lunes, 27 de enero de 2020

Mia COUTO

















Mia Couto es un autor especial. Posee una prosa marcadamente poética que reproduce con gran poder de evocación las creencias y leyendas de Mozambique. Él mismo se define como "un creador de historias"; a lo que cabría añadir que también es creador de palabras, ya que multitud de neologismos salpican sus páginas como un fulgor repentino ("argumentiras", "animaldades").


En sus cuentos y novelas siempre aparece la tensión entre tradición y modernidad, así como el reflejo de una época histórica convulsa en la que Mozambique se liberó del colonialismo para caer en una guerra civil que duró desde 1977 hasta 1992. 

Su literatura bebe de la tradición oral de Mozambique y está atravesada por un sentido de la fantasía que la emparenta con el realismo mágico. Su lenguaje es luminoso y sus imágenes evocan mundos fantásticos relacionados con los mitos y las leyendas. No en vano se emparenta a su obra con la de Gabriel García Márquez o Guimarães Rosa.

António Emílio Leite Couto, conocido como Mia Couto, (Beira, Mozambique, 5 de julio de 1955) es uno de los más conocidos escritores mozambiqueños actuales.
En 1972 se mudó a la capital Lurenço Marques (hoy Maputo) y comenzó a estudiar Medicina a la vez que se iniciaba en el periodismo. Durante ese periodo la guerrilla anti-colonialista y el movimiento FRELIMO estuvieron luchando para derrocar el gobierno colonial en Mozambique. Él mismo nos relata su papel en esos tiempos:

"Mi padre fue un exiliado portugués de la dictadura de Salazar en Portugal. Desde pequeño siempre nos enseñó a mis hermanos y a mí a identificar la segregación racial. Cuando crecí, yo ya sabía que en la universidad me iba a dedicar a la política. Con 17 años decidí unirme a una sección de militantes del FRELIMO y cuando llegué era el único joven, blanco y poeta. Cuando empezó la sesión, cada uno tenía que contar su vida, lo que se llamaba “La narración del sufrimiento”. Cuando escuché las narraciones de los demás hombres me di cuenta de que yo no tenia sufrimientos y me sentí muy mal. Entonces uno de los organizadores del partido se acercó a mí y me dijo: “Nosotros necesitamos poesía. La poesía ayuda a formar una nación”.
En abril de 1974, después de la Revolución de los Claveles en Lisboa y el derrocamiento del régimen del Estado Novo, Mozambique pasó a ser una república independiente. Couto participó directamente en la lucha por la independencia de su país. De hecho es uno de los autores del himno nacional de Mozambique. En 1974, FRELIMO le pidió a Couto que trabajara como periodista para Tribuna y después como director de la recién creada Agencia de Información de Mozambique (AIM). Más tarde, dirigió la revista Tempo hasta 1981.

Couto regresó a la Universidad y finalmente se graduó en Biología, especialidad de Ecología. Como biólogo, ha llevado a cabo investigaciones en varias áreas, pero sobretodo en las zonas costeras estudiando los usos tradicionales del aprovechamiento de los recursos naturales. Es director de la empresa Impacto, Lda. - Evaluaciones de impacto ambiental.
Obra de Malangatana Ngwenya, artista mozambiqueño



Su carrera literaria se inicia en 1983, con el libro de poemas Raiz de Orvalho, al que siguió, en 1986, su primer libro de cuentos, Vozes Anoitecidas. Ha publicado crónicas, relatos breves y varias novelas. En 1999 recibió el Premio Virgílio Ferreira, por el conjunto de su obra. En 2013 recibió el Premio Camões de Literatura. En 2015 estuvo entre los seis finalistas del Premio Internacional Man Booker por La Confesión de la Leona.

