Se acaba el verano con su algarabía de luces y horas expandidas. Tras tanto ajetreo ya anhelamos la paz y el descanso. Eso me recordó este poema.
A la Noche
Quizás porque de la fatal quietud eres la imagen, a mí tan deseada vienes oh, Noche! Así cuando te cortejan alegres, las nubes estivales y los céfiros serenos,
o cuando desde el nevado aire inquietas y largas sombras arrojas al universo, siempre desciendes invocada, y las secretas vías a mi corazón dulcemente retienes.
Me haces vagar con mi razón por las huellas que a la nada eterna conducen; mientras huye el tiempo perverso y con él las huestes
de pesares que conmigo él destruye; y mientras tu paz contemplo, se adormece ese espíritu guerrero que dentro de mí ruge.
Traducción propia
Alla sera
Forse perché della fatal quïete, Tu sei l’immago a me sì cara, vieni, O Sera! E quando ti corteggian liete Le nubi estive e i zeffiri sereni,
E quando dal nevoso aere inquiete Tenebre, e lunghe, all'universo meni, Sempre scendi invocata, e le secrete Vie del mio cor suavemente tieni.
Vagar mi fai co’ miei pensier su l’orme Che vanno al nulla eterno; e intanto fugge Questo reo tempo, e van con lui le torme
Delle cure, onde meco egli si strugge; E mentre io guardo la tua pace, dorme Quello spirto guerrier ch’entro mi rugge.
Ugo Foscolo publicó este poema en abril de 1803, una época de gran agitación, angustia y amargura debido a sus onerosas obligaciones militares y a sus decepciones amorosas. El «tiempo perverso» del verso 11 puede entenderse como una metáfora de su vida personal y del momento histórico que le tocó vivir. Aquí el poeta se encuentra observando el anochecer al que ve como descanso del bregar del día y, por extensión, de la vida. Cuanto más comprende que todo en la vida es efímero, más se calma su enjambre de preocupaciones y su deseo de afirmarse. Y es que la vida de Foscolo (1793-1827) semeja la de un héroe romántico durante las guerras napoleónicas. Fue poeta, militar, historiador de la literatura, traductor y autor de una novela epistolar y autobiográfica, ´Le ultime lettere di ]acopo Ortis´; una especie de Werther, en la que la pasión amorosa y la pasión política arrastran al suicidio al protagonista. En esta obra además se muestra el disgusto del autor ante la situación social y política de Italia. Algunos críticos la consideran la primera novela italiana moderna.
Sus obras dieron cauce al espíritu nacional italiano frente al absolutismo del Imperio Austriaco. De hecho se cambió su nombre original -Nicoló- por el de Ugo, fascinado por un revolucionario francés refugiado en Roma, Hugo Basville. Foscolo amó y fue amado por hermosas y nobles mujeres y triunfó con una obra poética exigua; pero su compromiso con la libertad de Italia le obligó a exiliarse primero a Suiza y luego a Londres donde se ganaba la vida dando clases, traduciendo y escribiendo comentarios sobre Dante, Boccaccio y Petrarca para The Edinburgh Review y The Quarterly Review, antes de morir en la miseria más absoluta. En 1871, con gran solemnidad nacional, sus restos fueron trasladados y sepultados en la iglesia de Santa Croce, en Florencia.
Foscolo debe su gloria, como Leopardi, a una obra poética no demasiado extensa. Publicó un conjunto de sonetos y dos odas de corte neoclásico, en 1803, bajo el título de ´Poesie´. En 1807 ve la luz su obra más celebrada, ´Dei Sepolcri´, un carmen civil y filosófico en verso blanco con gran poder de evocación. Lo escribió como protesta contra un decreto de Napoleón que prohibía las inscripciones en las tumbas. El corpus esencial de su poesía se cierra con el inacabado poema «Alie Grazie», su proyecto más ambicioso.
La película es un potente drama que versa sobre las relaciones paterno-filiales en primer término y las relaciones de poder (aunque sea en un entorno tan artístico como un rodaje) en segundo. Dicho esto a cualquiera le entraría la duda de cómo poner en pie un conflicto sobre la base del reencuentro de un padre con su hija abandonada 13 años antes y que resulte contemporáneo, apasionante y sin afectación. Pero Sorogoyen lo consigue asumiendo riesgos y demostrando que es capaz de articular el tema, acrecentar nuestro interés y traducirlo todo en imágenes de gran tensión dramática y veracidad.
Tiene mucho mérito este libreto por la sutileza y carga de sus diálogos; y mucha enjundia por el modo de trasladarlo a la pantalla. Todo ello debido al buen hacer de ese tándem maravilloso que conforman Sorogoyen y su co-guionista habitual Isabel Peña. (As bestas, Antidisturbios, El Reino, Que Dios nos perdone)
La historia nos acerca al célebre director de cine Esteban Martínez que abandonó a su mujer y a su hija en España para triunfar en EEUU. Ahora vuelve con la intención de rodar una historia de amor en medio del conflicto del Sahara y quiere que su hija, una actriz en ciernes, la protagonice. El reencuentro provocará chispas y abrirá viejas heridas. Está claro que este resumen nos remite directamente a la aclamada ´Valor sentimental´, con la que Joachim Trier ganó el Óscar el año pasado a la mejor película internacional. Efectivamente comparten el esqueleto de la trama -conflicto padre e hija abandonada, cuando el primero regresa para invitarle a protagonizar su siguiente película-; pero nada más. La historia, las implicaciones personales y el modo de contarla difieren notablemente. Sorogoyen amplía los espacios del metacine en su obra y nos propone innovaciones formales que potencian una película que logró el elogio del pasado Festival de Cannes, donde se subrayó la fuerza emocional y profundidad de sus personajes.
Habrá quien se quede en lo superficial de una película que se desarrolla mientras se está rodando otra película o que la historia transcurra en el Sahara, una zona con un conflicto enquistado desde hace décadas, al que Javier Bardem suele prestar voz para que no caiga en el olvido. Pero estos dos asuntos, siendo valiosos, son secundarios.
