sábado, 1 de noviembre de 2025

LA POESÍA DE ATENCIA - según Sharon Keefe Uglade



LA POESÍA DE MARÍA VICTORIA ATENCIA O CÓMO CONTENER EL VUELO DE LA GENTIL OROPÉNDOLA 

Sharon Keefe Uglade
SOUTHWEST TEXAS STATE UNIVERSITY


Detengamos la sombra del sol en sus relojes, 
las aguas en sus ríos. Y por sólo este día 
que contenga su vuelo la gentil oropéndola.¹ 
María Victoria Atencia

EL VALOR TRANSCENDIDO

        Al hablar de la poesía de María Victoria Atencia es inevitable abordar el tema de la transcendencia, como pone en evidencia esta declaración de la autora sobre su propia poética: «Quizás la poesía no sea más que un modo de substitución por correspondencias personalmente halladas y de las que se espera una mayor luz hacia dentro y hacia afuera; de las que se espera un valor transcendido»². Según asevera Atencia en la misma poética, lo circunstancial, lo ocasional, lo coyuntural son una mutilación «de las infinitas posibilidades que el poema ofrece, de todas las infinitas posibilidades de un sueño»³. Traspasar la frontera del mundo sin límites de los sueños, de la imaginación, y de la creación posibilita la revelación de las últimas esencias de la realidad, pero llegar a ese «otro mundo» requiere un estado de total disponibilidad. La poeta-hablante de los textos atencianos se entrega a la espera, intensificada en las solitarias horas nocturnas.
        Entre los textos de Atencia que inducen a meditar sobre el proceso poético figura el siguiente titulado «La llave»⁴:

Me despoja de mí el silencio en las torres
que una llave de piedra o de plata me abren,
y a las veras del agua se desnuda de aljófar
y nácar la nostalgia. Deja escurrir el mirto
una gota de aroma que sacude a la alberca.
Puedo ungirme las yemas para dar luz a un ciego.
Discurro con la noche. Los cipreses se alzan.
Soy el vacío ya. Ni una voz me sostiene.

        El poema expresa que tanto la contemplación de objetos de arte, sugerida al nombrar sustancias naturales elaboradas por los escultores y los plateros («piedra» y «plata»), como la intensificación de los sentidos («aroma del mirto») sirven como llave de la disponibilidad poética. El título formula un concepto de la poesía como llave del espacio infinito de la imaginación. El poema describe el proceso de la espera y en el último verso el estado logrado de disponibilidad creativa: «Soy el vacío ya». 

        Además, el texto expresa el anhelo de alcanzar la esencia del pasado -la nostalgia desnuda de anécdota- y de transcender el fluir del tiempo y con ello la amenaza de la muerte. En el penúltimo verso la declaración «Los cipreses se alzan» hace presente la muerte pero simultáneamente, por el gesto del alzamiento, la transcendencia. En la obra de Atencia el estremecimiento del vuelo anuncia la anulación de la temporalidad. La palabra poética lograda detiene el fluir del tiempo confundiendo el pasado y el presente y transformando la memoria en texto. Para la poeta la poesía es también la llave de la epifanía de la belleza y de la plenitud de descubrir las esencias ocultas de la realidad. Contener el vuelo de la gentil oropéndola es una declaración metafórica de la poética atenciana: magnificar la belleza, parar el transcurrir de la vida, y traspasar los límites de este mundo. 



EL MUNDO REAL Y EL MUNDO POÉTICO 

        Antes de analizar un aspecto específico del discurso poético atenciano, el écfrasis, que se enlaza tanto con la visión «más allá donde las tablas vigentes de aquí no sirven» como con la manera original de expresar esa visión, es conveniente señalar otro aspecto general de su poesía. Aparte de la transcendencia es importante tener en cuenta lo que Pedro Salinas llama «mundo real y mundo poético» y Roberto Juarroz denomina «poesía y realidad». En el caso de nuestra autora se podría hablar con mayor precisión de la relación entre el mundo imaginario y el mundo cotidiano. 

        Hay en la obra atenciana algún reflejo de la depuración de la realidad que para Salinas ejemplifica Garcilaso y de la estetización que caracteriza a Góngora. Pero, en términos generales, la presencia del mundo real en la poesía de Atencia se asemeja más plenamente a la que Salinas propone como característica de las primeras décadas del siglo XX. Desde la perspectiva de los años 1930, el poeta de la generación del 27 observa como la realidad impone cada vez más su presencia en el texto poético: «He aquí por qué me parece que podemos afirmar que las relaciones entre mundo poético y mundo real son hoy más dramáticas que nunca lo fueron. La realidad maravillosa, múltiple, cargada de elementos poéticos se yergue e intenta colocarse, colocar su mundo real en ese espacio en que los poetas labraron siempre otro mundo, el mundo suyo, el poético»

        Con la ventaja del transcurso de unos sesenta años, las palabras siguientes de Juarroz refinan la formulación de Salinas: «La poesía es una mística de la realidad... El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino que participa de ella... El poeta es un cultivador de grietas. Fracturar la realidad aparente o esperar que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro». La poesía de María Victoria Atencia nos permite precisar aún más la relación poesía/realidad afirmando que la poeta es Receptora de la realidad, cuya presencia la punza invitándola a indagar su esencia en el poema.



Estos son los primeros párrafos del ensayo de Sharon Keefe Uglade,  de la Universidad Southwest de Texas, experta en la poesía de M. V. Atencia. El artículo completo está incluido en las Actas XIII Congreso AIH (Tomo II) y está publicado aquí, en la web del Instituto Cervantes.






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1.- María Victoria Atencia, El mundo de M. V., Madrid: ínsula, 1978, pág. 15. 
2.- María Victoria Atencia, «Poética», Nave de piedra, Málaga: Col. Tediria I. B. Sierra Bermeja, 1990, pág. 7. 
3.-  Ibid., pág. 8. 
4.- María Victoria Atencia, Paulina o el libro de las aguas, Madrid: Trieste, 1984, pág. 34.
5.- Pedro Salinas, Mundo real y mundo poético y dos entrevistas olvidadas. 1930-1933, Valencia: Pre-textos, 1996, pág. 34. 
6.- Ibid
7.- Roberto Juarroz, Poesía y realidad, Valencia: Pre-textos, 1992.
8.- Salinas, op. cit., pág. 72. 
9.- Juarroz, op. cit., págs. 21 y 24

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