lunes, 18 de junio de 2012

Límites

AdolFotografías


          De estas calles que ahondan el poniente,
          una habrá (no sé cuál) que he recorrido
          ya por última vez, indiferente
          y sin adivinarlo, sometido

          a Quien prefija omnipotentes normas
          y una secreta y rígida medida
          a las sombras, los sueños y las formas
          que destejen y tejen esta vida.

          Si para todo hay término y hay tasa
          y última vez y nunca más y olvido
          ¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
          sin saberlo, nos hemos despedido?

          Tras el cristal ya gris la noche cesa
          y del alto de libros que una trunca
          sombra dilata por la vaga mesa,
          alguno habrá que no leeremos nunca.

          Hay en el Sur más de un portón gastado
          con sus jarrones de mampostería
          y tunas, que a mi paso está vedado
          como si fuera una litografía.

          Para siempre cerraste alguna puerta
          y hay un espejo que te aguarda en vano;
          la encrucijada te parece abierta
          y la vigila, cuadrifonte, Jano.

          Hay, entre todas tus memorias,
          una que se ha perdido irreparablemente;
          no te verán bajar a aquella fuente
          ni el blanco sol ni la amarilla luna.
         
          No volverá tu voz a lo que el persa
          dijo en su lengua de aves y de rosas,
          cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
          quieras decir inolvidables cosas.

          ¿Y el incesante Ródano y el lago,
          todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
          Tan perdido estará como Cartago
          que con fuego y con sal borró el latino.

          Creo en el alba oír un atareado
          rumor de multitudes que se alejan;
          son lo que me ha querido y olvidado;
          espacio y tiempo y Borges ya me dejan.


                                                  Jorge Luis Borges     El Otro, el Mismo


Borges no escondió su fuente, este otro poema de mismo título que publicó en el capítulo Museo de su libro El Hacedor


                   Límites

           Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar,
           hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
           hay un espejo que me ha visto por última vez,
           hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
           Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
           hay alguno que ya nunca abriré.
           Este verano cumpliré cincuenta años.;
           la muerte me desgasta, incesante.



                                  Julio Platero Haedo    De Inscripciones (Montevideo, 1923)

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