sábado, 24 de enero de 2026

28 AÑOS DESPUÉS: El Templo de los Huesos - de Nia DaCosta

2026


En una Tierra sin Dios, Lucifer campará a sus anchas. Eso es lo que parece trasladarnos esta nueva película de la saga. Aclarando que Lucifer va a ser el propio ser humano llevando el terror hasta el último rincón de la Tierra. 

Acabé de ver la anterior entrega -28 años después- bastante decepcionado. El joven Spike (Alfie Williams) abandonaba la seguridad de una pequeña fortaleza humana para iniciar un viaje iniciático junto a su padre. Ahí había una sugerente línea narrativa pero el desarrollo fue confuso. Se publicitó hasta la extenuación por el modus operandi -se rodó con un smartphone- pero la cinta no despegaba y parecía una mera película de transición. Sin embargo, hacia el final encontraba un hallazgo, un osario hecho de torres de cráneos y huesos que era en sí mismo un universo bizarro. También allí, en medio del horror y la devastación, la película descubría un tono extrañamente dramático y conmovedor: una mujer moribunda encontraba entre los huesos el consuelo y la piedad. 

Sólo ocho meses después de aquello vuelvo al cine para ver la cuarta película de la saga y me encuentro con que no es una secuela más, sino una continuación exacta y en toda regla de aquella tercera.
Sorpresa. 



Repaso el libreto. Alex Garland figura como guionista de la anterior y de ésta. Me informo un poco más en la red y descubro que aquella tercera película no cerraba un trilogía sino que abría una nueva que concluirá con una próxima entrega. Ahora sí, todo cobra sentido. Más si cabe cuando en la última secuencia de este Templo de los huesos aparece de nuevo Cillian Murphy, aquel que asistió al comienzo de todo, allá por 2002, en un Londres fantasmagórico asolado por un terrible virus. Murphy servirá de enlace con la próxima película que se supone cerrará el círculo.

Ya con la perspectiva ajustada tengo que reconocer que Garland ha conseguido abrir un nuevo camino en este bosque de zombis. Un camino donde prima menos el terror y los mordiscos infectados que retratar más a fondo las respuestas (científicas y psicóticas) que el género humano ofrece ante el apocalipsis zombi.

Ahora sí, todo cobra sentido y valor. Los infectados ya no son la principal amenaza sino aquellos supervivientes desquiciados que han perdido su humanidad y abrazan nuevos mitos y religiones que predican la destrucción. Así es como comienza la cinta, directamente a la acción, con una banda de asesinos jaleando un ritual de muerte en el que el pequeño Spike es la víctima propiciatoria.



La película alterna dos líneas narrativas. Por un lado la aventura de "los Jimmies", una panda de descerebrados con chándal y pelucas rubias, que se han erigido en ángeles de la aniquilación. Un ejemplo perfecto de la degeneración postapocalíptica en la que ha caído la Humanidad. Siguen a un líder muy carismático, Jimmy Crystal (Jack O´Connell), inspirado en el criminal británico Jimmy Savile, que se rige por la voz que dice escuchar de su padre Lucifer.

Esta parte es de una violencia insoportable, al estilo de películas como Los Extraños o incluso Llaman a la puerta (2023, M. Night Shuyamalan). Sus ritos son tan terribles y sangrientos, como el denominado La Caridad. Llegan a repugnarnos hasta el punto de desear que aparezca una jauría de infectados que arrase con todo.

La otra línea se centra en el doctor Kelson (Ralph Fiennes), constructor del osario que rinde homenaje a la  memoria de la humanidad. Está embarcado en un experimento con un infectado gigantesco, Samsón. Cuando se enfrentó a él le disparó un dardo impregnado con un cóctel de drogas que parece que le sosegó. El Dr. Kelson quiere seguir esa vía hasta ver a dónde le lleva y mientras tanto tiene a alguien con quien charlar...aunque esté de tripi. Así que la película navega entre el desastre definitivo para la Humanidad y un pequeño atisbo cura.



Desde que crearon la saga hace más de dos décadas, Danny Boyle y Alex Garland nunca han escondido el sentido alegórico de su libreto respecto del mundo contemporáneo. Ya la primera entrega fue recibida en su momento como una parábola post-11-S, mientras que la tercera mostraba los ecos del Brexit al haber confinado el virus en Gran Bretaña, obligando a cerrar las islas para el resto del mundo. 

