domingo, 15 de mayo de 2016

Las CRÓNICAS del SOCHANTRE - de Álvaro Cunqueiro





Compruebo que llevo meses visitándolo con sumo agrado, de modo que añado a mi lista de blogs éste de fabulantes.com, cuyos temas y enfoques tanto comparto. Entre otras cosas por artículos como este que a continuación reproduzco, Las Crónicas del Sochantre: Un viaje maravilloso con muertos y fantasmas por Francisco Martínez Hidalgo


Al hablar de literatura fantástica del siglo XX en España, no se puede obviar la contribución, inmensa y excelsa, de las letras gallegas. Por los innumerables rastros sobrenaturales que allí dejaron culturas tan ricas como la celta o la árabe; por su relación antropológica con la muerte y los fantasmas recogida tanto oralmente como en cuentos o leyendas, o por las costumbres y hábitos sociales especialmente relacionados con la delgada línea separadora de la vida y la muerte, bien parece que en Galicia campan a sus anchas meigas y brujos, monstruos y fantasmas, gritos y espanto. De allí proceden figuras tan extraordinarias como la Santa Compaña, asociada con la muerte y los fantasmas, o el lobishome, otra forma de vida animal donde se reúnen en un mismo ser el hombre y el lobo.

Tal es el patrimonio cultural gallego de orígenes fantásticos que, durante su resurgir cultural y lingüístico, lógico era de esperar autores capaces de transformar todo este caudal en obras de relevancia. Los breves relatos o noticias de corte truculento, aparecidas anecdóticamente en periódicos o gacetillas de periodicidad irregular a finales del siglo XIX, dieron paso en la centuria siguiente a un resurgir más intenso durante el cual, en distintos períodos (marcados por la Guerra Civil y las décadas oscuras del franquismo), algunas de las mayores plumas de la literatura gallega produjeron textos inolvidables de corte fantástico. Aunque predominantemente en formato breve, con presencia abrumadora del relato respecto a la novelilla o la novela, se sumaron a publicar textos del género autores como Vicente Risco, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, Rafael Dieste, Ánxel Fole o el más que sobresaliente Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911 – Vigo, 1981).

Aunque Cunqueiro empezó siendo un poeta social y políticamente comprometido, la aparición en su vida del Proxecto Galaxia, o sea, de la posibilidad de participar en un proyecto de resurgimiento sociopolítico a partir de la cultura impulsado gracias a los autores reunidos alrededor de la Editorial Galaxia (fundada en 1950) -alternativo al partidista, en aquel entonces separado a su vez entre la resistencia clandestina en Galicia y la oposición desde el exilio-, lo introdujo en la narrativa por la puerta grande. A este período pertenecen novelas fantásticas magistrales como Merlín e familia (1955), As crónicas do sochantre (1956) y Si o vello Simbad volvese ás illas (1961). Las tres son merecedoras de un comentario aparte, pero hoy hemos querido dedicarle uno especial a la que es, de las tres, no sólo la mejor, sino la que más ha marcado a los lectores que se han acercado a sus páginas.

As crónicas do Sochantre (Galaxia, 1956, Las crónicas del Sochantre en castellano) tiene algo especial. Uno se da cuenta nada más observar su estructura narrativa. Al ser una obra elaborada con conciencia de recuperación y compromiso cultural, en sus páginas se imprime también un sentido de sincretismo bastante acusado.

La estructura se entiende casi como un trébede sobre el que tiene que crepitar una novela conformada con ingredientes pertenecientes a los distintos tipos de texto que la cultura gallega había generado y estaba generando entonces que, una vez adobada con la maravilla y la fantasía de aquellas tierras, darían como un resultado una historia representativa de la idiosincrasia de todo un país. Por eso, mientras leemos, reconocemos el estilo narrativo oral de quien cuenta una historia alrededor del fuego, vemos cómo las atmósferas tenebrosas -aunque inspiradas en la Bretaña francesa- guardan más de un paralelismo con el noroeste peninsular e, incluso, encontramos fragmentos de otros tipos: teatrales (“Romeo e Xulieta. Famosos namorados”, representada por la troupe de difuntos al ser confundidos con una compañía teatral); cuentos (“As historias”, permite conocer la vida y obra de cada uno de los difuntos); epístolas (en varios subtextos introducidos, muy coherentemente, dentro de la pieza teatral); biografías (“Apéndice I. Dramatis personae”, con la semblanza de cada personaje aparecido en la novela), e, incluso, textos registrales, como son las aventuras del sochantre de Pontivy (de nombre, Charles Anne Guenole Mathieu de Crozon) y, especialmente, la “Noticia de Ismael Florito” que cierra el libro.