Hay una escena en la que los actores y el director Esteban Martínez (Javier Bardem) comparten cena y aquellos le plantean que aparte del Sahara la película que ruedan carece de tema. Éste les inquiere por la película que ellos harían y su tema. El protagonista de la película que ruedan dice, riéndose, que trataría sobre la humildad; mientras otra de las actrices suelta una broma y otro actor se queda en blanco ("uf, me tendría que poner a pensar") antes de decir que la haría "sobre lo difícil que es la vida y las relaciones humanas".
Ahí está.
Ese es el tema de esta película de Sorogoyen y así nos lo demuestra desde una secuencia inicial tan portentosa como demoledora. Hace mucho tiempo que no veía una escena dialogada tan tensa y emocionalmente violenta, capaz de agarrar al espectador por la pechera y dejarlo colgado pendiente de cada réplica.
Esteban Martínez ha citado a una actriz en un restaurante para exponerle su idea de que acepte protagonizar su próxima película. Cuando ella llega se saludan afablemente, pero de forma circunspecta. No hay abrazos ni besos. Son dos extraños. Qué tal estás. Bien. Cómo te va todo. Bien. Cómo estas tú. Bien, bien, estoy bien. Qué tal van las cosas. Bien. Así un rato largo hasta que la incomodidad llena toda la sala. La cámara abunda en primerísimos planos. Las miradas se cruzan, huyen y vuelven. La tensión se masca. Son como dos duelistas que se mueven en círculos mientras se van estudiando. Pero poco a poco la conversación los va acercando a algo concreto. Finalmente se revela el asunto. Son padre e hija. La abandonó hace 13 años y ahora quiere darle (y darse) una oportunidad en su nueva película...
En esta espléndida secuencia está contenida toda esta lúcida película. Cuando él saca un recuerdo común para intentar acercarse, ella se sorprende. No ocurrió así. Él ha dulcificado un recuerdo que, en cambio, para ella fue dolorosísimo. Tampoco él le ha pedido perdón en este primer encuentro... ni se lo va a pedir durante las próximas semanas en las que van a convivir -con una tensión enorme- en el rodaje.
La película tiene una caída de ritmo en el siguiente cuarto, mientras se monta todo el set de rodaje; pero enseguida vuelve a alzar el vuelo gracias a un manejo del tempo y del lenguaje audiovisual extraordinario. Porque Sorogoyen no deja de proponer novedosas ideas visuales y elementos narrativos que hacen que su relato adquiera profundidad y viveza. Pondré tres ejemplos.
El primero y más evidente es el uso del Blanco y Negro hacia el que derivan algunos planos sin saltarse la narración. En el juego de espejos que se establece entre el rodaje y la vida personal de la actriz protagonista y del director, de pronto un plano sobre uno de ellos (observando al otro o escuchando) muda al blanco y negro, como para mostrar ´la verdad´ de lo que está sintiendo.
En otro momento tanto el director como su hija están en el restaurante del hotel, pero en distintos grupos, y él se dispone a escuchar el primer corte de la música que le han enviado para la banda sonora de su película. Es una partitura que transmite todo el maremágnum de emociones que confluyen en esa historia de amor en medio del Sahara. Pero mientras el director la está escuchando mira absorto a su hija, hablando con unos amigos al otro lado de la sala y de pronto -de forma mágica- esa partitura doliente salta de la película-rodaje a la realidad del director, recogiendo y exaltando sus propias emociones. Fascinante.
Sólo una más. En una escena del rodaje se ve a los dos actores protagonistas sentados a la mesa en el salón de una casa. La actriz protagonista se acerca desde el fondo con una bandeja que acaba depositando en la mesa, uniéndose a los dos hombres. Sorprendentemente, desde que dicen ´acción´ y tanto la cámara como la actriz inician su movimiento de acercarse a la mesa, el sonido desaparece. El silencio en la sala fue absoluto. Los espectadores ni respirábamos. Estábamos absortos mirando a esa chica que era el centro de todo, de lo que era película y de lo que no. No sé si la escena dura un minuto o menos, pero la escena en absoluto silencio resulta hipnótica. Cuando finalmente la joven deposita la bandeja y se sienta a la mesa la imagen se congela, se abre el plano y vemos que el director le está mostrando la escena a su hija en la pantalla del ordenador. Ella le indica que "resulta raro ver la escena sin sonido", a lo que el director responde que así se aprecian mejor los sentimientos que empujan a los personajes.
Posteriormente tendrán una conversación sobre las máscaras que todos portamos y que los actores tienen que quitarse para poder dejar salir al personaje. Todo ello tiene que ver con otra de las bazas del film, la del cine dentro del cine. Aunque creo que este asunto es secundario, Sorogoyen se las apaña para sacarle rendimiento y, a través de él, definir resolutivamente al personaje del director. Según van surgiendo los problemas vamos conociendo su carácter: colérico, embaucador, dictatorial, volcánico. Paradójicamente la escena cumbre, en la que Esteban Martínez pierde los papeles y humilla a sus actores, es a la vez violenta y de una comicidad descacharrante.
Victoria Luengo, como siempre, está soberbia (qué naturalidad en la compostura y la dicción) aceptando el duelo cara a cara con un monstruo como Javier Bardem, que nos vuelve a demostrar que es uno de los grandes.
* Aquí puedes leer cómo se rodó esa escena inicial tan formidable. A pelo. En un restaurante de verdad, con cinco cámaras escondidas y ningún técnico a la vista. Dejando que Bardem y Luengo entrasen al set sin haberse cruzado antes y sólo con el apoyo de un par de páginas de texto. Hora y media de metraje que se quedó en esos 18 minutos tan extraordinarios.
La muerte de Vivek Oji es una novela sumamente emocional y devastadora que explora las fronteras de la identidad personal en contraste con la sociedad y la familia. Habla de la necesidad de conocerse, de liberarse para poder ser uno mismo y de la pérdida que constantemente nos acecha. Nadie que lea el libro podrá evitar conmoverse.
Este libro me ha abierto los ojos en muchos sentidos. Me ha hecho ver las dificultades ímprobas que arrostra una persona cuyo ser está fuera de la norma social...y lo que le cuesta a sí misma aceptarse. También me ha hecho aterrizar en África y ver cómo la habitan sus gentes. Hay padres, hijos, tíos, vecinos, amigos, barbacoas, colegios, calles y ríos como en cualquier parte del mundo, pero desconocía cómo se relacionaban entre sí, cómo viven, qué les preocupa a los padres, con qué sueñan los jóvenes, qué presencia tiene la religión en esa sociedad o cual es su nivel de tolerancia con extranjeros, gays o lesbianas, por ejemplo.