En general la saga revela el modo en que la violencia emerge feroz cuando la sociedad y las instituciones se descomponen. Más en concreto, los Jimmies reflejan el populismo actual, con un seguidismo brutal e irreflexivo y un mecanismo de poder basado en la fuerza y el miedo. 




El momento cumbre de la película llega cuando los caminos de los Jimmies y el Dr. Kelson colisionan. La mezcla de bulos, creencias y psicopatía produce un clip audiovisual soberbio, con música de Iron Maiden, que me llegó a recordar (un poco) la embrujadora secuencia central de Los pecadores (Ryan Coogler, 2025).

Un circunspecto Dr. Kelson logra que nos identifiquemos con él, un tipo embadurnado con yodo que sigue creyendo en el valor de la ciencia y la capacidad humana para enfrentar la barbarie: “Este acto de dignidad nos humaniza. Están muertos. Se han ido. Pero los recuerdas y los honras”, dice aludiendo a sus columnas de homenaje a las víctimas del virus.

lunes, 19 de enero de 2026

LA MÁS RECÓNDITA MEMORIA de LOS HOMBRES - de M. Mbougar Sarr



En esta novela se narra un asunto evidente -la búsqueda de un escritor que tras un éxito fulgurante desapareció de la faz de la tierra- y otro soterrado: ¿por qué escribir?. El viaje iniciático que emprende el protagonista en busca del autor de culto es de incierto destino, pero la novela refleja las recompensas de la travesía. La primera, poder leer el libro que lo encumbró, un libro tan discutible como fascinante.

"La más recóndita memoria..." cuenta la historia de un prometedor escritor senegalés afincado en París -Diégane Latyr Faye- cuando descubre una legendaria novela publicada en 1938, "El laberinto de lo inhumano", debida a la pluma de un escritor también africano, T. C. Elimane. En aquella época el libro tuvo un éxito clamoroso y las élites de Francia tildaron a su autor como "el Rimbaud negro"; pero al poco tiempo estalló el escándalo. Dos catedráticos lo acusaron de plagio. La editorial retiró todos los ejemplares y el autor desapareció de la escena pública. La obra maldita cayó en el olvido; pero ahora Diégane la ha descubierto y está subyugado, tanto que se impone a sí mismo la búsqueda de Elimane mientras obsesivamente relee su libro. 

Marème Siga D., una enigmática escritora también senegalesa, es quien se lo ha descubierto e incluso le ha entregado su precioso ejemplar de ese libro inencontrable. Léelo, luego ven a verme a mi casa de Ámsterdam, le reta. Ella se convertirá en "la Araña Madre", quien le guiará por un laberinto hecho de tiempo y memoria. Será un viaje en busca de un mito, pero también -sin duda- de sí mismo. 
«El libro se desvelará por sí solo. Vuelvo a ver la mirada triste de la Araña Madre al dármelo. Vuelvo a escuchar sus palabras: Te envidio. Vas a descubrir este libro. Pero también te compadezco». «Te envidio significa: vas a bajar una escalera cuyos escalones se hunden en las regiones más profundas de tu humanidad. Te compadezco significa: cerca del secreto, la escalera se perderá en la sombra y estarás solo, privado del deseo de subir de nuevo porque se te habrá mostrado la vanidad de la superficie, e incapaz de bajar porque la noche habrá sepultado los escalones que conducen a la revelación».




