sábado, 13 de enero de 2018

La MANO de la BUENA FORTUNA - de Goran Petrović











Este es uno de esos escasos libros que nunca podrás concluir. Siempre estará germinado en ti. Un libro capaz de provocar una gozosa estupefacción.

Todo gira alrededor de un libro sin trama y sin personajes, abarrotado estrictamente por descripciones que se titula El Legado. Su autor es Anastas S. Branica y sus páginas describen pormenorizadamente una finca y una mansión. Un mundo único y autosuficiente que Anastas ha creado para vivir en él junto a su amada. 
Cada hierba, cada árbol, cada ventana, cada mueble, cada columna ha sido cincelado a través de las palabras hasta dotarlo de una extraña realidad: un lugar ficticio donde se pueden encontrar e interactuar los diversos lectores de sus páginas. Esa es la fascinación de El Legado, y también su misterio, puesto que no todos los lectores poseen esa capacidad de abstraerse.
"Con la señora Natalia Dimitrijevic iba arpendiendo que los personajes y tramas literarios no eran todo lo que se ofrecía a un lector verdadero, es decir, no eran lo más interesante. Si en algún lugar se indicaba alguna calle, de hecho, si apenas se mencionaba, Natalia Dimitrijevic sabía desviarse a alguna plaza de la que no había una palabra siquiera, de allí a otro callejón y luego podía entrar en un edficio y según sus ganas subir un desván ajeno. (...) Pero tampoco eso era lo más sorprendente para Jelena. Al lado de la anciana, ella se daba cuenta de la presencia de otros. Una multitud de distintas personas en ese mismo momento, pero en el otro extremo de Belgrado, en otra ciudad, incluso en la otra parte del mundo, leía el mismo libro. Y ese libro, y ese espacio, los unía a todos." pág 56
El meollo de esta novela podríamos definirlo como literatura cuántica, porque se desarrolla en ese punto del horizonte donde no se sabe si es cielo o tierra, realidad o ficción. El punto cuántico se encuentra justo en el centro del triángulo que componen autor - obra - lector. De ahí el título. La Mano de la Buena Fortuna es una tienda que siguen visitando las protagonistas de la novela pero que en realidad desapareció hace décadas. Sin embargo todavía hay personajes que pueden visitarla e incluso hacer alguna compra. El tiempo y el espacio se curvan y mezclan de un modo inaudito en esta novela; tal y como sabe muy bien la anciana guardiana del misterioso libro que ejerce de llave: "el tiempo de más allá es un tiempo concentrado. Puede suceder que nuestros cinco minutos, allí duren una hora completa..." (pág. 41)

Goran Petrović propone que cada libro puede constituirse como esa dimensión paralela donde los lectores se puedan encontrar. No metafóricamente, sino en una nueva realidad. ¿Como en un club de lectura? Creo que no. Me parece algo más radical.
Ahora estás pensando que tú sí serías unos de esos lucidos lectores capaces de transportarse al fondo de los libros y de las almas ¡Ah nuestra arrogancia de lectores! 
"Existen tres tipos de lectores según la clasificación del viejo quisquilloso de Goethe. El primero, que disfruta sin reflexionar. El tercero, que reflexiona sin disfrutar. Y el intermedio, que reflexiona disfrutando y disfruta reflexionando, la clase que, en  realidad, recrea un obra de arte; Roland Barthes, sin embargo, dice... Yuri Tinianov.. Hans Robert Jauss... Wolfgang Iser... Naumann... Teoría de la percepción de la obra literaria... La obra abierta... El horizonte de expectativas... la concretización del texto... El triángulo autor-obra-público.... La semiótica... La concatenación de los signos..." pág. 18
Dado que todo gira alrededor de un libro capaz de constituirse como una dimensión propia; sus capítulos son nombrados como Lectura Primera, Lectura Segunda, etc; como si se tratara de sucesivas visitas. Goran Petrović nos va relatando las vidas y lecturas de los distintos protagonistas que se van encontrando en ese espacio mítico de El Legado

El protagonista es un pobre corrector de pruebas que malvive escribiendo en revistas de viajes, Adam Lozanić. Ya sospechaba velados encuentros con otros lectores que leían simultáneamente su mismo libro, pero cuando le contratan para corregir El Legado todo se precipita. Conocerá a Jelena, una joven asistenta a través de la cual entrará en contacto con Natalia Dimitrijević, la anciana que le sumergirá ya sin remedio en El Legado y la vida de su autor. Natalia Dimitrijević entraba en la biblioteca "vestida de gala, como los demás se arreglarían para una fiesta, con guantes de hilo y sombrero de rigor, nada más que para soñar ociosa como si se encontrara bajo la misteriosa sombra de una parra frondosa." Esa misma mujer que un día le reconoció a su joven asistenta: "Desde aquí se ramifica el árbol de mi vida..."
Anastas conoció a Natalie Houville dentro de un libro sobre arquitectura helénica, Le Temple Grec. Aun viviendo en espacios muy distantes se encontraron allí, en una página del libro que leían simultáneamente: "La advirtió sentada en una piedra, con un bloc de dibujo sobre sus rodillas, mientras esbozaba los contornos del paisaje." Por su parte Adam Lozanić se encontrará dentro de El Legado con otro lector, Podimika, y con Zlatana, la ama de llaves y entrañable cocinera de Natalia Dimitrijević. 