Creo que el libro me ha puesto en contacto con personas de carne y hueso que viven en África. Y no son muy distintas. Está la tía Mary enfervorizada con la religión, están los chicos y las chicas a la gresca para reafirmarse, está la preocupación de los padres por dar un futuro a sus hijos... y está Vivek; un joven que se siente diferente, pero no sabe por qué ni cómo debe sentir. Ahí está la almendra de esta historia. Vivek va ser el epicentro de una auténtica vorágine emocional, que es lo que es esta novela.
"Cuatro Vivek No soy lo que todo el mundo cree que soy. Nunca lo fui. No tuve la boca para concretarlo en palabras, para explicar lo que no iba bien, para cambiar las cosas que notaba que necesitaba cambiar. Y cada día costaba. Costaba caminar por la calle y saber que la gente me veía de cierta manera, saber que se equivocaban, que se equivocaban tan rotundamente que mi yo de verdad era invisible para ellos. A sus ojos, ni siquiera existía. Y yo me pregunto: si nadie nos ve, ¿seguimos ahí?" pág. 51
La novela demuestra que en el viaje para descubrir quién eres, los otros son tan necesarios como peligrosos. En este sentido cabe recordar el proverbio africano que dice que "para educar a un niño, hace falta la tribu entera". Emezi debe ser consciente de ello porque alrededor de Vivek crea toda una comunidad de personajes complejos y bien articulados cuya existencia marcó y fue marcada por Vivek. El triángulo formado por los valores de la sociedad, la familia y la propia intimidad batallan constantemente para darnos forma y a veces el proceso es muy doloroso. Las vivencias gloriosamente intensas de Osita y su primo Vivek así lo reflejan, compartiendo vida y alejándose, incluso pegándose, hasta que finalmente se descubren mutuamente en una escena brutal, delicadísima y desgarradora.
"Era como si hubiéramos dejado atrás todo lo que conocíamos y nos hubiéramos adentrado en un lugar completamente diferente, como si hubiéramos cruzado un umbral y lo que acaba de suceder, fuera lo que fuera, solo pudiera suceder a este lado." pág. 136
La historia está ambientada en el sureste de Nigeria alrededor de 1990 y gira alrededor de Vivek Oji, un joven cuyo cadáver aparece en la puerta de sus padres nada más comenzar la novela. El relato se estructura a través de las distintas voces de quienes lo amaban, incordiaban y sufrían. De su padre Chika, que lo envió a una academia militar para endurecerlo, harto de su extrema delicadeza. De su madre Kavita siempre preocupada por su sensibilidad y ausencias hasta el punto de traérselo de la universidad viendo la crisis que lo consumía. También Juju y su grupo de amigas con las que Vivek finalmente se siente identificado y liberado. Con ellas encuentra la senda de su autodescubrimiento.
"Fueron las chicas las que me sacaron. No creo que se lo propusieran. Yo sabía que lo de venir a visitarme era idea de mi madre; fue una de las pocas veces que un plan suyo funcionó. Me estaba ahogando. No muy rápido, no lo bastante para dejarme llevar por el pánico. Era un hundimiento lento e inexorable, como cuando ya sabes dónde vas a ir a parar, y por eso dejas de resistirte y esperas a que todo termine." pág. 121
Y sobre todo Osita, su primo y mejor amigo. Ellos dos trenzan el hilo central del relato, compartiendo primero una infancia feliz, luego una adolescencia de provocaciones y peleas hasta llegar el distanciamiento en la universidad y, por fin, el reencuentro en la vuelta al pueblo. Las chicas y Osita le ayudarán simplemente por aceptarlo tal como es, sin intentar cambiarlo. Aunque esa dicha inicial será segada por la muerte. ¿Qué ocurrió? ¿Quién lo llevó hasta la puerta de la casa de su madre? Sólo se sabe que coincidió con unas revueltas que provocaron el incendio del mercado.
En la lista de agradecimientos que cita la autora al final del libro, ha incluido dos obras clave para ella: Amor de Tony Morrison y El amor en los tiempos del cólera de García Márquez. Aunque es evidente que el trazo de la novela nos recuerda irremediablemente a otra obra del mismo autor colombiano, ´Crónica de una muerta anunciada´. "El día que murió Vivek Oji prendieron fuego al mercado", esta es la primera línea de la novela y el resto de las páginas nos irán revelando los hechos que la rodearon. Aunque ya aviso de que tan cierto es que la novela gravita en torno a esa misteriosa muerte, como que lo que nos impacta de verdad es el misterio de su alma.
La novela tiene una estructura facetada, como los diamantes. En el libro se alternan capítulos donde escuchamos a Vivek con otros en los que escuchamos a su primo Osita y otros en los que, en tercera persona, se nos informa de esa sociedad en plena ebullición y de la preocupación de los padres que quieren protegerlo. Los capítulos en los que escuchamos a Vivek son muy intensos y cortos, de apenas media página. En ellos se nos muestra el desgarro de una persona que no se comprende a sí misma o que no se acepta; que necesita buscarse porque está perdida.
Según avanzaba en la lectura me daba cuenta de la cantidad de asuntos cotidianos que pueblan la novela: la abuela, los niños, la comida (garri, ndara, ñame), las etnias (igbo, hausa, fulani) y los más diversos asuntos de la vida cotidiana en Nigeria. En un momento dado Juju se hace la dormida para escuchar cómo sus padres se pelean. Su madre ha descubierto que el marido tiene otra familia, incluso con un hijo, en otra ciudad. Se gritan, él la pega y huye del hogar. Mientras los otros jóvenes están dudando sobre si ir a la Universidad. Dan la sensación de que todos están perdidos... hasta el punto de que la tía Mary lleva a Vivek a su iglesia tradicional para que curen su decaimiento y ¡¡es azotado para exorcizarlo!!