La novela es fascinante y su estructura tan elusiva como el autor desaparecido. Por momentos parece una novela negra o una investigación periodística, pero también incluye jugosas disquisiciones literarias y filosóficas, críticas al mundo de la edición y hasta un retrato íntimo y social del desarraigo y los estragos que la colonización provocó en África. Eso sin contar el debate interno que mantiene el escritor sobre la necesidad o futilidad de su vocación literaria. 
"Lo que buscamos, mi buen Diario, no puede ser nunca la verdad como revelación, sino la verdad como posibilidad, resplandor al fondo de la mina donde cavamos desde siempre sin linterna frontal. Lo que persigo yo es la intensidad de un sueño, el fuego de una ilusión, la pasión de lo posible. ¿Qué hay al fondo de la mina? Otra vez la mina: la gigantesca muralla de hulla, y nuestra hacha, y nuestros golpes, y nuestros suspiros. Ahí está el oro."
Tratándose de un tema eminentemente literario el estilo es sumamente ágil y por momentos hasta urgente. El autor nos va desgranando la experiencia de su indagación aportando multitud de textos y relatos de testigos. El asunto le apasiona hasta el punto de que tras leer "El laberinto..." se siente incapaz de escribir. A ese bloqueo se añade el enorme desprecio que siente hacia la literatura que le rodea, llena de lugares comunes y empachada de novedades insulsas. Sólo le queda escribir el Diario de su pesquisa, a través del cual nos embauca y enreda en su búsqueda.
"11 de julio de 2018
Diario, solo te escribo por una razón: decir cuánto me ha empobrecido El laberinto de lo inhumano. Las grandes obras empobrecen y siempre deben empobrecer. Nos quitan lo superfluo. De su lectura, uno siempre sale despojado: enriquecido, pero enriquecido por sustracción."
Yambo Ouologuem

El formato de la novela es de tipo collage. Diégane acopla en su relato todo tipo de textos y formatos hilvanando una crónica que se va ramificando en otras crónicas. Está el Diario de Diégane y dentro de él el testimonio de Siga D. que contiene la historia de la poeta haitiana amante de Elimane y la crónica de la periodista Brigitte Bollème sobre el Rimbaud negro; la cual a su vez contiene el relato de la editora de Elimane, etc., etc. acompañado todo ello de cartas, emails, artículos de prensa, extractos de libros e incluso de las siniestras fichas necrológicas de los seis críticos que hablaron de "El laberinto..." en prensa, ya que ¡todos ellos acabaron suicidándose!. 

Cada encuentro se convertirá en una nueva historia, cada carta en una nueva evocación que no hará más que recordarles -a Diégane y Siga D.- que Elimane sigue siendo un fantasma inaprensible que se pierde en un jardín de senderos que se bifurcan. ¿Por qué desapareció?, ¿Qué se ocultaba tras el escándalo que hundió su carrera?. Y no menos importante ¿A qué se debe el enigma de su silencio?.



El collage también lo es de voces distintas cuyos ecos intentan acotar el misterio. El testigo principal de Diégane es Siga D. que nos cuenta el origen del escritor maldito; pero también está el relato de la poeta haitiana que fue su amante en el Buenos Aires de Sábato y Gombrowicz, y el testimonio de la periodista Brigitte Bollème que rastreó a los editores del fatídico libro, Charles Ellenstein y Thérèse Jacob, para escuchar de su boca la historia de la publicación. 

También hay voces africanas en este coro, como la del padre de Siga D. relatando el choque de la colonización contra las formas de vida tradicional. O la del escritor Musimbwa, que en una carta le recuerda a su amigo Diégane que "se puede escribir en cualquier sitio; pero saber y comprender lo que uno debe escribir verdaderamente, eso no se puede hacer en cualquier lugar". Y sobre todo la voz conmovedora de Mossane, aquella hermosa mujer que se cobijó en el silencio y se dejó marchitar durante años "bajo el viejo mango frente al cementerio", esperando la vuelta de su hijo, Elimane. Su voz brota como un flujo de conciencia en capítulos sueltos denominados "biografemas" y son las páginas más íntimas y desgarradoras de la novela. 

El libro se constituye así como una crónica de crónicas con diversos autores y estilos. Y esto es muy cierto. Hay un estilo en el Diario que difiere del de la crónica periodística de Bollème o de las cartas de Elimane o del eco de memoria que nos evoca Mossane. Mohamed Mbougar Sarr, como Diégane, se muestra como un consumado fabulador que trenza multitud de historias y narradores para dar fuste a su libro. 