A través de todos ellos el libro se convierte en una memoria del siglo XX en Serbia y también un canto al amor. La Mano de la Buena Fortuna es una catarata de emociones derivadas de la pura literatura. De ningún modo el artificio literario estorba la dulzura, a veces punzante, de la emoción. El juego de texto, subtexto y signos está al servicio de cómo se puede vivir la vida con mayor intensidad gracias a la literatura. Paradójicamente.


Quinta da Regaleira, una finca como la que Anastas S. Branica pudo haber compuesto sólo con palabras para compartir su amor.

El libro como lugar de encuentro. Éste parece ser el corolario de esta fascinante novela. Pero no sólo.

También encontramos una reflexión sobre el ritual de la lectura y su alcance, o sobre el libro como material memoria. También del libro como liberación y como aprendizaje. El libro es "un tiempo dentro del tiempo" se dice en otra página:

"Adam recordó que hacía dos o tres años escuchó una historia de un hombre que era de allí donde, al parecer, construían puentes y balsas en los tiempos de paz sólo para poder escapar de los tiempos de guerra." pág 82
Y sobretodo ese concepto mágico, "la lectura total". El capitulo inicial, "Entrada", comienza y finaliza del mismo modo y con las mismas palabras; como si el autor nos dijera que para ir muy lejos no hay que ir en línea recta sino transitar en el mismo espacio pero en otra dimensión. Como hace el niño Anastas S. Branica cuando una tarde invade la biblioteca paterna para leer un libro de aventuras y allí conoce por primera vez el mar. Ante los gritos de su padre vuelve a la realidad donde comprueba que está todo mojado y en el suelo hay un charco de agua salada....


Dos últimas citas de este libro mágico.
"Verba volant, scripta manent". Las palabras vuelan, lo escrito permanece. Es el encargo que le hace la anciana Natalia al corrector Adam Lozanić, para que lo incluya como inscripción en bajorrelieve en El Legado...

Por otro lado, en el momento en que los dos protagonistas, Adam y la anciana Natalia, comienzan la lectura de El Legado, uno está afectado por la fiebre y otra por el Alzheimer. En el fondo una alteración de la percepción, lo que me lleva a recordar el momento en que un compañero de estudios le dice a Adam, "acuérdate de Thomas Mann, la vida es una fiebre de la materia". p. 77
"Anastas se presentó ante el famoso comerciante de objetos raros Isaac Conforti e hizo una selección general de los muebles. Nada sorprendido, acostumbrado a que el cliente siempre tuviera la razón si tenía con qué pagar, y habituado a las ideas exageradas, tan habituales en los Balcanes para compensar la falta de otras cosas, incluso de épocas y siglos enteros, Isaac Conforti fue entregando, a lo largo de dos años de colaboración, páginas y páginas de descripciones con las que se amuebló cada rincón libre de la villa de Anastas Branica. Una vez a la semana llegaba a la casa en Gran Vračar, es decir, desde hace tiempo la casa en la ladera del cerro de Zvezdara, un ayudante o el anticuario en persona frotándose las palmas de las manos, y acto seguido desenvolvía decenas de rollitos de papel en los cuales evaluaban cada pieza particular, desde su primer brillo matutino hasta la sombra vespertina que dejaba al crepúsculo.
—Señor Anastas, usted es un hombre afortunado, hoy tengo una alfombra de Bujara, cada nudo fue atado a mano con la característica paciencia oriental, sin una sola omisión.
(...)
—Un secreter de madera de rosa y de limonero. A decir verdad, tal vez no lo entienda de buenas a primeras, porque se trata de todo un laberinto de divisiones secretas. Sin embargo, si cada uno de los sesenta y nueve cajones se abre en el orden correcto, el doble fondo del septuagésimo da acceso directo al espacio infinito." pág. 183




Goran Petrović (Kraljevo, Serbia central, 1961) estudió literatura serbia y yugoslava en la Facultad de Filología de Belgrado. Actualmente trabaja como bibliotecario en el Monasterio Žiča ahí mismo en Kraljevo. Ha publicado un libro de prosas breves, Consejos para una vida más fácil (1989), la colección de cuentos La isla y los cuentos circundantes (1996), la novela El cerco de la iglesia de San Salvador, Atlas descrito por el cielo (2003) y La mano de la buena fortuna (2005), novela galardonada con el premio NIN, uno de los mayores reconocimientos en Serbia.

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