"—¿Qué acabas de decir? —preguntó, con la esperanza de haber entendido mal. —El demonio que tiene dentro —repitió Mary—. Sí o, eso es lo que dijo el pastor. El niño está poseído por un espíritu maligno, un demonio muy fuerte. Es el que está provocando todo esto, lo del pelo largo, que se le esté consumiendo el cuerpo físico. Hay fuerzas sobrenaturales alimentándose de él...¡de tu hijo! El pastor dijo que había que cortarle el pelo porque de ahí sacan su poder, como los cabellos de Sansón. Es una de las fuentes de su fuerza. Pero cuando uno de los diáconos se le acercó con unas tijeras, ¡el demonio empezó a resistirse!" pág. 89
La narración tiene la textura de un relato oral en torno a una saga familiar que empieza con la abuela Ahunna, muerta el mismo día en que nació Vivek. Posteriormente su padre, Chika, descubrirá en el pie de su hijo una cicatriz idéntica a la que tenía su abuela Ahunna. Los ancestros y el presente se conjugan sin problema. Del mismo modo Emezi hace fluir su relato a través del tiempo, utilizando los recuerdos de los personajes para construir una cascada de flashbacks que van completando el puzle de la vida de Vivek.
Ese puzle de voces hace que el lenguaje sea muy vivo y directo, casi coloquial, mezclando constantemente el igbo y el inglés... a excepción de las apostillas que provienen de Vivek y de Osita, que tienen una potencia lírica tremenda.
El libro tiene un intenso color local, se le ven las raíces. Todo se nombra con el lenguaje igbo, las plantas, las telas, los apodos, el parentesco o la comida. La impresión que nos transmite el libro sobre Nigeria es contradictoria, un país a la vez ancestral y moderno, el más poblado de África, con 240 millones de habitantes y más de 250 grupos étnicos. Me llama la atención el grupo de las Niggerwives, mujeres inmigrantes procedentes de Filipinas, Malasia o India que se casan con nigerianos y se apoyan entre ellas mientras van adaptándose a las costumbres locales. La madre de Vivek es una niggerwife, al igual que la de la autora.
Nigeria es una de las tres economías más fuertes de África lo que no impide que también sea uno de los países con mayor desigualdad. El país también es una potencia cultural, con una música que llega a todo el globo y una industria cinematográfica que no tiene envidia de Hollywood. Sin embargo sus leyes contra el colectivo LGBTI se encuentran entre las más draconianas del mundo contando, además, con un gran respaldo de la población. En religión el país se distribuyen casi al 50 % entre católicos y musulmanes. Estas dos últimas cuestiones aparecen en la novela, si bien tangencialmente. No olvidemos la presencia violenta del grupo fundamentalista islámico Boko Haram que opera en el noreste del país. Por su parte, a Kavita le da un vuelco el estómago cuando su cuñada Mary le dice: "Ya sabes cómo son las cosas aquí. Es un peligro que se pasee por Ngwa con ese aspecto tan... femenino. ¿Te imaginas lo que le pueden hacer si alguien lo malinterpreta, si se creen que es un homosexual?"
Paradójicamente ´La muerte de Vivek Oji´ trata sobre la vida; una vida llena de secretos y un ansia de plenitud.
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Cuando empezaba esta reseña diciendo que este libro me había abierto los ojos a otros mundos, también me estaba refiriendo a una autora que desconocía y a una nueva editorial -Cosonni- que se presenta así en su web: "consonni es una editorial interdependiente con un espacio cultural en el barrio bilbaíno de San Francisco. Desde 1996 producimos cultura crítica y en la actualidad apostamos por la palabra escrita y también susurrada, oída, silenciada, declamada; la palabra hecha acción, hecha cuerpo. Desde el campo expandido del arte, la literatura, la radio y la educación ambicionamos afectar el mundo que habitamos y afectarnos por él."
** Akwaeke Emezi (1987) es una autora transgénero no binaria que reside en espacios liminales y cuya fulminante trayectoria le propulsó a la portada de junio de 2021 de la revista TIME, como parte de un grupo de líderes para la próxima generación. Akwaeke nació en Umuahia, una ciudad del sureste de Nigeria, hija de padre igbo y madre tamil. Crecieron en Aba, en una comunidad multicultural; su madre pertenecía a las Nigerwives.
De niña siempre escribía pero fue en la universidad, ya en EEUU, donde uno de sus profesores les sugirió especializarse en escritura creativa. Su práctica artística se ubica en la metafísica del espíritu negro, valiéndose del vídeo, la performance, la escritura y la escultura para crear rituales en los que procesar su encarnación como entidad no humana/ogbanje/descendiente de una deidad. En la revista RoundTable encontré esta presentación de su primera novela, Agua dulce (Freshwater), que en 2018 revolucionó la escena literaria estadounidense:
"Esta historia visceral, con tintes semiautobiográficos, narra la vida de Ada, un personaje que lucha contra múltiples personalidades que habitan en su mente. Algunas son diabólicas, otras más contenidas. A medida que estas personalidades cobran mayor protagonismo y Ada sufre una agresión traumática, su vida se sumerge en la oscuridad y la autodestrucción. Es un retrato impactante de la neurodivergencia, que se centra en la ontología igbo y en ideas no occidentales sobre la enfermedad mental.
Akwaeke comenta: “El libro se basa probablemente en un 99% en mi experiencia personal. Mientras lo escribía, utilizaba la ontología igbo para analizar toda mi vida, y todo lo que me había sucedido empezó a tener sentido. Me crie en una familia católica, así que intenté abordarlo desde la perspectiva cristiana, pero no funcionó; no me sentía en paz. Había ido a terapia; había intentado abordar temas de salud mental, pero tampoco me ayudó. Estaba aterrorizada porque, como nigerianos, no nos educan para pensar que esto sea algo en lo que debamos incursionar. Está muy estigmatizado. Pero fui a Lagos, hablé con un historiador y con amigos que practican la espiritualidad africana. Todos me dijeron: «Si sientes el llamado, tienes que obedecerlo, y la razón por la que te sientes tan estresada es porque lo estás combatiendo».”
El guionista tuvo un conato de idea. El director pensó que era suficiente. Ambos estaban equivocados. Muy equivocados. Lo que llaman terror atmosférico son simples planos huecos y miradas que pretenden ser inquietantes. Después de 45 minutos anodinos por fin se revela la terrible verdad. Malcolm esconde un secreto y no puede dejar escapar viva a Liz. Lo que sigue son otros 45 minutos donde la coherencia narrativa brilla por su ausencia. Lamentable.