Además, si nos fijamos, este collage de voces, relatos y textos no es más el remedo estructural de "El laberinto de lo inhumano", descrito por todos sus lectores como un virtuoso collage confeccionado con fragmentos de otras obras (de ahí la denuncia de plagio). Así lo refiere su editora.
"Habíamos verificado y nos habíamos asombrado al descubrir aquellos préstamos, pero también al ver cómo había logrado fundirlos en el movimiento de su texto. Una vez recuperada de la sorpresa, aún me admiró más El laberinto de lo inhumano y el genio de Elimane (sí, me atrevo a usar esa palabra). Hay que ser un genio para escribir toda una obra con fragmentos de las de otros. Como mínimo hay que tener el genio del collage. Charles fue más circunspecto. Veía el virtuosismo de la composición, reconocía la singularidad de la historia del libro, pero no llegó a librarse de la idea de que era un robo, una impostura deshonesta."
Este paralelismo entre la obra escrita ("El laberinto...") y la que se está escribiendo en torno a ella no es el único que podemos apreciar. En la novela se llega a establecer un verdadero juego de espejos entre el buscador -Diégane- y el buscado. Ambos comparten una desmedida ambición literaria: "Te gustaría escribir un solo libro. En el fondo sabes que solo uno cuenta: el que engendra el resto de los libros o el que estos anuncian". También corre paralela su peripecia vital puesto que ambos pasan de puntillas por el conflicto político que los rodea en Senegal y los dos abandonan sus relaciones amorosas, inmersos como están en una búsqueda absorbente.  
    "Esa era la lección que me dio mi amigo en su tragedia: ser valiente y hacer lo que había que hacer.
    Y lo que yo debía hacer, más allá de la búsqueda del amor, de la legitimidad política y de las decepciones a las que tales empresas pueden llevar o exponernos, era continuar siguiendo la pista de Elimane, la pista de su libro. Mi vida, como toda vida, parecía una serie de ecuaciones. Una vez revelado su grado, inscritos sus términos, sus incógnitas establecidas y fijada su complejidad, ¿Qué quedaba? La literatura; no quedaba ni quedaría nunca nada más que la literatura; la indecente literatura, como respuesta, como problema, como fe, como vergüenza, como orgullo, como vida."
Esta es la parte de la novela que más me ha cautivado, esa corriente subterránea que recorre el libro entero y que tiene que ver con la obsesión por la literatura, por lograr el "libro esencial" del que habla Elimane. No en vano hay una serie de agudos dilemas que afloran en sus páginas: ¿es tan importante la literatura como para dedicarle la vida entera? ¿Prevalece el texto por sí mismo o es inexcusable anclarlo a la vida? ¿Importa la identidad del autor y su cultura? Si todos somos lectores ¿hasta dónde se puede hablar de plagio?
«Te voy a dar un consejo: nunca intentes decir de qué habla un gran libro. O, si lo haces, te digo la única respuesta posible: de nada. Un gran libro no habla nunca de otra cosa que de nada, y sin embargo está todo en él. No vuelvas a caer en la trampa de querer decir de qué habla un libro que percibes que es grande. Esa trampa es la que te tiende la opinión. La gente quiere que un libro hable necesariamente de algo. La verdad, Diégane, es que solo un libro mediocre o malo o banal habla de algo. Un gran libro no tiene tema y no habla de nada, solamente busca decir o descubrir algo, pero este solamente ya lo es todo, y este algo también lo es todo».


No quiero dejar de lado un asunto central del libro, la crítica al colonialismo y a la suplantación cultural. En uno de sus muchos intercambios Musimbwa le envía un email a su amigo Diégane explicándole lo que "El laberinto..." significa para él.
     "En el fondo, ¿Quién era Elimane? Ignoro a qué pistas te ha llevado tu investigación durante las últimas semanas. Pero veo una respuesta posible: Elimane era aquello en lo que no deberíamos convertirnos y en lo que nos convertimos lentamente. Era una advertencia que no se supo interpretar. Esa advertencia nos decía a los escritores africanos: inventad vuestra propia tradición, fundad vuestra historia literaria, descubrid vuestras propias formas, probadlas en vuestros espacios, fecundad vuestro imaginario profundo, tened una tierra vuestra, porque solo ahí existiréis para vosotros, pero también para los demás. En el fondo, ¿quién era Elimane? El producto más logrado y trágico de la colonización."
Al concluir la novela me surge la duda sobre si los autores y libros que se citan en ella son auténticos o ficticios. Así vuelvo a la dedicatoria que la encabeza: Para Yambo Ouologuem. Y allí se abre para mí un nuevo libro, el de la Historia. 
El último paralelismo de esta novela, el más elocuente, es que se trata de un sentido homenaje al escritor maliense Yambo Ouologuem (1940-2017) ganador en 1968 del Premio Renaudot por su ópera prima, «Le devoir du violence». La novela causó un enorme impacto y su autor fue apodado el "Proust africano". Pero esa carrera fulgurante se vio truncada por acusaciones de plagio en las que participó Graham Green. A raíz de esta polémica, la novela fue retirada de la circulación y Ouologuem regresó a Mali tras diez años de amarga disputa con la editorial Seuil. Allí pasó el resto de sus días recluido. 
Las acusaciones que se hicieron de plagio suenan hoy a racismo. Se arremetió contra él de una forma que parecía encubrir otras intenciones. 
No sorprenderá que esta novela esté elaborada como un collage donde se dan cita un sinfín de recursos literarios, desde el relato oral, la epopeya, el lirismo espiritual y hasta el diálogo teatral.










