí sí que venía a cuento el poema de Ozymandias que Ridley Scott metió con calzador en Alien: Covenant. 

A mí me ha gustado mucho. He asistido a la proyección como si de una experiencia se tratase. Por eso mismo creo que es una película sólo para creyentes (mi hija, 22 años, buena aficionada al cine, se durmió). La pantalla resplandece cautivadora mientras la historia avanza por los procelosos territorios de un derrumbe anunciado: qué significa ser humano, qué papel juegan nuestros recuerdos o si los replicantes serán sólo una herramienta o vendrán para consolarnos. 




















A pesar de la enorme solvencia técnica y estética, el conjunto queda un tanto hueco ante el leve misterio que sostiene la trama y la falta de conflicto en los personajes.  El oficial K es muy mecánico, Deckard ya está fuera de juego, Joi (Ana de Armas) sabe que es un holograma, y el nuevo hacedor (Jared Leto=Niander Wallace) en la Wallace Corporation, no es más que un holístico empresario.

Han pasado 30 años desde que Deckard y Rachel huyeran de Los Angeles en 2019. Después de que apareciera el Nexus 8 (sin la restricción de los cuatro años de vida), en 2023 se prohíben los replicantes; pero un nuevo ingeniero/dios está ascendiendo para ocupar el hueco dejado por la Tyrell Corporation. En 2036 termina la prohibición replicante y en 2040 el departamento de policía de Los Angeles  fortalece su división de Blade Runners para dar caza a los Nexus 8 todavía libres. Aquí aparece el oficial KD6-3.7 (Ryan Gosling), replicante experto en cazar pellejudos. Después de retirar a uno que administraba una granja de proteínas, K descubre, junto a un árbol seco, una caja de huesos enterrada. Allí se esconde un secreto... suficiente para mantener el hilo de la trama, pero demasiado leve comparado con los precipicios ontológicos en que nos abismaba la original.


Además se echa en falta la emoción. La historia de amor digital entre Joi y K resulta fría por su propia esencia. No es tan compleja como la que vimos en Her, ni tiene ese mar de dudas y de rompereglas que afrontaron Deckard y Rachel. El más vibrante punto de emoción que encuentro en toda la película es el personaje de Ana Stelline (Carla Juri): vive recluida en un espacio hi-tech en el que puede reproducir virtualmente todo tipo de entornos. Se gana la vida diseñando los recuerdos que Niander Wallace implanta en sus replicantes "más humanos que los humanos". Más allá de su implicación con los recuerdos de K. y con el pasado de Deckard es un personaje frágil y poderoso que resume muchos de los asuntos que en la película reverberan.

-Aquí puedes leer las sorprendentes teorías de Mark Millar, el genial guionista de cómics como Kick-Ass, Wanted o Kingsman sobre los temas de Blade Runner 2049 y su enigmático final-

Si la reflexión filosófica de la primera Blade Runner era radical y profunda, en esta segunda la reflexión se encuentra tres escalones más abajo: ¿Hasta dónde llega la autonomía de los androides?. Dios ha desaparecido y sólo quedan réplicas de lo que fue. Apenas rescato alguna perla del tipo "los recuerdos hacen que reaccionemos como humanos" o "sacrificarnos por los demás es lo más humano que podemos hacer".

Tenues remedos de aquella respuesta del mismísimo Tyrell, "La luz que brilla con el doble de intensidad se consume en la mitad de tiempo", o la que escupió Gaff a Deckard, riéndose con amargura, "¡Es una pena que ella no pueda vivir! ¿pero quién vive?

Aquella Blade Runner por momentos daba vértigo. Los seres biomecánicos replicaban a los humanos mejorando sus habilidades y volviendo al origen de la conciencia: ¿quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿por qué tengo que morir?. El mundo de aquel joven Deckard estaba gastado y los replicantes, rompiendo todas las normas, aportaban trascendencia. En 2049 hemos pasado de replicantes que se interrogan a simples androides programados.





P.D.-
La Ópera de Sidney bajo la tormenta de arena en 2009
Roger Deakins ha declarado que su inspiración para el color y la textura de esta polvorienta Las Vegas fue la tormenta de arena que asoló australia en 2009 . Realmente el contraste entre un Los Angeles abigarrado, oscuro y lluvioso frente a una escenografía desértica, seca y naranja como la que aparece en Las Vegas, dota a la película de una riqueza visual espectacular.

Deakins ya había colaborado antes con el director canadiense en esas dos extraordinarias películas tituladas, Sicario y Prisoners.
La filmografía de este superdotado cineasta se completa con otras dos películas sobresalientes: Incendies y La Llegada (Arrival).