Liz (Tatiana Maslany) y Malcolm deciden realizar una escapada romántica a una cabaña en medio del bosque. El paraje es idílico, la cabaña es moderna y dispone de todas las comodidades, pero ella empieza a tener la percepción de que allí se esconde algún tipo de secreto amenazante. Ciertas sombras, ciertos objetos misteriosos le van dando pistas hasta que encuentra una vieja fotografía que abre un precipicio bajo sus pies. La fotografía parece tener más de cien años pero ahí está Malcolm, más joven, vestido de época y en compañía de otra mujer.
Con respecto a su anterior y prometedora película, Longless, una mezcla de historia detectivesca con atisbos de terror; Keeper supone un ostensible paso atrás.
Nada más concluir la película un tercio de la sala se puso a aplaudir y mientras salíamos agolpados por las puertas oí detrás de mí a un grupo de veinteañeros comentando que volverán a verla.
En cambio a mí me ha decepcionado.
No encuentro el hilo conductor, la idea matriz. Cada uno de los episodios en los que se ve envuelto Odiseo (Polifemo, Circe, las sirenas, Calipso, los Lestrigones o Tiresias) me parecen aventuras sueltas que no suman entre sí. Están aisladas entre ellas porque Odiseo no las une. Se supone que es astuto, vividor y audaz y siempre encuentra el modo salir con bien de cada embrollo, demostrando su liderazgo. Pero eso no ocurre aquí. El Odiseo (Matt Damon) de Nolan es un ser melancólico, ofuscado por la culpa que arrastra desde la guerra de Troya. Él simplemente se tropieza con los clásicos eventos y sale de ellos como puede, sin que hagan mella en él, ni a través de ellos nos muestre su carácter. En el poema de Homero, Odiseo pasa por diversas aventuras que le permiten descubrir su verdadera identidad y empujar su crecimiento. Pero en la película de Nolan no hay nada de eso.
El episodio de Polifemo está desnaturalizado. No queda nada del burlón Odiseo engañando al cíclope. Lo mismo que el de Calipso. Mientras que el de Circe se resuelve de forma atropellada. El más satisfactorio para mí ha sido el descenso al Hades para hablar con Tiresias y obtener una orientación que le ayude a regresar a casa. Allí hay cierta autenticidad cuando los espíritus y los muertos le asesoran sobre su destino. Pero, en general, la película es muy plana. No se aprecia que los episodios del viaje incidan en el desarrollo personal del protagonista, ni hay transformación alguna en este héroe asediado por la culpa.
Creo que a toda la película le falta desenfado, sentido aventurero y un héroe más dinámico. No olvidemos que La Odisea es un viaje de aventuras y dificultades que hay que salvar para regresar a Itaca. Sólo cuando parten de Troya Odiseo se lo reconoce a su lugarteniente, "aprovecharemos el viaje para ver mundo". En cambio lo que vemos a continuación son sus recuerdos de la guerra y devastación de Troya. Se ve que el famoso caballo y la aniquilación de la ciudad favorecen más el espectáculo visual.
La cohabitación con Calipso está dedicada por entero a evocar la guerra de Troya, convirtiendo a la hermosa ninfa (interpretada nada menos que por Charlize Theron) en una simple oyente. Esto no es de recibo, ya que la hija del titán Atlas es central en la historia. Retiene a Odiseo en su isla, que es como un paraíso terrenal, y le ofrece un amor sincero. Ella representa el amor no correspondido y su historia de pasión y deseo es fundamental para entender cómo es el Odiseo que regresa a Itaca.
Creo que la guerra de Troya (el asunto de la Ilíada) tiene una presencia excesiva en esta Odisea y llega a impregnarla de su carácter sombrío. Recordemos que las dos obras de Homero son muy distintas tanto en su argumento como en su estructura y, sobre todo, en su tono. La Ilíada abarca un período de solo 51 días y se centra en la glorificación de la violencia y la guerra. Mientras que la Odisea tiene un tono más aventurero y optimista, incluyendo momentos de comedia y fantasía. En cambio aquí, Nolan nos presenta a un Odiseo sin orgullo ni arrogancia y abatido por la culpa; olvidándose del Odiseo aventurero, astuto y embaucador, protegido de Atenea, diosa de la sabiduría, en cuyas andanzas no duda en compartir cama y enamorar a princesas y semidiosas. En el poema nuestro héroe no está atormentado por el recuerdo de la guerra y cuando llega a su casa y masacra a los pretendientes de su esposa se dispone, jubiloso, a recuperar su vida y reinar.
La historiadora y profesora emérita de Clásicas en la Universidad de Cambridge, Mary Beard, considera que la película de Nolan ha perdido por el camino todo el humor y el erotismo que posee el poema de Homero. Aunque el texto tenga más de 28 siglos está atravesado por el deseo y la seducción, como demuestran los episodios de Circe y de Calipso. También Penélope, en su hogar de Itaca, mantiene una relación deliberadamente ambigua con los pretendientes que ocupan su casa. En cambio, en la película, Penélope (una excelente Anne Hathaway) aparece enfrentada a sus pretendientes sin mayores sutilezas.
El motivo de esta traición de Nolan en su traducción a imágenes nos lo ofrece él mismo al final de su película, en el diálogo entre susurros que mantienen Penélope y un Odiseo disfrazado de mendigo. Ahí, por fin, se revela por qué Odiseo luce apesadumbrado durante todo el metraje: cree que su argucia del caballo, que posibilitó la destrucción de Troya, quebró "la ley de Zeus", esa que se invoca insistentemente durante toda la película; la que dicta que toda guerra debe ser honorable y la hospitalidad obligada para cualquier extraño que llegue hasta tu casa, puesto que puede tratarse de un dios disfrazado.
Nolan ha superpuesto a las aventuras marítimas de Odiseo una meditación sombría sobre la caída de las civilizaciones, trayendo a colación un misterio que fascina a los historiadores, el del colapso de la Edad de Bronce a manos de los denominados "Pueblos del Mar"; unos acontecimientos que acabaron con muchas de las culturas que habían florecido en el Mediterráneo oriental, cambiando el mundo para siempre.