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"Deber de violencia" es un texto crudo, lleno de violencia y sexo, que no deja bien parados a los africanos. Ataca frontalmente la idea de negritud nacionalista que las élites africanas preconizaban, idealizando un tiempo pasado de las sociedades africanas que la colonización destruyó.
Ouolaguem nos recuerda que la violencia y la esclavitud se ejercieron desde siempre entre africanos, destruyendo sociedades enteras, y que los opresores europeos simplemente fueron los últimos en llegar. Una autocrítica contra la que se levantaron algunos escritores africanos como Léopold Senghor




Aquí un artículo general sobre Ouologuem
Aquí un artículo más específico sobre su obra
Aquí una reseña completísima de "Le devoir de violence"

ATERRADORA BELLEZA - de M. Mbougar Sarr






























"La literatura se me apareció bajo los rasgos de una mujer de aterradora belleza. Le dije con un tartamudeo que la estaba buscando. Ella se rio con crueldad y dijo que no le pertenecía a nadie. Me puse de rodillas y le supliqué: Pasa una noche conmigo, una mísera noche solo. Ella desapareció sin decir palabra. Me puse a perseguirla, lleno de determinación y de desprecio: ¡Te atraparé, te sentaré en mi regazo, te obligaré a mirarme a los ojos, seré escritor! Pero siempre llega ese momento terrible, en mitad del camino, en plena noche, en que retumba una voz y te alcanza como un rayo; y la voz te revela, o te recuerda, que la voluntad no basta, que el talento no basta, que la ambición no basta, que tener una buena pluma no basta, que haber leído mucho no basta, que ser famoso no basta, que tener una vasta cultura no basta, que ser sensato no basta, que el compromiso no basta, que la paciencia no basta, que emborracharse de pura vida no basta, que apartarse de la vida no basta, que creer en tus sueños no basta, que descomponer la realidad no basta, que la inteligencia no basta, que emocionarse no basta, que la estrategia no basta, que la comunicación no basta, que ni siquiera basta con tener cosas que decir, igual que tampoco basta el trabajo apasionado; y la voz dice además que todo esto puede ser, y a menudo es, una condición, una ventaja, un atributo, una fuerza, sí, pero la voz añade enseguida que, en esencia, ninguna de estas cualidades basta nunca cuando se trata de literatura, ya que escribir exige siempre otra cosa, otra cosa, otra cosa. Luego la voz se calla y te deja solo, en mitad del camino, con el eco de otra cosa, otra cosa, que rebota y se escapa, otra cosa ante ti, escribir exige siempre otra cosa, en esta noche sin amanecer seguro."




de Mohamed Mbougar Sarr
Editorial ANAGRAMA, 2022





La imagen de portada  pertenece a Elle Fanning en la película The Neon Demon de Nicholas Winding Refn 

martes, 13 de enero de 2026

EEUU HOY - ENERO 2026

Un presidente que es un delincuente convicto y que apoya el asesinato de sus conciudadanos, como ha pasado con Renée Nicole Goode. 
Mark Ruffalo no se inventa nada.
Con el emperador pollo desatado y gobernando a base de órdenes ejecutivas, sin ningún contrapeso político ni judicial, la democracia norteamericana se enfrenta a una prueba extrema de supervivencia.




lunes, 12 de enero de 2026

LOS DÍAS VAN TAN RÁPIDO - de Gonzalo Rojas

 

Obra de José Lucas






                 LOS DÍAS VAN TAN RÁPIDO



Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.





«Contra la muerte» (1964)
Gonzalo Rojas (Chile, 1916 - 2011)