En Tierra sonámbula (Suma de letras, 2002), un niño y un anciano sobreviven entre los hierros quemados de un autobús, escondidos de la guerra que les rodea, de la muerte instalada en los pasajeros asesinados en el camino. Entre el equipaje encuentran unos cuadernos en los que se relatan historias de Mozambique, historias de tribus, de fantasmas, de santos, de ritos…
En Venenos de Dios, remedios del Diablo (Txalaparta, 2010) nos entrega una novela cautivadora sobre la búsqueda de un amor perdido, la pretensión de encontrar una razón para vivir y el modo en que la ilusión y la mentira pueden ayudar a controlar los fantasmas del pasado. El médico portugués Sidonio Rosa llega al pequeño pueblo africano de Villa Cacimba en busca de la mujer que lo abandonó sin dejar rastro. Antes de instalarse en su enfermería, verdadera residencia de malos espíritus, comprende que la respuesta la tiene una pareja de ancianos taimados y recelosos, que necesitan de su ayuda: ella hechicera, él un viejo lobo de mar ahora agonizante. Ambos viven no lejos del cementerio, al final de una calle que pocos se atreven a transitar. Entre bromas, mentiras, desafíos y engaños siniestros, el lector asistirá a un interrogatorio inusual entre médico y paciente, en el cual se insinúan secretos poderosos, historias de amor y pasión, y enemistades que duran más allá de la vida. Averiguar la verdad será una tarea verdaderamente difícil pues el lector advierte desde el principio que todos mienten en esta villa nebulosa, una pariente selvática de Comala, donde tras cada frase acecha una traición.

En La confesión de la leona (2012) el autor renueva la confrontación entre las tradiciones y el mundo moderno. La novela da a conocer el misterioso mundo de Kulumani, una aldea aislada en Mozambique cuyas creencias y tradiciones se ven amenazadas cuando unas leonas empiezan a cazar a las lugareñas. Mariamar, hermana de la víctima del último de esos ataques, ve cómo su vida se tambalea ante la llegada de Arcángel Baleiro, «el último cazador», contratado por los ancianos de la aldea para matar a las leonas. Encerrada en casa por su padre, Mariamar revive dolorosos recuerdos de abusos pasados y reza para que Arcángel la rescate. Mientras tanto los hombres de Kulumani se sienten cada vez más amenazados por la presencia del forastero y por las fuerzas de la modernidad que ponen en riesgo su cultura ancestral, llegando a sospechar que las leonas no son sino espíritus conjurados por la brujería de sus propias mujeres.

Trilogía de Mozambique (Alfaguara, 2018) es un épico relato histórico ambientado a finales del siglo XIX que narra la guerra del Mozambique colonial portugués contra el Emperador  Ngungunyane, soberano del Reino de Gaza. 
Inicialmente se editaron tres novelas independientes Mujeres de ceniza, La espada y la azagaya y El bebedor de horizontes; pero últimamente ha aparecido como un solo volumen.
En la narración el escritor mezcla voces europeas y africanas para demostrar que existen muchos pasados más allá del oficial y que no hay una división clara entre culpables y víctimas. Couto logra plasmar su idea de que la historia y su percepción, así como las identidades nacionales son un asunto ambiguo que tiende a cambiar con el tiempo llegando a contradecirse.
A través de la relación entre la joven negra Imani y el sargento republicano Germano de Melo, exiliado a Mozambique por apoyar un levantamiento contra el Rey de Portugal, Mia Couto construye una novela conmovedora. Imani apenas alcanza los 15 años de edad, pero en ella llegamos a percibir el dolor más profundo y la injusticia y violencia más extrema. Pertenece a la tribu vachopi (una tribu del litoral de Mozambique que se opuso a la invasión de los vanguni) y es mujer; de modo que reúne todas las características para que los demás se vean con el derecho de someterla, humillarla y exterminarla. Además ha sido educada por los portugueses, por lo que se expresa y se comporta como los blancos. Al estar entre los dos mundos, es doblemente odiada: los negros la repudian porque se parece a los blancos; los blancos la desprecian porque nunca dejará de ser una negra.

Entonces conoce al sargento portugués Germano de Melo, a quien los lectores descubriremos a través de las cartas que envía a su consejero José d’Almeida. De Melo no es un militar al uso, se cuestiona la legitimidad de la guerra en la que participa y valora las lecciones que aprende de los negros. Como Imani se encuentra entre dos mundos y tanto blancos como negros recelan de él. Quizá por eso se enamoran. Un amor que nace en medio de la guerra y cuyo enemigo insalvable será «el ejército invisible del prejuicio».

“Porque no nací para ser persona. Soy una raza, soy una tribu, soy un sexo, soy todo lo que me impide ser yo misma” - llega a decir Imani.

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