Efectivamente en torno a 1200 a.C. y en el exiguo lapso de unas décadas se derrumbó el Imperio Hitita, ardieron los palacios micénicos y Troya fue arrasada. Reinos prósperos y civilizados fueron barridos por la barbarie y Nolan propone relacionar ambos hechos. En su regreso a casa desde Troya, los distintos reyes aqueos -Agamenón, Menelao, el mismo Odiseo o Patroclo- fueron saqueando cada costa o ciudad que encontraron en su camino, hasta el punto de que una asustada Penélope le observa a su marido, "pero entonces, vosotros sois Los Pueblos del Mar", aquellos brumosos saqueadores que han estado temiendo durante estos años en que estaban esperando el regreso de Odiseo.
Interesante pero desigual versión.
Por otro lado la gente está llenando las salas porque se ofrece espectáculo y yo me alegro. Viva el cine.
Representación de los egipcios venciendo a los Pueblos del Mar
La película sobre La Odisea, de Christopher Nolan, ha puesto de actualidad un misterio histórico poco esclarecido, el de ´Los Pueblos del Mar´. Y eso siempre es bienvenido.
Entre los siglos XIII y XII a.C., en el Mediterráneo oriental, existía una amplio sistema de reinos conectados por fluidas redes comerciales que les habían procurado un inmenso desarrollo económico y cultural. Pero todo eso cambió en torno a 1200 a.C., un periodo marcado por una profunda crisis política y económica en el Egeo, el Mediterráneo oriental, Anatolia y Mesopotamia. En el lapso de unas pocas décadas se derrumbó Hattusa, capital de los hititas, cayeron Ugarit, Alepo y Biblos, ardieron los palacios micénicos y Troya fue arrasada. Solo Egipto resistió convirtiéndose en el dique de contención de esta debacle.
Durante mucho tiempo se creyó que las incursiones de estos pueblos fueron la principal causa del colapso de la Edad del Bronce, tal y como Nolan recoge en su película; pero esta teoría ha perdido fuerza con el paso de los años. Hoy en día mas bien se tiende a pensar que el colapso fue consecuencia de una tormenta perfecta en la que coincidieron terremotos, sequías, rebeliones y el hundimiento de distintos sistemas políticos y comerciales. Hay indicios paleoclimáticos de esa época que apuntan a una sequía prolongada que socavó el excedente agrícola, los intercambios comerciales y los ingresos del Estado. Megan Daniels, profesora de Cultura Material de la Antigua Grecia en la Universidad de Columbia Británica, sostiene que los Pueblos del Mar fueron al mismo tiempo una consecuencia y uno de los factores que contribuyeron a aquella crisis.
La denominación de Pueblos del Mar fue acuñada en el siglo XIX por el egiptólogo francés Emmanuel de Rougé para describir esas décadas de colapso y destrucción. A finales del siglo XIII o principios del XII a.C., en las aguas que hoy bañan la costa mediterránea desde de Turquía a Egipto, llegando hasta la costa este de Libia y, sobre ella, a Grecia, existía un amplio sistema de reinos interconectados muy prósperos, como los reinos minoico-micénicos en el Egeo, el imperio Hitita en la actual península de Anatolia, el gran reino de Egipto al sur, Ugarit y Canaan en el Levante mediterráneo y Asiria al este, en Mesopotamia. Sus pujantes ciudades fueron arrasadas en torno a 1200 a.C. cambiando la Historia y el mundo.
Las excavaciones y dataciones con carbono 14 permiten verificar que en efecto hubo una destrucción general por fuego y saqueo en el arco oriental mediterráneo y en un plazo corto en el tiempo. Esta política de tierra quemada podía ser por el acceso a alimentos y recursos, pero no por asentamiento, ya que la destrucción eliminaba toda opción de supervivencia a largo plazo en la zona, lo que les empujaría a seguir atacando una y otra vez hasta agotarse. Los Pueblos del Mar, siguiendo esta línea, serían pues una difusa y accidental amalgama de grupos humanos que, como un efecto dominó, se empujaban unos a otros sin pausa, constituyendo un círculo vicioso de muerte y destrucción.
Todos tenemos una cámara de video perdida en algún armario. Es fácil pensar que en alguna de sus cintas está escondido un pasado ya muerto; pero ¿te imaginas que en esa inocente cámara se esconde una ventana a algo insospechado?
En este cortometraje un joven acude a la casa de su padre recién muerto para recoger sus trastos y limpiarla. En uno de los armarios descubre la preciada videocámara a la que tan aficionado era su padre. ¡Cuántos recuerdos de las películas caseras que hicieron juntos se agolpan en su mente! Sin sospechar nada la pone en marcha y acerca su ojo al visor....quizás ese sencillo acto le va a acercar a su padre por última vez.
Me encanta el ritmo del corto y su precisión. Es muy escueto y logra contarlo todo con imágenes. El aspecto de found footage hace el resto. Matt Sears ha conseguido reunir sus recuerdos en torno a su padre y a su cámara y los ha dado la vuelta, cobrando todo una nueva dimensión. Resulta entrañable, además, que haya utilizado como atrezzo la antigua cámara compacta con la que se inició como cineasta. Según cuenta tenía un modo de visión nocturna/infrarrojo que se llamaba OLUX, de ahí el título del corto.
Ten cuidado con a dónde te asomas. A mí me ha recorrido un escalofrío por la espalda.
Esta novela es inusual dentro de la literatura española. Se trata de un western brutal que me recuerda a Intemperie de Jesús Carrasco, aunque aquí la violencia es más salvaje y cruda. ´Maleza´ es una novela de frontera donde no existe más ley que la del más fuerte en medio de un conflicto bélico, las guerras carlistas, y en un territorio que el protagonista define como una "cárcel de piedra, margas, picos y bosques infinitos"; la comarca de Taradell y los bosques de la Plana, al sur del Montseny.
De hecho la novela se publicó originariamente en catalán, en 2022, con el título de ´Guilleries´, que es el nombre de un espectacular parque natural cuyos parajes y elementos mitológicos también están presentes en otro éxito procedente de Cataluña, ´Canto yo y la montaña baila´ de Irene Solà.
