sábado, 14 de enero de 2012

Drive

de  Nicolas Winding Refn


Silencioso, circunspecto. De su pasado nada sabemos. Igual trabaja de conductor (Driver) en un atraco, que de especialista en películas o en un taller de coches. Pero ese fatum trágico  que se muestra inapelable con los héroes del cine negro le acecha. 


Algo tan inocente como entablar conversación con su vecina es la chispa que inicia una  serie de acontecimientos que desembocan en el crimen. "Te doy cinco minutos. Durante cinco minutos soy tuyo, después desaparezco" Esta máxima que aplica a los atracos para no implicarse, se le escapa cuando muere el marido de su vecina. Entonces se implica y lleva la venganza hasta el final.  Aunque no sabemos si busca redención o epifanía. Pero está claro que acata su destino.

La historia quizás sea una más, típica y tópica, pero el personaje y sobretodo el tono de la película dibujan una película de cine negro con mayúsculas.
Es la voluntad de estilo del director danés lo que hace de la película algo impactante. Todos los minutos en que la cámara está fija y el rostro de Driver permanece imperturbable son los que producen un contraste tan agudo con la violencia que explota a continuación. Driver es un hombre tranquilo, pero cuando se trata de devolver el golpe se muestra implacable.

La red que siempre acaba atrapando al protagonista se teje con muchos nudos. Uno de ellos es su relación con el propietario del taller donde trabaja (interpretado por Bryan Cranston, "Breaking Bad"). Gafe toda su vida y en tratos siempre precarios con la mafia local. Otro nudo es el marido de la vecina que no logra enderezar su vida después de la cárcel.

Una narración tersa, con una puesta en escena de una parquedad absoluta dejando que la fuerza del relato se imponga por sí mismo. Y eso que la película adelgaza enormemente la fantástica novela de James Sallis en la cual sí conocemos el pasado y las motivaciones de Driver.
El hipnotismo de sus silencios y las esperas con planos fijos seguidas de bruscos estallidos de violencia consiguen que permanezcamos atenazados a la butaca en espera de los saltos de este escorpión. Un símbolo que aparece bordado en la espalda de su inseparable cazadora. Incluso en una conversación, Driver habla de la historia del escorpión y la rana. Pues eso, que está en su naturaleza.


Ryan Gosling hace un papelón y Carey Mulligan aparece maravillosa y frágil defendida por este auriga. Se completa la función con una pareja de mafiosos de la altura de Ron Perlman y Albert Brook.



Los créditos en fucsia recuerdan algunos títulos de los 80. En concreto a mí, los de 8 millones de maneras de morir, policíaco resultón dirigido por Hal Ashby que no hace justicia a la estupenda novela de Lawrence Block en la que se inspira.

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