Otro aspecto extraordinario de Las crónicas del Sochantre está en su tono narrativo y en el uso especialísimo del lenguaje. De hecho, ha sido esta característica la que más viene cautivando a la comunidad lectora. Al albergar esta novela tantos textos y subtextos, al dar cobijo a una variedad sociodialectal casi selvática -por su variado número y heterogeneidad-, el reto de no parecer una voz narradora sumida en la esquizofrenia es durante todo el libro una realidad. Sin embargo, la habilísima pluma de Álvaro Cunqueiro, que construye una voz testimonial indirecta pero al mismo tiempo cómplice de la historia y sus personajes, nos regala unas dulcísimas transiciones, haciendo gala de un humorismo risueño e inocente capaz de naturalizar lo increíble y normalizar lo fantástico. Sólo así nos podría dejar de sorprender que, siendo tan extraordinaria la situación y tan extravagantes los personajes, se mantenga en todo momento el tono testimonial del libro.

El hilo narrativo que une todo es la historia de cómo el sochantre de Pontivy, antiguo hidalgo que por problemas físicos tuvo que renunciar al ejército para acabar en el coro eclesial tocando el bombardino, emprende un viaje en carroza cuando lo contratan para tocar en el entierro de un destacado hidalgo de Quelven. Durante la travesía conocerá a sus compañeros de viaje y descubrirá de todos ellos, además de sus historias personales, otra característica extraordinaria: todos están muertos y durante unas horas, por la noche, su cuerpo abandona la forma humana para tomar la de un esqueleto o, en su defecto, la de una débil aunque brillante luz azul. Todo esto y algo más acontece, además, entre 1793 y 1797, período de la Revolución Francesa, situándonos pues en plena lucha política entre monárquicos y republicanos, contexto que, además, dará pie también a alguna que otra peripecia.

Aunque liviana en apariencia, esta trama oculta dentro de sí más complejidad de la imaginable. En Galicia, como en otras partes de la península, la omnipresente censura obligaba a buscar soluciones imaginativas para la crítica social. ¿Y qué puede haber mejor que escoger un esquema fantástico, un tiempo lejano y un país distinto, con personajes extravagantes además, para esconder todos esos mensajes críticos con el poder establecido y la clase dominante? Que (casi) todos los personajes de la carroza sean hidalgos menores venidos a menos no es casualidad. Que sus historias estén todas teñidas de actos deplorables de envidia, lujuria, vanidad, pereza o soberbia (entre otros) no es casualidad. Que el espacio sea la Bretaña francesa, físicamente similar a Galicia, no es casualidad. Como tampoco parece casualidad el tiempo revolucionario y el tratamiento específico que aquí se da a la dicotomía política entre monárquicos y republicanos. Más mensajes ocultos quedan por desentrañar, pero dejamos que sea el lector quien goce con el desvelo del misterio.

Tema aparte es la liviandad y la ligereza de las historias. Cada personaje está marcado por un drama que ha sellado su destino, condenándolo a vagar durante varios años en forma de esqueleto noctámbulo, hasta que de una forma u otra expíe sus pecados. A pesar de su gravedad de fondo, el tono narrativo tiene la virtud de aligerar el peso de los acontecimientos de forma que, sin tomárnoslo a choteo, se pueda seguir manteniendo el tono tragicómico-burlesco. De esta forma, envenenamientos accidentales por celos (Madame Saint-Vaast) o por vanidad (el médico Sabat), actos deplorables de violación a menores (Coulaincourt de Bayeux), intentos de estafa mayor (el escribano de Dorne) o menor (Monsieur de Nancy), así como el pícaro criado de un verdadero demonio (Guy Parbleu), parecen poca cosa presentados a la luz de su destino. Máxime, cuando se presume que los intentos de casi todos ellos acabaron finalmente en fracaso.

La inteligencia y aparente sencillez con que Las crónicas del Sochantre se aparece ante nuestros ojos supone su mayor mérito. De esta forma, podemos hablar de un texto poliédrico donde, dependiendo de los ojos del lector, se pueden disfrutar de varias lecturas, pudiendo ser o bien una liviana novela fantástica o bien una potente crítica social o bien ambas cosas de vez. El que ambas novelas encajen de forma tan perfecta, además de mantener el tono y la coherencia, o la fuerza de la voz narradora, o la riqueza textual interior, suponen síntomas de habilidad literaria sólo a la altura de las más exigentes plumas. No en vano, Álvaro Cunqueiro ha sido de los pocos autores gallegos de su generación que, a pesar del paso del tiempo, se mantiene en la memoria colectiva de los lectores. Si bien ahora se destacan más otras facetas suyas como la poética o la periodística (en su tiempo, fue un afamado periodista gastronómico), no conviene olvidar su destaque como uno de los mejores escritores fantásticos de su tiempo tanto de la literatura gallega como peninsular. Por eso esta novela es ya un clásico.

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