El protagonista y narrador es un niño, Boi, que cuando empieza la historia acaba de perder a su madre, muerta, mientras su padre y su hermana huyen a otro lugar. Boi elige quedarse con su abuela a la que conocen en la comarca como madame Laveau, la hechicera. Ella y el bandolero que lo capturará posteriormente, Joan Tur, se convertirán en sus mentores, enseñándole los sinsabores de la vida.
Tanto Madame Laveau como Joan Tur fueron testigos en el pasado de unos hechos sangrientos que implicaron a los padres de Boi. Ahora intentarán ayudarlo en un desenlace que amenaza violencia y muerte.
La plaza de Taradell
Si la abuela ejerce como tutora de Boi, el bandolero Joan Tur lo hace como mentor. Se trata de un personaje tan ambiguo como fascinante. Porta un zurrón lleno de papeles arrugados con palabras y en caso de duda le hace meter la mano y coger uno. Así es como van acercándose al entendimiento entre ellos y a una realidad que se les escapa entre las manos. A pesar de esto Tur no dudará en poner a Boi en manos del jefe de su partida, el sanguinario Bonaplata; quien lo torturará hasta saber dónde se esconden su abuela y su padre, el objetivo de su venganza. Pero también, a la postre, lo acabará salvando porque se ve reflejado en él. Boi conocerá la ternura y el amor por su abuela y la brutalidad y la violencia de la vida por Joan Tur. Dos caras de una misma educación.
"Creía que eras bueno. ¿Yo? Sí. Se encogió de hombros. La bondad es relativa. Mira por la ventana. ¿Es el día que empieza o la noche que acaba? Una pregunta absurda. Todo está conectado. También la bondad y la maldad, no hay nada puro en este mundo". pág. 101
Todo, desde los personajes que van apareciendo, el territorio, la época y el estilo, tiene una atmósfera entre mágica y terrible. Los mágico viene determinado por la vivencia del niño con su abuela hechicera y con su padre, capaz de hablar con los caballos y sanarlos. Precisamente un caballo tendrá un papel crucial en el desenlace, cuando Joan Tur descubre en él un mensaje secreto del padre que le ayudará a decidir qué hacer.
La historia va más allá de carlismos y liberalismos. Habla de la ceguera y brutalidad de las personas que utilizan las banderas como simple excusa.
"Al final del desfiladero por el que íbamos había un valle y en el centro tres o cuatro casas en ruinas, como un pueblo al que le hubieran caído encima doscientos años de golpe, así, sin que nadie lo esperara. Pensé en los carlistas y después en los liberales y después otra vez en los carlistas y en decenas de hombres que no eran ni una cosa ni la otra y que deambulaban por los caminos, y en las pistolas y las escopetas que todo el mundo llevaba y en los miles de picos y papales y barrenas de los hombres que buscaban sal en las montañas." pág. 80
También habla de un momento de cambio social y de los monstruos que esto engendra. La abuela pertenece a la estirpe de los agotes, unos apestados a los que nadie quería cerca.
"Mi abuela llegó a Taradell con sus dos hijas un día de verano. Venían del norte, aunque mi madre siempre me decía que no venían, que huían. (...) Nuestro pueblo siempre estuvo mal visto y las cosas que decían de nosotros eran todas mentira excepto una. ¿Cual?, preguntaba yo. Su Dios y el nuestro no es el mismo, me respondía. Nos obligaban a vivir a las afueras del pueblo, más allá del río porque el río, según ellos, los protegía y purificaba; teníamos que cosernos una marca en la ropa, una especie de huella de gato de color rojo, y pobre del que saliera a la calle sin eso; tenías que llevar una campanilla que hacías sonar cada vez que ibas al pueblo para que la gente tuviera tiempo de apartarse". pag. 25
Se decía que practicaban rituales heréticos y que fornicaban entre padres e hijos. Nadie los podía tocar y menos aún tener con ellos relación alguna... hasta que llegó un hombre y decidió que todo aquello era arbitrario y que los agotes simplemente eran muy pobres y tenían otras creencias, pero eran personas como todas las demás: su abuelo.
El desarrollo de la novela se lleva a cabo como un continuo desvelamiento, como el aterrizaje desde la fantasía y los recuerdos del niño hasta la cruda realidad de enfrentamiento y muerte. El territorio que al principio aparece con el brillo de la magia y la naturaleza poco a poco se va revelando como una cárcel pétrea y sangrienta. De hecho, la entrada de la partida de Bonaplata en Taradell es una imagen arquetípica del western que abre la puerta al feroz desenlace. Boi es la llave para conseguir su venganza y cuando ya está en su poder se dispone a torturarlo sin ningún miramiento. La escena es terrible. Con voz pausada y cortante le va anunciando al niño cada tormento al que le va a someter mientras Boi busca evadir su mente. Brutal.
La novela tiene poca acción pero traslada una intensidad dramática y emocional formidable. El encuentro del niño con la partida de Bonaplata apenas ocupa un día y una noche pero su diálogo inclemente y pormenorizado es tremendo. Narrado por el niño, cada minuto se expande hasta lograr detener el tiempo, mientras las páginas se llenan de amenazas, sospechas y dolor. La propia narración adquiere el espesor de las pesadillas, ese que te atrapa y no te deja caminar.
"No entendía nada de lo que había pasado los últimos días, no entendía las historias que estos hombres me contaban, no sabía quién era el hombre del árbol ni la mujer del agujero en el pecho, no sabía quién era Joan Tur ni Bonaplata, dudaba de todo y me era imposible saber qué era cierto y qué no, pero algo tenía claro: si les decía lo que querían saber, harían daño a la gente que quería. De alguna manera todo esto estaba conectado con mi abuela, mi padre y mi madre muerta, e incluso los muertos pueden morir una segunda vez." p. 102
La atmósfera de miseria y violencia me recuerda a ´Pa negre´ (Agustí Villaronga), mientras que el niño narrador rodeado de fantasmagorías me recuerda al ´Pedro Páramo´ de Juan Rulfo, con esa mezcla onírica de tragedia y muerte.
Quisiera resaltar un par de asuntos más que atraviesan la novela. El primero son las diversas maldiciones presentes, entre las que está la guerracivilista, la de los agotes o la de la locura, ignorancia o superstición que afectó a la madre de Chico, uno de los ´niños encontrados´ (más bien abandonados) que malviven en una granja abandonada. Fue acusada y quemada en la plaza del pueblo acusada de matar a los seis hijos que tuvo.
"Un año y medio más tarde, su madre paría el sexto hijo, Daniel, que también se murió, pocas semanas después, en las mismas extrañas circunstancias que el pequeño Toni. Ese día llovió y al atardecer, el jardín se llenó de ranas y caracoles. Después de aquello, la gente llegó a la única conclusión a la que podía llegar: la familia estaba maldita. El médico del pueblo, el que había pinchado por dentro los oídos de Chico y que había visto cómo morían, uno a uno, todos los hijos de la pareja excepto él, llegó a otra conclusión: no sabía cómo ni por qué, pero esa mujer estaba matando a sus hijos." p. 39
El segundo asunto tiene que ver con el conjunto tan variado de situaciones paternofiliales que se cruzan en la novela y que la convierten casi en el relato de una saga familiar. La de Boi, sus padres y su abuela, que esconde un secreto familiar; pero también la de Bonaplata que adoptó a Joan Tur como un hijo, pero perdió a su auténtico vástago, un criminal violento y salvaje que fue asesinado y al que lleva tiempo deseando vengar. Todo ello sin olvidar esa historia lateral tan jugosa sobre ´los niños encontrados´.
La experiencia lectora es muy literaria, casi poética y evoluciona desde un principio casi mágico hacia la intriga de saber quien es el hombre que aparece en el árbol sagrado, junto al río, auténtico detonante de toda la acción posterior. Desde ese momento todo se acelerará y la vida infantil de Boi perderá su inocencia, arramblada por el tumulto de la historia.
Ferran García tiene una manera muy particular de narrar que tiene que ver con la atmósfera onírica que ha creado. La novela avanza a través de fragmentos que se mueven en el tiempo y en el recuerdo conformando una especie de puzle emocional. El carácter ancestral, casi mítico, del relato lo subraya con una forma de contar elíptica, donde los hechos parecen venir determinados por un destino fatídico, casi telúrico. Así se puede apreciar en este párrafo perifrástico, en el que en vez de decir ´mi abuela me dijo que tenía que ir al árbol del río´, el autor nos deja escuchar todos los ecos míticos que entraña esa simple acción.
"Madame Laveau me había dicho a donde debía ir. Mi gente tiene algunas cosas sagradas. Una herradura que se guarda sumergida en una pila baptismal, cerca de la frontera. Una pared, dentro de un palacio en el que no podemos entrar, construida con piedras que en realidad son una mezcla de huesos y dientes de nuestros antepasados, triturados y pasados por el mortero. La moneda de plata donde apareció por primera vez nuestra cruz. Pero mi abuela dice que solo hay un cosa sagrada y que son las miradas. Que la herradura, la pared y la moneda no son más que baratijas que tienen el mismo valor que las ganas de aguantarse un pedo. Sagrado significa que es inviolable porque está vinculado con Dios. Especial, en cambio, quiere decir que una cosa es diferente del resto. A veces solo es especial para ti. Un lugar especial, por ejemplo. O un perro o una uña. Para el resto del mundo ese lugar es exactamente igual a cualquier otro, el perro es idéntico a cualquier perro, la uña es como todas las uñas, pero supongo que siempre hay un lugar, un perro o una uña especial para alguien. Mi abuela tenía un árbol especial. Nunca me contó por qué, pero yo sabía que era especial. También lo sabía mi madre y resulta que también lo sabía el hombre que encontramos en el río. Ahí tenía que ir." p. 70
Creo que la abuela representa lo antiguo, un mundo en armonía con las creencias y la naturaleza; mientras que Joan Tur representa el futuro, la consciencia y rispidez del mundo adulto. Entre estos dos tiempos se sitúa el presente, el lugar donde ambos entablan una feroz batalla. Así lo reconocer el propio narrador cuando dice: "Algunas cosas empezaron y otras se terminaron cuando llegó el hombre del árbol. Que los niños me tiraran piedras fue una de las cosas que terminó. Pero los problemas empezaron. Quiero decir los de verdad."
👉一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一 Ferran Garcia nació el 12 de junio de 1971 en Vic. Ha publicado en catalán las novelas ´Recorda que moriràs´ (2016) y ´Blasfèmia´ (2019), ambas en la Editorial Males Herbes. También tiene publicados los poemarios ´Larva´ (Premio de poesía Pare Colom, Lleonard Muntaner Editor, 2017) y ´Magror´ (XXI Premio de poesía Pere Badia, 2021).
´Maleza´, de Ferran García, es una novela terrible y poética que cuenta la historia de un niño que esconde un secreto familiar en medio de las guerras carlistas en Cataluña. En ella podemos encontrar páginas tan evocadoras como esta.
"Hay cosas que nunca te he contado. Cosas que tienen que ver con ellas, y señaló las tumbas con el mentón, y con el hombre que has visto en el árbol sagrado.
¿El hombre destripado?
Madame Laveau cerró un momento los ojos y asintió.
Son cosas que pasaron hace mucho tiempo y que pensaba que conseguiría alejar para siempre. Pero el pasado, a veces, se parece a la hiedra, que tiene unas raíces extrañas y un extraño reptar, se aferra a las cortezas de los árboles y el árbol crece y crece, pensando que si crece lo bastante rápido, la hiedra no le atrapará, que siempre podrá crecer un palmo más, lo bastante para poder respirar; un palmo más, suficiente para conservar una hoja verde y que el sol la toque y él pueda seguir viviendo. Pero es un error. La hiedra siempre te atrapa. No es que crezca más rápido que tú, no, el error es pensar que crece solo en altura. La hiedra también crece dentro de ti, te entra por le vientre con sus raíces blancas y delgadas y te sorbe y te deja sin fuerzas. Llega un momento que ya no puedes seguir fingiendo, y a no tienes fuerzas y entonces tienes que detenerte y la hiedra gana. Te cubre totalmente y te seca. Ella muere contigo, pero eso no le importa. Es su naturaleza. Aferrarse a ti y matarte. Lo sabe desde el mismo momento en que empieza a reptar por tu tronco." pág. 115
´Les Guilleríes´, territorio donde transcurre la acción de la novela